POV Alex
—¿Por qué lo hiciste? ¿Qué te crees? —le recriminé en voz baja cuando la
odiosa de Rita Skeeter se fue muy contenta con la nota que había conseguido.
El idiota de Malfoy sonrió descaradamente.
—Por favor mini Granger no me vas a decir que no lo disfrutaste,
deberías estar honrada de que alguien como yo, un Malfoy, te haya besado —me
dijo sínicamente sin borrar esa estúpida sonrisa de su cara—. Además de que es
el mejor beso que te han dado en tu vida.
Desgraciado, ¿Cómo podía ser tan increíblemente desgraciado? ¿Cómo puede
pensar que disfrute de su beso? Y eso de que es el mejor beso que me han dado,
es mentira. Ese solo fue un beso fingido, sin ni una sola demostración de amor.
Y no es que yo sea una experta en besos, porque en realidad no es así, yo solo
he besado una vez en mi vida, o mejor dicho solo me han besado una vez en la
vida. Y fue antes de que me vaya con Hermione en busca de los Horrocruxes con
Harry y Ron.
Mi primer beso fue cuando yo tenía catorce años, y me lo dio Matt Smith,
él me gustaba —pero yo siempre he estado y estaré enamorada de mi pelirrojo de
ojos azules— era un año mayor que yo y pertenecía al equipo de fútbol
americano. Un día se me acercó y me dijo que le gustaba, que le guste desde el
primer día que me vio, y luego de eso me besó, fue un beso dulce, tierno y
aunque no era exactamente amor lo que Matt sentía por mí, en ese beso sentí
algo especial, algo bonito, en cambio en el beso que me acaba de dar Malfoy,
sentí todo lo contrario, me siento usada.
—¡No vuelvas a hacerlo! —le dije entre dientes—, tú no eres nadie para…
—Error, mi querida mini Granger —puso su mano pálida sobre la mía, yo
quise retirar mi mano, pero él me cogió de la muñeca con mucha fuerza—, por si
lo has olvidado, yo soy tu prometido, y es muy normal que las parejas de
enamorados se besen.
Sí, Malfoy a dicho muy bien las parejas de enamorados se besan, pero
nosotros no estamos enamorados, todo esto es una farsa.
—Suéltame, me estás lastimando —le susurré.
Él me soltó y yo masajeé mi muñeca lastimada.
—Eres un salvaje.
—Las muggles son tan delicadas y puedo afirmar que hasta son muy
enfermizas —dijo.
—Las muggles no somos tan delicadas, ni mucho menos enfermizas, lo que
pasa es que tú te comportas como un troglodita y no tienes delicadeza para
tratar a las chicas.
Él volvió a sonreír.
—Aquí está lo que pidió, señor Malfoy —dijo el chico con los dos copas
de helado en una bandeja que flotaba delante de él, lentamente las copas se
posaron sobre la mesa.
Los helados de la Heladería de Florean Fortescue eran realmente
deliciosos —lo sabía porque ya los había probado anteriormente— pero en este
momento seguramente el helado me sabría agrio o amargo.
—Sabes que, ya se me quitaron las ganas de estar aquí —me paré de la
silla y empecé a caminar hacia la salida.
—¿Hice algo mal, señor? ¿Es que demore mucho? —preguntó muy preocupado
el joven mago. Me sentí mal por él, el pobre no tenía la culpa de nada, él solo
cumple con su trabajo.
—No, no te preocupes —que raro, Malfoy está siendo amable con el mago
que nos atendió—, así son las mujeres y más aún si son adolescentes, ya sabes
entran en histeria con facilidad.
Yo salí de la heladería, pero antes pude escuchar la risa de Malfoy.
—¿Estás enojada? —me preguntó Malfoy cuando se puso a mi lado.
Yo le dedique una mirada envenenada y seguí caminando. En realidad no
sabía porque seguía caminando cuando yo perfectamente sabía que no podía
regresar a casa por mi propia cuenta, tenía que esperar a que ese rubio de
farmacia lo hiciera.
Malfoy volvió a colocarse a mi lado y volvió a entre lazar su mano con
la mía, yo trate de zafarme, pero no pude.
—Suéltame —le dije.
—No, y te dije antes de venir aquí que te comportaras como se debe, ¿y
qué es lo que haces? —dijo entre dientes de manera fría.
—Pues yo recuerdo que me dijiste: “nada de tus estúpidos comentarios si
se nos acerca algún reportero”, y eso fue lo que hice cuando esa mujer rubia se
nos acercó yo solo me limite a contestar.
Malfoy me jalo a un lugar donde no pasaban mucho los magos.
—Mira mocosa, no trates de jugar conmigo, no trates de jugar con un
Malfoy, o te puede ir mal —me amenazó con voz siseante.
Debo de reconocer que me dio un poco de miedo el tono de voz, pero yo no
demostré mi temor, además no me haría nada estando muy cerca de los demás
magos.
—Llévame a casa —casi le supliqué.
Y me molesto mucho que mi voz saliera de forma de súplica.
—Te llevaré a otra parte —dijo.
—¿Adónde? —le pregunté temerosa.
—A Malfoy Manor.
Lo miré con los ojos muy abiertos. ¿Qué fue lo que dijo? ¿Qué me
llevaría a su mansión? No, no, está loco, para que quiere llevarme allí.
—No —susurré—, yo no volveré a poner un pie en tu mansión. Me niego —no
quería volver a esa mansión, me daba miedo, de solo pensar en volver a estar de
nuevo ahí, me haría recordar la guerra y cuando la tía loca de Malfoy torturo a
mi hermana, y yo no pude hacer nada para ayudarla.
Malfoy me quedo mirando fijamente. Parecía confuso.
—Tú nunca has estado en mi mansión —afirmó.
—Sí estuve en tu mansión —le confirmé.
—Por favor como una muggle como tú —me miró de pies a cabeza—, habría
estado en mi mansión.
No espero a que le contestara y de repente ya no estaba en el Callejón
Diagon, ahora me encontraba dentro la Mansión Malfoy.
Inconscientemente me aferré al brazo de Malfoy y cerré los ojos, no
quería ver nada a mí alrededor, estar en esta mansión me hacía regresar a dos
años atrás cuando los carroñeros atraparon a Harry, Ron, a mi hermana y a mí
—aunque los carroñeros no supieran que yo estaba cogida de la mano de Hermione,
yo trate de no rosarme con el carroñero para que no se dé cuenta de mi
presencia, puesto que yo estaba bajo la capa de invisibilidad—, puedo sentir
que los recuerdos penetran con mucho dolor en mi cabeza como un cuchillo muy filoso
cortándome las venas.
Temo que si abro los ojos voy a ver y vivir otra vez esa pesadilla.
Flashback
Luego de que los carroñeros nos atraparan y luego apareciéramos en la
Mansión Malfoy, yo solté la mano de mi hermana y me puse a un costado, donde no
chocaba con nadie.
—¿Qué sucede? —preguntó un rubio como 37 años a lo mucho, que venía
junto con una elegante rubia.
—Señor encontramos a Potter y a sus amigos —dijo Fenrir el hombre lobo,
que tenía agarrado a mi hermana y a Ron.
—¿Qué? —dijo el rubio mirándolo detenidamente a Harry—, ¿Qué le paso en
la cara?
—No lo sabemos, quizás le pico un insecto —contestó un hombre de pelo
marrón con mechones rojizos, creo que le escuche decir a Fenrir llamarlo
Scabior.
—Hay que avisarle al Lord —dijo el rubio sin dejar de mirar a Harry.
—Tenemos que estar seguros si es Potter, Lucius —dijo la rubia—, porque
si lo llamamos y resulta que no es Potter, pagaremos las consecuencias.
—¿Qué pasa, Cissy? —preguntó una mujer de cabello negro y rizado con
cara de loca, apareciendo en el salón.
—Creen que “ese” es Potter —le contestó la rubia—. Pero no estamos
seguros.
La mujer con cada de loca miró a Harry atentamente y empezó a sonreír,
luego dirigió su mirada a mi hermana y a Ron, y de un momento a otro dirigió su
perversa mirada al lugar donde yo me encontraba parada —tenía miedo, tenía
mucho miedo a que me descubra, así que deje de respirar, porque creía que hasta
podía escuchar mi respiración—, ella siguió mirando al lugar donde me
encontraba y por un momento creí que su mirada podía traspasar a la capa de
invisibilidad de Harry. Pero luego volvió a dirigir su mirada a Harry.
—¿Qué le paso en la cara? —preguntó la mujer loca.
—Creen que le pudo picar un insecto —contestó el rubio, creo que escuche
llamarlo Lucius.
—O tal vez le lanzaron un embrujo punzante —dijo la pelinegra—. Seguro
fuiste tú —señaló a mi hermana—, la que le lanzo el embrujo, ¿verdad sangre
sucia? —gritó.
Mi hermana no contestó.
—Pero la única forma de saber que es Potter, es que Draco lo
identifique, él lo conoce, estudio con él, así que podrá reconocerlo, si es
Potter —dijo la pelinegra.
—Draco —llamó el tal Lucius.
Un chico como de unos 17 años, piel pálida, con el cabello rubio
platinado y de ojos grises —era una copia del tal Lucius, seguramente sería su
hijo— estaba ahí y camino hacia su padre. Ni siquiera me había dado cuenta de
su presencia.
—Padre —le dijo. Su voz era fría igual que la expresión en su bello
rostro.
—¿Es Potter? —le preguntó su padre.
Ese chico, Draco, miró fijamente a Harry. Y de pronto, solo por unos
segundos, la expresión de frialdad de su rostro cambio, parecía que había
reconocido a Harry, aun con ese rostro hinchado, y repentinamente parecía
nervioso, pero luego volvió a poner su rostro de frialdad, como si fuera una
máscara para protegerse.
El rubio mayor al ver que su hijo no decía nada lo presiono a que dijera
algo.
—¿Y bien Draco? —le preguntó su padre ansioso—, ¿Lo es?
¿Es Harry Potter? Responde —lo urgió.
—No sé… no estoy seguro… creo que no —respondió el rubio a su padre.
Yo que podía verlo perfectamente, me di cuenta de que mentía, pude ver
por unos instantes en sus ojos que se debatía entre delatarlo o no.
—¿Cómo que no estás seguro? Tienes que saber si es o no Potter —gritó la
mujer con cara de demente.
—¡Pues fíjate bien! —le gritó su padre con desesperación—. Escucha
Draco, si es Potter, y se lo entregamos al Señor Tenebroso, nos perdonara todo…
El chico se volvió a fijar en Harry y volvió a contestar lo mismo.
—No sé —su padre parecía que iba a reventar de cólera y su hijo volvió a
mirar a Harry—. No, no es Potter —dijo de manera segura.
La mujer pelinegra empezó a caminar por el salón como una verdadera
demente, hasta que paro y dirigió su mirada al tal Fenrir.
—¿Qué es eso? —señaló la espada que nos habían quitado.
—Una espada, señora —le contestó el hombre lobo—, ellos la tenían en su
poder.
—Llévate a Weasley y al deforme a los calabozos —gritó la pelinegra—,
pero deja a la sangre sucia.
Observe como se llevaban a Harry —con la cara completamente hinchada— y
a Ron para encerrarlos en los calabozos.
—¿Cómo conseguiste esa espada, maldita sangre sucia? ¿Acaso entraste a
mi bóveda? —gritó la pelinegra, sacando un cuchillo para amenazar a mi hermana.
—Nunca he estado en tú bóveda, y esa espada es solo una copia.
—No es cierto, si has estado en mi bóveda. Maldita mentirosa. ¡CRUCIO!
—le lanzó ese terrible hechizo a mi hermana y luego otro y otro.
—Dime cómo pudiste entrar a mi bóveda —insistió.
—Nunca he entrado a su bóveda —contestó mi hermana, débil por los
hechizos recibidos.
—¡Mientes, maldita Sangre Sucia! ¡Y sé que has estado en la bóveda de mi
cuenta en Gringotts! ¡Dime la verdad! ¡Dime la verdad! ¿Qué más hurtaron? ¡¿Qué
más se robaron?! ¡Dime la verdad o juro que clavaré el cuchillo en tu cara!
¿Qué más se robaron? ¿Qué más? ¡RESPÓNDEME! ¡CRUCIO!
Y luego la loca esa se puso sobre mi hermana y le tatuó en el brazo
“Sangre Sucia” con su cuchillo. Y lo peor de todo es que yo no pude hacer nada
para defenderla, que podría hacer una muggle de 14 años contra una bruja desquiciada,
si ni siquiera Malfoy podía con su tía, él estaba parado también viendo como
torturaban a mi hermana, pero podía distinguir el terror en su mirada, aunque
la quisiera esconder tras esa mirada de frialdad.
Fin de Flashback
Sacudí mi cabeza tratando de sacar esos recuerdos.
Sentí la mirada de Malfoy en mí, yo me forcé a abrir los ojos y me aleje
de él lo más que pude.
—¿Qué te pasa? —me preguntó.
—Nada —le respondí evadiendo su mirada.
—Estás pálida, demasiado pálida —me tomo del brazo y me giró para que lo
mirada.
—¿Para qué me trajiste aquí? —trate de cambiarle la conversación.
Él ya no insistió en mi palidez, solo me dirigió una mirada seria.
—Ahora vuelvo —fue lo único que me dijo, para luego salir de la gran
sala.
No veía el momento porque Malfoy regresara, en verdad nunca había rogado
tanto al cielo porque Malfoy aparezca frente a mí. Cuanto tiempo había pasado
desde que se había ido dejándome sola, segundos, minutos, tal vez horas, si
seguro que ya pasaron como mil horas —soy una exagerada, pero es que no me
gusta este lugar— Malfoy por favor aparece ¡Ya!, rogaba mentalmente.
—Mini Granger —volteé lentamente al escuchar su voz y lo vi parado junto
a mí.
Él tenía una cajita pequeña en su mano derecha. ¿Qué seria?
—Puedes llevarme a casa —parecía que no tenía ninguna intención de
hacerlo—, por favor —le rogué.
—No te impacientes —me dijo—. Antes debes tener esto.
Ahora que veía bien la cajita, esta tenía pequeñas esmeraldas que cubría
toda la cajita. Malfoy abrió la cajita y puede ver un anillo que tenía la forma
de una serpiente de plata, esta serpiente sacaba un poco su lengua viperina,
sus ojos eran pequeños diamantes y piedras verdes y algunas negras cubrían el
cuerpo de la serpiente.
—Para que quieres que tenga eso —señalé el anillo con mi dedo índice.
—Es el anillo de compromiso que los Malfoy le dan a sus futuras esposas,
y ahora tú lo llevaras en tu dedo de ahora en adelante.
Lo miré impresionada. Acaso pensaba darme de verdad una reliquia que
solo llevaban las futuras esposas de los Malfoy. ¿Qué le pasa? Esto es solo una
farsa.
—No es necesario que me des eso —le dije.
—Si es necesario, para que todos crean que nuestro compromiso es de
verdad, entonces debes llevar este anillo de compromiso, es lo que le pertenece
a la que va ser una futura señora Malfoy —yo seguía impresionada—, claro que
este anillo lo debería de llevar una sangre pura, no una muggle como tú.
Estúpido, pensé.
—Se perfectamente bien lo que soy, no tienes que recordármelo siempre
—le dije.
Me miró de pies a cabeza.
—Bien, no me importa si sabes bien lo que eres o no. Pero debes de
llevar este anillo en tu dedo.
—Bien, pero creo que ese anillo no me quedara, es muy grand…
Malfoy no espero a que yo terminara de hablar, cogió mi mano izquierda y
me coloco el anillo en mi dedo anular, que se ajustó a mi dedo apenas lo
deslizo por él.
—Claro, tenía que ser —susurré al darme cuenta que el anillo se adaptaba
para cualquier gruesor de dedo.
La magia era infaltable.
—Con esto será más creíble nuestro compromiso —dijo Malfoy.
—Sí. Pero solo lo llevare puesto cuando salgamos, mientras me lo quitare
—trate de quitarme el anillo, pero no podía, parecía que estaba pegado a mi
piel. Volví a intentar quitarme el anillo, pero dio como resultado lo mismo.
¿Qué era lo que pasaba porque no me podía quitar el anillo?
Escuche la risa de Malfoy. Yo levanté el rostro y me encontré con la
mirada burlona de ese rubio gruñón.
—¿Por qué no me puedo quitar el anillo? —le pregunté sintiéndome
verdaderamente estúpida.
—Ay, mini Granger —sonrió—, ese anillo solo saldrá de tu dedo cuando
firmemos el divorcio.
—¡¿QUÉ?! —grité.
No podía ser cierto. ¿Por qué me pasan estas cosas a mí?
—Tiene un hechizo, así que no intentes quitártelo, será inútil. Aunque
la única forma de que te lo quites será… cortándote el dedo —rió de su estúpida
broma.
—¿Sabes qué? —me miró—. No importa, lo único que quiero es que me lleves
a casa —dije mirando a mi alrededor—. Tu mansión no me agrada.
Ya no soportaba estar un segundo más ahí.
Malfoy me miró directamente a los ojos, yo baje la mirada, no podía soportar
ver sus penetrantes ojos grises. Él seguía mirándome y luego sentí que me tomo
del brazo, yo cerré los ojos y cuando los abrí, ya estaba en mi casa. Otra vez
cumplió con mi petición y no me dejo caer sentada.
Caminé hasta el sofá y me senté, me sentía muy mareada con eso de la
aparición.
—¿Cuándo estuviste en mi mansión? —escuché la voz de Malfoy hablarme.
—¿Qué? —levante la mirada.
—Dijiste que no volverías a poner un pie en tu mansión. Pero yo no
recuerdo que nunca hayas estado ahí. Aunque al ver el pavor y la palidez en tu
rostro, estoy empezando a creerte.
—Pues no es cierto lo que te dije —le mentí.
—No sabes mentir mini Granger, ahora ya estoy seguro de que estuviste en
Malfoy Manor. ¿Pero cuando? —yo seguía callada—, vamos respóndeme —me urgió.
Ya no tenía caso mentirle, así que le dije la verdad.
—Estuve ahí cuando los carroñeros nos atraparon en medio del bosque a
Harry, a Ron, a mi hermana y a mí, y luego nos llevaron a tu mansión.
—Tú no estabas ahí —dijo serio.
—Sí estaba ahí, solo que nadie se dio cuenta porque yo estaba bajo la
capa de invisibilidad de Harry. Pero si estuve, fui testigo cuando tu padre te
pregunto si reconocías a Harry y tú dijiste que no era él, aunque yo sabía
perfectamente que descubriste que si era Harry, pero por alguna extraña razón
le ocultaste esa verdad a tu padre y no delataste a Harry, luego de eso vi que
tu tía ordeno a los carroñeros encerrar a Harry y a Ron en los calabozos, pero
esa no fue la peor parte que tuve que presenciar, la peor parte fue cuando tu tía
empezó a torturar a mi hermana, cuando le tatuó en el brazo “Sangre Sucia”, y
yo no pude hacer nada para defenderla, que podía hacer yo, una chica de 14 años
contra una bruja —no me di cuenta de cuando empecé a llorar, solo me percate de
eso cuando una lágrima cayo en mi vestido, limpie mis lágrimas con el torso de
mi mano—. Es por eso que no quería volver a tu mansión.
—Pues te tendrás que acostumbrar, porque por un año ese va hacer tu
hogar —habló de manera seria.
Lo miré atónita.
—¿Por qué? —pregunté.
—Porque todos los que lleven el apellido Malfoy vivimos en Malfoy Manor,
y tú muy pronto serás una Malfoy —me miró un poco burlón—, no me digas que
pensabas que viviéramos acá, en el mundo muggle.
—Pues yo creí que sí —le confesé.
Rió.
—¿Yo? ¿Vivir en el mundo muggle? Que ilusa.
—Pues puede y te agrade, y hasta podrías aprender cosas sobre el mundo
muggle, y…
—NUNCA —dijo de forma rotunda.
—Pues yo no pienso vivir en tu mansión.
—Peor para ti —dijo y al instante desapareció.
Inhalé y exhalé.
Malfoy siempre actuaba de manera rara, o es que los magos son raros,
pero mi hermana no es así, solo un poco mandona y sobre protectora.
¡Oh, my God! ¿Qué le voy a decir cuando me pregunte por el anillo? Y
sobre todo que le voy a contestar cuando salga la foto de Malfoy y yo
besándonos en “Corazón de Bruja”.
Ay, no, no quiero ni pensar el sermón que me va a dar. Y este maldito
anillo que no se despega de mi dedo. Y luego también Drake y Ben me preguntaran
por el anillo de serpiente. ¿Qué les diré a ellos? ¿La verdad? ¿Cómo se lo
tomaran? ¿Me comprenderán? Seguro que sí, ¿no?, por algo son mis mejores
amigos.

me encanto, siguela por favor
ResponderEliminarPOBRE ALEX... AMO ♥ TU NOVELA
ResponderEliminarsiguela
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