POV Autora
Una noche antes de
la boda en Malfoy Manor…
Ya terminando de cenar los Malfoy,
se apreció Astoria Greengrass, vestida provocativamente, llevaba puesto un
vestido demasiado entallado de un color verde que combinaba con sus ojos.
—Buenas noches —saludó con una sonrisa sensual en los
labios.
—Astoria —dijo el rubio mayor, con esa manera de hablar tan
imponente.
—Astoria, querida —saludó Narcisa.
—¿Qué haces aquí Astoria? —fue lo que dijo Draco, puesto
que ya se imaginaba a que había venido la castaña.
—Vine a saludarlos, ¿acaso eso tiene algo de malo? —dijo
de forma inocente.
Draco sonrió sarcásticamente.
No le creía absolutamente nada.
—Así, que solo has venido a saludar
—dijo Draco sarcástico.
Astoria asintió.
—Bueno, pues nosotros nos retiramos.
Buenas noches —dijo Lucius Malfoy saliendo del comedor.
—Te quedas en tu casa, querida —dijo
Narcisa antes de salir detrás de su esposo.
Astoria volvió a asentir, con una
sonrisa falsa.
Ya estando solos el rubio y Astoria,
este le reclamó.
—No te creo nada, eso de que solo
has venido a saludar. Así que te advierto de que has hecho esta visita en vano
porque no pienso cambiar mis planes.
—Pero Draco, por favor recapacita
—soltó Astoria.
El rubio hizo una mueca de disgusto.
—Es necesario que lo haga, casándome
con mini Granger obtendré la protección que el Ministerio de Magia se negó a
darnos.
—Mira, te propongo una cosa, manda
al demonio a esa muggle, y mañana cásate conmigo, nosotros veremos cómo hacer
parar esas amenazas —dijo estúpidamente Astoria. En verdad se veía muy
desesperada—. Además, esa niña no te podrá dar lo que yo te ofrezco ni te hará
sentir lo que yo te hago sentir en la cama —Astoria trato de abrazarlo, pero el
rubio la cogió de las muñecas separándola de él lo más posible.
—¡Basta, Astoria! —gruñó el rubio—,
pareces una mujer vulgar hablando de esa manera, nada que ver con la gran dama
de sociedad que aparentas. Además, cuantas veces te lo tengo que repetir, que
me caso porque es necesario, no porque mi gusto —la mirada del rubio a
cualquiera le causaría terror, y Astoria sintió un escalofrío al ver esa
mirada, pero fingió que no le importaba.
—Draco —susurró Astoria—, no te das
cuenta de que estarías cometiendo un gran error al querer casarte con esa.
El rubio negó con la cabeza.
—Será mejor que te marches, Astoria.
Yo ahora estoy muy ocupado y no puedo atenderte —el rubio habló educadamente,
pero sin quitar esa mirada escalofriante.
—Pues no me iré —dijo tercamente
Greengrass.
—Pues entonces quédate, pero como te
dije, yo tengo muchas cosas que hacer.
Draco empezó a caminar hacia el
segundo piso, donde se encontraba sus habitaciones. Astoria se quedó un rato
parada, no creía que el rubio la había dejado ahí, no importándole lo que ella
le proponía. Pasados unos segundos, la ex Slytherin decidió ir tras Draco.
Ya cerca de la habitación del rubio,
Astoria tomo lo tomo del brazo haciendo que se detuviera.
—¿Qué quieres? Creí que ya te habías
ido —dijo el rubio.
—No te desaceras tan fácilmente de
mí.
—Astoria, no me hagas volver a
repetirlo, así que vete —siseó Draco.
—Draco por favor no lo hagas, no me hagas esto —rogaba
Astoria, con una voz mucho más alta de lo normal.
—Ya, cállate, me estas cansando —gritó el rubio.
—Por favor no lo hagas, no lo hagas —gritó la castaña.
—Cállate —volvió a hablar Draco, pero esta vez el tono de
su voz era siseante—, deja de gritar.
En ese momento Astoria se dio cuenta de que una chica que
no conocía los estaba observando. Astoria la miró detenidamente sin que el
rubio se dé cuenta, y se percató de que esa chica tenía un parecido con
Granger.
Así que esta es la
asquerosa muggle con la que Draco piensa casarse, pensó Astoria.
Greengrass miró con verdadero odio a la futura esposa de
Draco, luego sonrió y besó al rubio, que lo tomo por sorpresa, Astoria estuvo
con los ojos abiertos hasta que vio que la chica regresaba a su habitación.
—¿Qué demonios haces? —Draco la separó con brusquedad de
él y la miraba con ojos asesinos.
—Solo se me provoco besarte, porque te pones de ese modo,
antes no te molestaba que te besara —habló fingiendo inocencia Greengrass.
—Tú lo has dicho antes, tiempo pasado.
Astoria lo fulminó con la mirada, perdiendo la paciencia.
—Draco te advierto que, si tú sigues con ese absurdo plan
de quererte casar con esa asquerosa muggle, antes de que des el “sí”, yo
gritaré a los cuatro vientos que tu matrimonio es fal…
El rubio la tomó por los brazos y la sacudió
violentamente.
—Tú a mí no me adviertes nada —siseó—, y si se te ocurre
decir que me caso solo por conseguir protección, te juro Astoria que me las
pagaras, tanto que hasta desearas no haber nacido, ¿me entiendes?
El rubio la miraba con furia.
—¿Me estás amenazando?
—Yo no amenazó, yo actuó, y ya deberías de saber de lo
que soy capaz de hacer cuando alguien se atreve a traicionarme —Astoria pareció
recordar algo, porque tembló ligeramente. Draco sonrió—. Y ahora, te pregunte,
si me entendiste —rugió.
—Sí, te entendí —Astoria habló entre dientes.
—Bien, pues entonces si ya no hay nada más de qué hablar.
Adiós, Astoria —el rubio la soltó y continúo con su camino hacia su habitación.
Greengrass se quedó parada en el mismo lugar donde la
había dejado Draco, sobándose los brazos.
—Juro que me las pagaras, Draco. Me las pagaras con lo
que más te duela. Esto no se quedará así, nadie juega con una Greengrass y se
queda tan tranquilo, y tú no serás la excepción —susurró Astoria, mientras le
resbalaban lágrimas de rencor.
Luego de eso Astoria se marchó a su mansión.
Al día siguiente…
Desde muy temprano se veía en la mansión Malfoy a los
elfos trabajando, viendo que todo esté en completo orden, puesto que dentro de
unas horas se celebraría un gran acontecimiento. La boda del único hijo y
heredo de la fortuna Malfoy. Draco se casaba con Alexandra Granger —hermana
menor de Hermione— para obtener la protección que requiere para su familia, ya
que no dejaban de recibir amenazas de los mortífagos que pudieron huir. Aunque
claro, todos piensan que él y la hermana de Hermione se casan porque están muy
enamorados.
Mientras los elfos seguían en lo suyo. En el despacho de
la mansión, se encontraban Lucius Malfoy, Narcisa Malfoy, y un abogado de la
familia revisando documentos pertinentes que requerían para que la boda se
llevase a cabo satisfactoriamente.
—Muy bien, señor Malfoy, espero que este conforme con la
redacción de los documentos —el abogado le entrego los documentos al señor
Malfoy.
El rubio empezó a revisar los documentos con
detenimiento, mientras leía los documentos el rubio fruncía el ceño.
—¿Qué pasa, querido? —le preguntó Narcissa a su esposo.
Este solo negó con la cabeza.
—¿Sucede algo malo? —preguntó el abogado.
—Es muy necesario que Draco tenga que ir al mundo muggle
para encargarse de la herencia y parte de esas empresas muggles de Granger —a
Lucius no le parecía esa parte del documento.
—Eh, sí, señor. Ahí mismo está redactado. En el mismo
momento en que la señora Weasley, hermana de la señorita Granger firme el
documento donde da el permiso para que su hermana que aún es menor de edad se
case con su hijo, no solo le cede la custodia de su futura esposa, sino que
también su hijo tiene la responsabilidad de encargarse de todos los bienes de
la que va a ser su esposa hasta que esta sea mayor de edad —explicó el abogado.
—Eso quiere decir que Draco se hará cargo de la herencia
de Alexandra hasta que ella cumpla los 17 años —dijo Narcissa con duda.
—No en este caso. Como la señorita Granger proviene del
mundo muggle y ahí la mayoría de edad es al cumplir los 18 años, entonces su
hijo se tendrá que hacer cargo de la herencia hasta que su futura esposa cumpla
su mayoría de edad.
—¿Y si por algún caso mi hijo termina divorciándose al
cumplir un año de casados, él todavía tendrá que hacerse cargo de los asuntos
muggles de Granger? —preguntó Lucius.
—No. Si en el caso de ellos se divorciaran, entonces todo
pasaría nuevamente a manos de la hermana mayor de la señorita Granger.
—Bien —asintió el rubio—. Entonces todo está bien, no hay
nada que corregir en este documento.
—Entonces si todo está en orden, señor Malfoy, yo me
retiro tengo otros asuntos que atender —dijo el abogado.
El rubio asintió, mientras el abogado se levantaba de su
silla para luego salir del despacho.
—¿Y Draco? —preguntó Lucius a su esposa.
—Me imagino que aún debe de seguir dormido. Todavía es
muy temprano Lucius, y la boda se llevará a cabo a las 2 de la tarde.
El rubio volvió asentir.
—Winky —llamó Lucius, después de unos minutos.
El elfo apareció
en el instante.
—El amo llamo a
Winky —el elfo hizo una profunda reverencia.
—Apenas la
señora Weasley llegue, la diriges a mi despacho, ¿me estás oyendo, Winky?
—habló Lucius, con tono serio, como de costumbre.
El elfo asintió
muchas veces.
—Lo que el amo
ordene —contestó la criatura.
—Bien, ahora
vete —el elfo no tuvo que esperar que le repitieran la orden, porque al
instante desapareció.
—Yo iré a ver
que todo quede como les indique —dijo la rubia antes del salir del despacho de
su esposo.
***
Un par de horas
después, una castaña hacia su entrada a la mansión Malfoy, pero apenas cruzo la
puerta de mansión, un elfo la intercepto.
—Buenos días,
señora Weasley —saludó el elfo haciendo una reverencia ante la castaña.
—Buenos días
—saludó ella, educadamente.
—El amo, Lucius,
la espera en su despacho, señora.
—¿En su
despacho? ¿Para qué? —preguntó.
—No lo sé,
señora, el amo solo le dio la orden a Winky, de llevar a la señora Weasley a su
despacho.
—Está bien
—contestó la castaña un poco dudosa—, llévame con tu amo, entonces.
El elfo empezó a dirigir a Hermione al despacho de Lucius
Malfoy, y cuando estuvieron frente al despacho, el elfo toco la puerta.
—Adelante —se escuchó la voz aristocrática del hombre.
La castaña paso, vio al imponente hombre sentado
erguidamente detrás de su escritorio.
—Buenos días, Weasley, te esperaba —dijo Lucius.
—Buenos días —respondió el saludo la castaña—. Que
necesita.
—Quiero que firmes estos documentos.
Hermione frunció el ceño.
—¿De qué se trata? —preguntó.
Antes de contestar, Lucius le hizo u gestó con la mano a
Hermione para que tomara asiento. Y luego de que la castaña estuviera sentada,
Lucius contestó:
—No es nada malo, Weasley, es necesario que firmes estos
documentos —dijo mostrando la carpeta con los documentos. La castaña lo miró
sin comprender—, te recuerdo que tu hermana es menor de edad y tienes que dar
tu consentimiento para que ella pueda contraer matrimonio con mi hijo.
La castaña asintió.
—Bien, pero antes tengo que leerlos detenidamente.
El rubio le extendió los documentos y la castaña tomó.
Empezó a leer cada clausula, ahí estaba redactado que apenas ella firmara el
permiso para que su hermana se pueda casar, la custodia pasaba automáticamente
a manos de Draco, al igual que él también tenía que hacerse cargo de la parte
de la herencia que le correspondía a su futura esposa. Draco tenía que asistir
obligatoriamente a las juntas directivas de las empresas Granger, puesto que él
era el representante de Alexandra.
También venia otras cláusulas más, pero no tan
importantes como las anteriores.
Hermione levanto la vista del documento y miró al futuro
suegro de su hermana.
—Aún me parece muy extraño que mi hermana y su hijo
decidieran casarse tan apresuradamente, pero Alex me ha dicho que ella aceptó
casarse porque está enamorada y porque Malfoy corresponde a sus sentimientos
—Lucius se impactó por lo que le dijo Hermione, pero no lo demostró, puesto que
se había dado cuenta de que Granger había engañado a su hermana para poder
casarse con Draco—. Espero que su hijo obteniendo la custodia de mi hermana, no
intente nad… —no pudo seguir hablando porque Lucius la interrumpió.
—Draco ante todo es un caballero, y si le propuso
matrimonio a tu hermana es porque en verdad la quiere —mintió el rubio,
siguiendo el juego de su futura nuera—. Y no intentará nada en contra de tu
hermana, ya te lo dije, la quiere.
—Espero que eso de que su hijo quiere a Alex sea cierto,
y no sea todo una trampa para conseguir la protección que querían.
—¿Piensas que Draco solo se casa para obtener la
protección que requerimos? —preguntó el rubio.
—No intentaron lo mismo conmigo —contestó Hermione.
—No sé si te habrás enterado o no, pero aun así tu
hubieras accedido a casarte con él, Draco no me dijo muy claramente que no se
iba a casar con nadie que él no hubiera elegido —Lucius todo eso lo dijo con
una seguridad que casi quedo completamente convencida.
Hermione asintió.
—Bien, ahora pasemos a otro punto, ¿Está completamente
seguro de que su hijo podrá manejar una empresa muggle? —preguntó Hermione, con
cierta burla, que no pasó desapercibido por Lucius.
—Draco está muy bien instruido para manejar cualquier
tipo de empresa, ya sea en el mundo mágico como en el mundo muggle —contestó el
rubio seriamente.
—Tendrá que manejar una tecnología que no creo que sepa
usarla —contraatacó la castaña.
—No subestimes a mi hijo, Weasley. Draco es muy
competente —defendió Lucius a su hijo—. Te podrías llevar una gran sorpresa
cuando luego de unos meses tus empresas estén duplicando sus ganancias.
Hermione sonrió.
—Permítame dudarlo —dijo firmemente.
—Puedes pensar lo que quieras Weasley, pero en este
momento lo único que te pido es que firmes el permiso.
Hermione miró detenidamente a Lucius.
Acaso está siendo amable conmigo, porque en vez de decir
“te ordeno” dijo “te pido”. Que extraño, pensó.
—¿Tiene una pluma? —preguntó luego de unos minutos de
estarlo observándolo.
El rubio le alcanzo una pluma, y Hermione dándole otra
revisada rápidamente al documento, firmó.
La castaña dio un suspiro y le entrego el documento
firmado al rubio.
—Iré a ver a mi hermana —dijo antes de salir del
despacho, el rubio solo asintió con la cabeza como respuesta.
***
Tres ligeros golpecitos en la puerta alarmaron a las tres
mujeres que se encontraban dentro de esa habitación.
—Adelante —dijo la rubia con poses aristocráticas.
La puerta se abrió y se dejó ver a una castaña, con un
vestido largo straples color azul marino, peinada con una trenza espiga al
costado.
Un elfo domestico estaba con una bandeja que contenía los
restos del desayuno de Alex, hizo una leve reverencia a la recién llegada y
desapareció.
—¡Hermione! —exclamó la futura esposa de Draco Malfoy.
—Alex —dijo la castaña, con una sonrisa dibujada en su
rostro—, buenos días —saludo al ver ahí a Narcissa y la diseñadora de modas.
—Buenos días, Weasley —saludó la madre de Draco.
—Señora Weasley —dijo la diseñadora de modas con una
inclinación de cabeza.
—Quisiera ayudar a mi hermana a preparase —dijo Hermione.
Narcissa miró por unos minutos a Hermione, para luego
asentir.
—Bien, iré a revisar que todo esté como lo ordene, luego
vendré —dijo Narcissa antes de salir de la habitación.
—Eh, yo también me retiro —dijo la otra mujer—, vendré
luego para darle los últimos retoques al vestido —luego salió de la habitación
dejando solas a las hermanas Granger.
Alex le sonrió nerviosamente a su hermana.
—Estás hermosa —dijo Hermione viendo a Alex ya maquillada
naturalmente y peinada.
El peinado era sencillo, Alex llevaba su larga cabellera
suelta, tenía las andas más definidas gracias a unas pociones que le había
puesto Danna, y sobre la cabeza tenía una diadema de diamantes y esmeraldas.
—Aunque un poco Slytherin —añadió Hermione al percatarse
de la diadema.
—Oh, esto —dijo Alex tocando la tiara—, en realidad no la
quería llevar, pero esa rubia es de lo más obstinada, además dijo que combinaba
con la decoración y quedaba muy bien con el vestido.
No quería llevar
esta estúpida diadema, y me negué, juro que me negué, pero con esa mirada
asesina que me dedico la madre del oxigenado, ya no pude seguir negándome y
accedí a llevarla, hubiera querido decir Alex.
—Aun no puedo creer que te vayas a casar —Hermione abrazó
a su hermana y esta le respondió al abrazo.
Yo tampoco, pensó Alex.
—Oh, a mamá y a papá les hubiera encantado estar en tu
boda —murmuró Hermione aun abrazando a Alex.
Alex al recordar a sus padres sintió una tristeza muy
grande y unas lágrimas traicioneras salieron de sus ojos.
—Lo siento, lo siento, no quise hacer llorar —se disculpó
Hermione.
—No importa —contestó la novia—. Lo bueno es que Danna le
aplicó un hechizo al maquillaje, así que haga lo que haga este quedara intacto
—trató de bromear Alex, aunque todavía sollozaba.
Hermione sonrió ligeramente.
Apareció un pañuelo y se lo pasó a su hermana, para que
se limpiara el resto de las lágrimas.
—Gracias —susurró la chica.
—¿Estás nerviosa? —preguntó Hermione al cabo de unos
minutos de silencio.
—Sí —confesó la chica.
—No te preocupes, es normal, yo también estaba muy
nerviosa horas antes de mi boda, pero ya vez todo salió bien —le dio ánimos.
En verdad espero que todo salga bien, pensó Alex, pero no
le contestó nada a su hermana.
Permaneció callada un buen rato, eso hizo que Hermione se
diera cuenta que Alex estaba nerviosa por otro motivo en particular.
—¿Estás nerviosa por tu noche de bodas, cierto? —Alex
parpadeó un par de veces, se sonrojó, quiso contestar, pero las palabras no le
salían—. Es normal que estés nerviosa por ese motivo —Hermione le sonrió
dulcemente.
Hermione la tomó del brazo y la encaminó hasta quedar
ambas sentadas al borde de la cama.
Oh, Dios, que no me vaya a decir nada sobre lo que ocurre
en la primera noche de casados, porque eso ya lo sé, aunque Malfoy y yo no lo
vamos a hacer, por supuesto.
—Te sientes nerviosa y con miedo porque esta noche harás
el amor —y tuvo que decirlo, pensó
Alex—, es lógico, siendo tu primera vez, yo también estuve igual que tú
—Hermione sonrió, recordando—, pero ya verás que los nervios se irán poco a
poco, estoy segura de que Malfoy será cuidadoso contigo, aunque…
—¿Aunque? —preguntó Alex luego de varios minutos de
silencio.
—Dolerá, puede y te duela mucho.
Vaya, que su fuera
a tener una noche de bodas real, eso que me ha dicho Hermione, no me hubiera
ayudado mucho, pensaba Alex.
—Eh… —murmuró Alex, no sabía que decir a eso.
—Lo siento, no te estoy ayudando —se disculpó Hermione—.
Lo único que te puedo decir es que luego de que pase el dolor lo disfrutaras. Y
ahora, porque mejor no me enseñas tu vestido de novia, además creo que ya es
hora de que te vistas —dijo mirando el reloj muggle de Alex que estaba sobre el
velador.
Alex camino hasta la cómoda donde estaba la enorme caja
blanca que contenía el vestido.
—Un poco de ayuda me vendría bien —dijo Alex.
—Déjalo, lo pondré sobre la cama —Hermione saco su varita
de su bolso y levito la enorme caja hasta posarlo sobre la cama.
—Gracias —dijo Alex.
Hermione asintió y abrió la caja.
—Oh, Merlín —exclamó la nueva señora Weasley—. Es
precioso, pero…
—… muy ostentoso —terminó Alex.
—Sí, es ostentoso, pero te vas a casar con Malfoy, es
mejor que te vayas acostumbrando, aunque Alex, tú tampoco has vivido muy mal
que digamos —le recordó.
—Sí, pero los Malfoy sí que se pasan —contestó Alex, sin
quitar la mirada del vestido.
—Bien, quítate el albornoz para poder ayudarte a ponerte
el vestido —la chica se quitó el albornos y dejo a la vista el juego de
lencería de encaje inmaculadamente blanco, como el vestido—, linda lencería y
portaligas —Hermione sonrió, y Alex se sonrojó.
—Oh, ya basta, no empieces a molestarme —se quejó la menor
de las Granger.
—Justicia divina, ¿te acuerdas cuando a mí también me
obligaron a llevar uno así en mi boda?
—A mí también me obligaron —susurró Alex.
—¿Dijiste algo? —preguntó Hermione.
—Que ahora te entiendo lo que sentiste —corrigió.
Luego de esa pequeña charla entre hermanas, Hermione
ayudo a Alex a vestirse. El vestido era realmente hermoso, era straples, tipo
corsé en la parte de atrás y en la parte de abajo era como si encima de la tela
estuviera el tul, y el velo era largo, tenía bordados en los contornos e iba
enganchado a la tiara.
—Te vez realmente hermosa —alagó Hermione—, casi como un
ángel.
Los ángeles no
bajan al infierno, quiso decir Alex.
Pero antes de que Alex
pudiera contestar algo que le hiciera creer a Hermione que estaba muy
emocionada con su boda, escucharon unos golpecitos en la puerta.
—Adelante —dijo Alex.
La puerta se abrió y por ahí
paso Danna —la diseñadora de modas— miró con una sonrisa en los labios a la
novia.
—Creo que no necesitaron mi
ayuda. Esta fabulosa, futura señora Malfoy —Alex sintió un escalofrío al
escuchar que la llamaban de ese modo.
—Gracias, pero en realidad
me veo bien, porque este vestido es su creación —contestó la chica.
—No sea modesta, el vestido
se ve bien por la mujer que lo lleva puesto —Alex se volvió a sonrojar—, le
traje el buque —Danna le extendió a Alex el buque con rosas blancas y detalles
en verde—, y este juego gargantilla y aretes.
—¿Verde? —dijo Hermione—,
si, se nota que te vas a casar con un ex Slytherin.
Danna rió por el comentario
de Hermione Weasley, y Alex solo trato de sonreír.
***
Draco estaba vestido con un
traje negro —como siempre— pero con la única diferencia era que ahora no usaba
una camisa negra, sino que usaba una camisa blanca, él estaba terminando de
hacerse el nudo de la corbata pajarita color negro a la vez que refunfuñaba.
—Vaya, Theo, parece que
nuestro buen amigo, el “novio”, se levantó de muy mal humor hoy día —se burló
Blaise Zabini de su amigo el rubio.
—Estás haciendo méritos para
que te lancé un crucio, Zabini —siseó Draco.
—Blaise está haciendo
méritos desde hace meses —dijo Theo.
—Nott, no me ayudes tanto
—dijo con sarcasmo el moreno.
Draco camino hacia la
ventana y su expresión se tornó mucho más seria al ver la cantidad de
invitados.
—Maldita sea, creía que no
serían tantos invitados —murmuró.
—Pues si hubiera participado
en los preparativos, hubieras podido evitar a tantos invitados —contestó Theo.
—Y el primero en llegar fue
el Ministro, creo que se quería cerciorar de que sea cierto lo de tu boda,
Dragón —dijo Blaise.
—Kingsley, no es más que un
idiota —murmuró el rubio.
—Ya, Draco deja el mal
humor, yo que tú estaría muy feliz…
—¿Feliz? —lo cortó el
rubio—, Blaise, tú piensas que debería estar feliz con toda esta estúpida
actuación, donde yo finjo estar profundamente enamorado de una muggle.
—La boda será real, lo único
falso será los sentimientos de ambos —dijo Theo, recalcando que ni el rubio ni
Alex estaban enamorados.
Draco les dirigió una mirada
asesina al castaño y al moreno.
—Aun yo sigo creyendo que
deberías estar feliz —volvió a decir Blaise—, no todos tienen la suerte de
casarse con una chica hermosa y joven como la hermana de Granger. Además, te
podrías divertir mucho con ella esta noche —dijo pícaramente.
—¡Blaise! —lo regañó Theo—,
así no se habla de las damas.
Draco aún estaba serio, pero
al pensar en tener que tratar más íntimamente a la mocosa le causo gracia, pero
más gracia le causo al escuchar a Theo decirle “dama” a la mini Granger.
Sí, claro, esa mocosa es una
dama, se dijo con sarcasmo.
Y sin que Blaise y Theo lo
esperaran Draco rió.
—¿Qué es tan gracioso?
—preguntó Theo.
—Nada, nada —murmuró el
rubio dejando de reír.
El castaño no quedo muy
convencido, pero lo dejo pasar.
—Creo que ya es hora de que
bajes, Draco, ya casi son las dos, y la costumbre es que el novio esté antes
—dijo Blaise, mirando su reloj de muñeca, el rubio asintió—. Y Theo también
creo que es hora de que separes a Lovegood del matrimonio Potter, recuerda que
tres son multitud —el moreno sonrió.
—Imbécil —le dijo Nott, y el
moreno sonrió como si le hubieran dicho un alago.
Draco cogió su capa de gala
y salió de su habitación seguido de sus dos amigos.
***
Mientras en la habitación de
la novia. Danna se asomó por la ventana.
—Creo que el novio ya la
está esperando, señorita Granger.
Alex asintió.
—¿Y quién me entregara? ¿Ron
o Harry? —preguntó la chica a su hermana mayor.
—Ron, por supuesto —dijo la
castaña con una sonrisa en los labios.
—¿Y dónde está él? —preguntó
Alex, después de que se asomara por la ventana y no lo viera por ningún lado.
—Oh, él está dentro de unos
minutos, me dijo que tenía que hacer algo.
—Está bien —susurró la
novia.
—Iré abajo —dijo Danna—, les
avisare cuando deben bajar.
Ya habían pasado como unos
quince minutos y Hermione veía su hermana parada junto a la ventana mirando a
la nada, no se había movido de ese lugar desde que Danna se había retirado.
—Alex —Hermione llamó a su
hermana. Esta volteó y la miró.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—Eso es lo que yo pregunto,
¿Qué pasa? —dijo Hermione.
—Nada. Es solo que…
—Te arrepientes —dedujo
Hermione.
—No, no me arrepiento —se
apresuró a contestar Alex—, es solo que no crees que Draco se ve muy guapo
—sonrió.
Hermione la miró extrañada,
pero aun así se acercó a la ventana y ahí diviso al rubio, y la castaña tuvo
que reconocer muy a su pesar que era cierto lo que su hermana había dicho,
claro que el rubio siempre se había visto bien lo único malo en él era ese mal
carácter, y su arrogancia.
Pero de lo que no se percató
Hermione fue que, a través de esa sonrisa de Alex, se ocultaba tristeza una
tristeza que lo reflejaba sus ojos marrones.
Se volvió a escuchar unos
golpecitos en la puerta.
—Pase —ahora fue Hermione la
que dio la autorización de que entrara.
Danna se asomó por la puerta
y habló:
—Señorita Granger, ya es
hora de que baje. El señor Weasley la está esperando en la entrada.
Luego de que Danna diera el
mensaje se retiró.
Alex respiró profundo, y
empezó a caminar seguida de su hermana.
—Llego el momento —la
escucho murmurar Alex.
Cuando amabas mujeres ya
habían bajado, se encontraron en la entrada con el pelirrojo.
—Hola, amor —saludaron al unisonó Hermione y Ron, para
luego besarse.
Alex sonrió al ver lo enamorados que estaban su hermana y
el pelirrojo.
—Hola, Alex —saludó Ron después de separarse de Hermione.
—Hola, Ron —saludó la futura esposa de Draco Malfoy.
—Estás realmente hermosa, aunque un poco Slyhterin —dijo
poniendo mala cara.
—Lo mismo le dije yo —comentó Hermione.
Alex rodó los ojos, no le
importaba si se veía muy Slytherin, muy Gryffindor o muy muggle, lo único que
quería realmente era que todo eso de la boda terminara lo más rápido posible.
—Creo que ya es hora de que la lleves a Alex al altar,
Ron —dijo la castaña—. Mientras yo me voy adelantando a mi lugar.
Ron le ofreció su brazo y Alex lo cogió; apenas
aparecieron en el jardín una melodía de fondo se empezó a escuchar por toda la
estancia. Alex no sabía de dónde venía la melodía, puesto que no veía ningún
equipo de sonido o a algunas personas tocando.
Mientras caminaban hacia el
altar, Alex se pudo dar cuenta de que había muchos magos y brujas que
obviamente no conocía, pero que la miraban de arriba abajo, algunos la miraban
con recelo, otras con curiosidad, también estaba los periodistas del diario “El
Profeta” —claro, no podía
faltar los reporteros que no dejaban de tomarle fotos— la chica estaba nerviosa con
tantas miradas sobre ella, y eso se notaba pues cada vez apretaban el brazo de
Ron con más fuerza.
—Sabes que eres la novia más joven que conozco —comentó
Ron, tratando de relajar a la chica.
—Te creo —susurró Alex, y sonrió ligeramente.
Cuanto más se acercaban al
altar Alex pudo ver al Ministro de Magia y a algunos que trabajaban en el
Ministerio, también pudo ver a los Weasley —ver
a los Weasley en la mansión Malfoy, antes hubiera sido muy raro, pero dado las
circunstancias, y puesto que la familia de pelirrojos ahora también era familia
con las Granger, su presencia no podía faltar—, pero Alex se sintió morir cuando vio a Percy —su gran amor— tomado de la mano de una chica pelinegra y
de ojos celestes —Audrey Razick, la prometida de Percy—, aparto la mirada de la
pareja y miró hacia adelante, donde podía ver al rubio elegantemente vestido.
El camino se le hacía eterno, no tenía cuando llegar, así
que miró hacia el lado izquierdo donde estaban los padres del rubio, luego
dirigió su mirada al lado derecho, ahí se encontraba el nuevo matrimonio
Potter, Alex les sonrió ligeramente cuando sus miradas chocaron, vio a su
hermana sentada junto a Luna Lovegood, y junto a ella estaba Theo Nott, Blaise
Zabini —que no dejaba de sonreír— Pansy Parkinson —la pelinegra la miraba como
si le supiera algún secreto— eso sorprendió a la novia. Pero que realmente la
sorprendió —y mucho— fue ver a sus mejores amigos
junto a George y Angelina. Parpadeó un par de veces, pensando que estaba desvariando,
pero era verdad, Ben y Drake estaban ahí. Eso definitivamente levanto los
ánimos a Alex.
Todavía estaba sorprendida de ver a sus amigos allí,
puesto que ellos prácticamente se habían negado a ser partícipe de esa falsa,
según las palabras de Ben.
Despertó de su ensoñación
cuando sintió a Ron parar, ella también paro, y tal fue su sorpresa al
encontrarse frente a frente con su futuro esposo. Sus orbes grises no la
dejaban de mirar y eso la incomodaba mucho.
Ron la dejo junto al rubio,
pero antes miró seriamente a Malfoy, luego sonrió a su cuñada y se fue asentar
junto a Hermione.
El hombre del ministerio —era un hombre como de unos cincuenta años— que iba a casarlos miró a la
pareja fijamente, como queriendo encontrar algún indicio de falsedad en ellos,
pero no encontró nada, puesto que Draco Malfoy era un excelente actor, y había
puesto en su rostro una sonrisa como si de verdad estuviera anhelando el
momento en que los declare marido y mujer, y en el caso de Alex, ella estaba
nerviosa, pero eso era normal en una novia.
Alex no le tomo atención al
encargado de oficiar su boda cuando empezó a hablar, ella estaba pensando en su
nueva vida, en su nueva vida en la que tendría que convivir con Malfoy durante
un año completo, también pensaba en Percy, y en lo maravilloso que sería que el
pelirrojo tomara el lugar de Malfoy, ese sería su sueño hecho realidad.
Pero eso no pasaría, se
dijo.
Alex salió de sus
pensamientos cuando escucho la voz del hombre —del
cual no había escuchado su nombre, en cuando se presentó— decir:
—Bien, por favor tómense de las manos —pidió.
Alex no reacciono rápido,
así que fue Malfoy quien la cogió de la mano. El rubio sintió la mano de la
chica helada, demasiado helada.
Acaso estará nerviosa, o es
que ya se arrepintió, pensaba el rubio.
Giró un poco su rostro para
mirar a la chica. Y sus ojos grises se juntaron con los ojos marrones de Alex,
Alex al ver los ojos del rubio se sonrojó y aparto la mirada.
El hombre del ministerio,
apareció una cinta blanca, casi resplandeciente, que se envolvió alrededor de
las manos de los novios, Alex miró sorprendida ese hecho, puesto que las bodas
muggles no eran así, en cambio Draco maldecía internamente, porque eso de unir
sus manos con esa cinta ya no se usa —eso lo hacían
antiguamente, según había leído en los libros, pero no recordaba bien lo que
significaba, con todo eso de las amenazas, no se podía dar el lujo de recordar
todo lo que había leído—, y seguramente todo eso había sido idea de Kingsley.
—Es momento de que digan sus votos —dijo el hombre que
los estaba casando.
—Yo, Draco Lucius Malfoy Black —empezó el rubio—, te tomó
a ti, Alexandra Megan Granger Burke, como esposa y me entrego a ti, y prometo
serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad,
todos los días de mi vida —el rubio tomo la alianza y la deslizo en el dedo
anular de Alex.
La alianza de Alex era de oro, pero al medio tenía una
línea de pequeños diamantes.
Alex miró al rubio.
Mentiroso, mentiroso, como puede parecer tan sincero al
hablar, no es más que un vil mentiroso, aunque yo también mentiré, decía
internamente Alex.
—Yo, Alexandra Megan Granger Burker,
te tomó a ti, Draco —¿Cuál era su segundo nombre?, oh, vamos Alex, piensa,
piensa, se decía, luego de unos segundos suspiró con alivio porque recordó el
segundo nombre del rubio—, Lucius Malfoy Black, como —como mi terrible,
horrible, narcisista, egocéntrico esposo, le hubiera gustado decir—, esposo y
me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la
salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida —Alex tomo la alianza
restante y la deslizo por el dedo del rubio.
La alianza del rubio era también de
oro, pero no tenía diamantes y era más gruesa que la de Alex.
Luego el hombre que los estaba
casando empezó a hablar:
—Draco Malfoy, Alexandra Granger,
con el poder que me da el ministerio de Londres, yo los ato a una vida llena de
amor, fidelidad, prosperidad toda la vida, y con este hechizo yo los declaró
marido y mujer —y mientras el mago hablaba nadie se percató de la presencia de
Astoria Greengrass entrando a la estancia—. Levanto su varita y la cinta que
estaba suelta en sus muñecas, se empezó a ajustar hasta hacerse un lazo
alrededor de ellos, Draco y Alex miraban fijamente que la cinta cada vez
brillaba más.
Luego ambos sintieron que algo les
recorría el brazo, era la magia de la unión, Alex estaba más que sorprendida
con todo eso, esperaba que ese hechizo no ocultara nada importante.
La cinta brillaba cada vez más y
más; y cada vez se hacía más ajustada para Draco y Alex, pero luego poco a poco
la cinta se fue aflojando, hasta que la cinta desapareció.
Ambos miraban sus manos, y
muy lentamente se fueron soltando las manos. Alex sentía la mirada profunda de
Draco sobre ella, pero ella no levanto la mirada, se sentía incomoda, y más aun
sabiendo lo que tendría que hacer, aceptar ser besada por el rubio, y lo peor,
dejarse besar delante de todos los invitados, eso no le ayudaba en mucho a su
situación.
Vamos, se valiente, Alex, tú
misma decidiste llegar hasta este punto, se decía internamente para darse
valor.
Draco poso una mano en la
cintura de su esposa, atrayéndole a él, y la otra mano la poso en su nuca, para
luego besar los labios de la chica, Alex se quedó estática, todavía estaba
nerviosa, así que lo único que hizo fue seguirle el beso al rubio, para que
todos piensen que se amaban.
El beso duro un par de
segundos más, segundos que le parecieron una eternidad a Alex. El rubio dejo de
besarla, pero no la separo de él ni un milímetro.
Los novios escucharon los
aplausos de los invitados, voltearon a verlos. Alex estaba sonrojada y el rubio
tenía una sonrisa ladeada en su pálido rostro.
Luego de los aplausos,
empezaron las felicitaciones.
Muchas brujas y magos se
acercaron a felicitar a los novios, Alex se pudo dar cuenta que esas personas
la felicitaban con hipocresía, ella sabía que esas brujas y magos sangre pura
no aceptaban del todo a los hijos de muggles y mucho menos a los muggles, pero
decidió no darle importancia tenía otras cosas más importantes en que pensar.
Los Weasley también se
acercaron a felicitar a los novios, Molly como siempre tan maternal le dio un
abrazo fuerte, y le dijo que si tenía algún problema siempre podía contar con
ella, Alex le sonrió como respuesta, George se acercó a ella para felicitarla,
pero al momento de abrazarla le susurró al oído:
—Espero que puedas domesticar a la
serpiente, aunque claro, tal vez esta noche lo logres —a Alex se le subieron
los colores al rostro al escuchar tal comentario, y miró para todos lados
verificando que nadie más haya escuchado. George le guiñó un ojo con picardía y
luego se rió de ella al verla sonroja. A la chica le hubiera gustado aclararle
que nada iba a ocurrir esa noche y ninguna otra, pero no debía, puesto que,
según todos, Malfoy y ella se casaban profundamente enamorados.
Percy Weasley fue el siguiente en
felicitarla por su unión.
—Alex —dijo el pelirrojo—, espero
que seas feliz, y deseo con todo mi corazón que no hayas cometido un error al
casarte con Malfoy.
Draco logró escuchar lo que dijo
Percy, pero no se molestó en decir nada, solo le dedicó una mirada de desdén.
—Seré muy feliz, Percy —afirmó Alex,
observando con tristeza que detrás de Percy se encontraba la chica pelinegra de
ojos celestes.
—Por supuesto que seremos felices,
Weasley —confirmó el rubio pasando un brazo por la cintura de Alex, esta lo
miró de soslayo y el rubio le sonrió con arrogancia.
—Así lo espero —dijo Percy, con un
tono un poco amenazador.
—Percy, ¿sucede algo? —preguntó su
acompañante, con el típico acento americano.
—Nada, cariño. Acércate querías
conocer a los novios, te los presentaré —la chica estadounidense se puso a un
costado del pelirrojo—. Él es Draco Malfoy y ella es la hermana de Hermione, la
esposa de Ron, Alex Grang…
—Es Malfoy ahora, Weasley —le
corrigió el rubio.
Alex notaba la tensión entre los dos
hombres.
—Bien, ella es Alex Malfoy —Percy
dijo el apellido con un poco de resentimiento—. Y ella es Audrey Razick, mi
prometida —presentó.
—Mucho gusto en conocerlos, y
también muchas felicidades por su unión —dijo la prometida de Percy.
—El gusto es nuestro, señorita
Razick —contestó el rubio caballerosamente.
A Alex
le tomo un par de segundos hablar, estaba impresionada e ida.
—Mucho gusto —susurró, le había
chocado escuchar que Percy la presentara como su prometida, pero como no iba a
serlo, si al fin y al cabo eso era.
—¿Qué te pasa? —le preguntó el rubio
a la castaña.
—Nada —contestó Alex.
Draco iba a contradecirla, pero
justo en ese momento se dio cuenta de la presencia de alguien inesperado y
desagradable para él.
—¿Qué haces aquí? —siseó el rubio,
Alex al escuchar ese tono de voz de su ahora esposo, dirigió su mirada al
frente. Y ahí muy cerca de ellos se encontraba Astoria Greengrass, con un
vestido negro súper entallado.
Alex la reconoció como la mujer que
besaba a Malfoy la noche anterior.
—Hola, Draco… no me presentaras a tu
esposa —dijo con sarcasmo, y una
sonrisa burlona se formó en sus rojos labios.
—Claro —el rubio sonrió con
malicia—, Astoria, te presento a mi esposa, Alexandra Malfoy —la menor de las
Greengrass puso mala cara—, cariño, ella es Astoria Greengrass una amiga de
Hogwarts.
—Mucho gus…
—No te esfuerces en decir algo que
no sientes —la cortó Greengrass—, puesto que a mí tampoco me agrada conocerte.
Yo lo sé todo, sé que Draco solo se casó contigo para conseguir protección
porque de otra manera Draco nunca se hubiera casado con una asquerosa muggle
como tú —mientras hablaba Astoria le dedicaba una mirada de asco a Alex.
—¡Cállate! —siseó el rubio.
Astoria sonrió con triunfo.
—Temes que el ministro me escuché y
se enteré de toda esta farsa, ¿verdad, amorcito?
—No me llames amorcito y lárgate de aquí ahora mismo si no quieres que te mande a
sacar —la amenazo el rubio.
—Sí, temes que Kingsley se enteré de toda esta farsa, pero que pasaría si
antes de irme grito a los cuatro vientos toda la verdad.
—No me provoques, Astoria, no me
provoques, mira que tú sabes perfectamente de lo que soy capaz —la volvió a
amenazar el rubio.
Astoria sonrió, se dio media vuelta
y empezó a caminar hacia la salida.
Después de que Astoria se fuera
siguieron felicitándolos los amigos de Draco, Theo, Blaise y Pansy —esta última
le dijo: “lástima que no te hayas casado con el hombre que amas”, para luego
mirarla a Alex y luego dirigir una mirada a Percy, claro que Alex no se dio
cuenta de la mirada de Pansy, y tampoco entendió muy bien a que se refería con
eso que le dijo— Luna Lovegood también se acercó a los novios a felicitarlos
—la rubia le les dijo que se veían muy enamorados y que esperaba que pronto
tuvieran muchos hijos, Draco y Alex se quedaron desconcertados por el
comentario de la rubia, pero decidieron no hacerle caso, puesto que Luna
siempre tenía la costumbre de hacer esos tipos de comentarios tan extraños—. El
ministro también se acercó a ellos y los felicito, y les dijo que quería hablar
con ellos, claro después de que regresen de su luna de miel, ambos asintieron,
los últimos en felicitarlos fueron Hermione, Ron, Ginny, Harry —este último al
igual que Percy le deseo que fuera feliz y esperaba a la larga que no haya
cometido un error al casarse tan apresuradamente—, y sus amigos, Ben y Drake.
Draco cuando vio que se acercaban
los chicos, decidió darles un poco de privacidad, mientras él se iba junto a
sus padres.
—Me alegra mucho que hayan decidido
venir, pero ¿quién los trajo? —les preguntó Alex con sinceridad a sus amigos a
la vez que los abrazaba.
—Nos trajo Ron —Alex se sentía muy
agradecida con su cuñado por haber traído a sus mejores amigos—, pero solo
decidimos venir por ti, porque eres nuestra amiga, y no podíamos dejarte sola
en este día tan complicado —dijo Drake.
—Aunque no estamos de acuerdo con
todo este asunto de la boda, ese rubio no me da confianza —dijo Ben.
—Ya verán que un año se pasa
rapidísimo y con todo esto de las clases en la universidad no lo voy a ver muy
seguido —susurró Alex, solo para que la escucharan sus más fieles amigos.
***
La fiesta dio inicio luego de las
felicitaciones. El primer baile de los recién casados dio comienzo a que las
demás parejas también empezaran a deslizarse por la pista de baile, y las fotos
también no dejaban de tomarse a los novios y a los invitados. Los nuevos
esposos ya estaban cansados de tantos flashes. Así que se encaminaron hacia su
mesa.
Ya sentados Alex seguía sintiendo la
mirada del rubio sobre ella, en realidad no había dejado de mirarla desde que
Ron la entrego a él, la castaña solo esperaba que no le saliera con uno de sus
comentarios sarcásticos.
Y para que Malfoy quitara la vista
de ella, decidió preguntarle lo primero que se le vino a la mente.
—Malfoy —llamó.
—¿Qué? —contestó el rubio, pero aun
sin quitarle los ojos de encima.
Alex hizo un gesto de incomodidad.
—¿Diferencias los 45 tonos de
blanco? —preguntó.
—¿Cómo? —exclamó el rubio sin
comprender.
—¿Qué si diferencias los 45 tonos de
blanco en la decoración? —aclaró.
El rubio quitó su mirada de la
castaña para dirigirla a toda la decoración.
—No —respondió luego de unos
segundos—, porque me lo preguntas.
Por primera vez en lo que va del día
Alex le dirigió una mirada.
—Tu madre si los diferencia
—contestó con una sonrisita de burla.
—¿Quiénes son esos individuos?
—preguntó el rubio a su esposa después de unos momentos de silencio.
Alex frunció el ceño.
—Esos “individuos” como tú los
llamas son…
Alex se vio interrumpida por unas
voces.
—¿Quiénes son esos chicos que están
hablando con Potter y su esposa? —y una de esas voces sin duda era de Blaise
Zabini. Las demás voces eran de Theo y Pansy.
—Eso mismo me preguntaba yo, nunca
los había visto —comentó la pelinegra.
—Son mis mejores amigos, los conozco
desde que prácticamente era una bebé —fue la respuesta de una Alex un poco
enojada.
—¿Eso quiere decir que son muggles?
—preguntó Zabini.
—Por supuesto, que parte de que son
los mejores amigos de Alex no comprendiste —confirmó Theo.
El rubio solo miraba a su esposa
interrogante.
—¿Quién los trajo? —preguntó el
rubio.
—Ron, es más ahora voy con ellos, no
voy a dejarlos solos —contestó Alex dando por finalizada esa pequeña y amena
charla (sarcasmo)—. Pero antes, toma Parkinson —dijo Alex dándole el bouquet a
la pelinegra.
Pansy la miró sorprendida.
—¿Por qué? —preguntó.
—Es una costumbre muggle que la
novia lance el bouquet a un grupo de solteras, para así que la chica que coja
el bouquet significa que será la próxima en casarse —explicó.
—Aun no entiendo porque me lo das
—volvió a hablar Pansy—. ¿Por qué no se lo das a otra?
—¿A quién? Te recuerdo que mi
hermana y Ginny ya están casadas.
—¿Y Lovegood? —dijo Pansy, a la vez
que ella y Blaise se miraban con complicidad para luego mirar a su amigo
castaño.
—No creo que a Luna le guste algo
tan Slytherin —contestó Alex, y su rubio esposo sonrió de lado mirando a su
amiga—, así que este bouquet es más compatible contigo —volvió a extenderle el
bouquet, y esta vez la pelinegra lo tomo.
—Gracias —susurró, sin poder creer
que ella Pansy Parkinson haya agradecido por algo a la hermana de la sabelotodo
de Hogwarts.
Alex asintió y se empezó a dirigir
hacia donde estaban sus amigos hablando con Harry y Ginny, sin percatarse de
que unos ojos grises la seguían durante todo el trayecto hacia Potter y compañía.
—Iré con Luna —anunció Theo sin
esperar la respuesta de sus amigos, y empezó a caminar hacia la rubia chica.
***
Ya era de noche y algunos invitados
ya se habían retirado, Alex suspiro más relajada al ver que la mansión
prácticamente se quedaba vacía nuevamente, porque así ya nadie la miraría a
cada paso que daba.
—Ya es hora de irnos —le susurró el
rubio al oído. Esto causo que Alex se asustara y trastabillara al tratar de
retroceder. Pero Draco fue mucho más rápido y la cogió de la cintura evitando que
cayera—. Ten cuidado.
—Entonces no me andes asustando de
esa manera —reclamó la castaña—. Pero ¿irnos, adónde? —preguntó.
—A nuestra “luna de miel” —contestó
burlonamente el rubio—, debemos seguir con la actuación para que nadie
sospeche.
Alex asintió con pesar.
—Bien, pero ¿luna de miel, dijiste?
Yo creo que será luna de hiel —corrigió la castaña.
Draco sonrió ampliamente, como si
estuviera tramando algo, y eso a Alex no le gustó nada.
—Vamos —la urgió el rubio.
—Espera, debo ir por mis maletas y
también debo cambiarme este vestido —dijo Alex.
—No hay tiempo, además nuestras
cosas ya están en el carruaje —dijo el rubio, tomándola de un brazo y
dirigiéndose hacia la parte inferior del jardín.
—¿Carruaje? —preguntó la castaña,
pero Draco no le respondió y siguió jalándola.
Antes de subir al carruaje, Alex se
despido los Potter, Luna, Ben, Drake —estos dos solo le dedicaron una mirada de
optimismo y una sonrisa sincera, la cual ella correspondió— Ron y de su
hermana.
—Ya sabes, Alex, tan solo tienes que
relajarte —aconsejó, y a Alex se le subieron los colores al rostro al darse
cuenta de lo que se refería Hermione.
Alex solamente asintió, aun
sonrojada.
La que también se acercó a Alex fue
Pansy Parkinson, con el bouquet en la mano derecha.
—Espero que te diviertas esta noche
—sonrió la pelinegra, pero Alex se dio cuenta del doble sentido de sus
palabras, pero no entendía porque le dijo eso, puesto que Parkinson sabía que
todo era una farsa, y que nada iba a ocurrir esa noche.
No le dio tiempo de responder, porque
Malfoy la volvió a tomar del brazo y ahora sí se dirigieron hacia el carruaje.
Alex miró sorprendida el carruaje,
nunca había visto uno, el carruaje era de un blanco brilloso y los caballos que
lo conducían eran completamente blancos y tenían alas, esos caballos le
gustaron mucho a la chica, puesto que nunca había visto animales más hermosos.
Sonrió como una niña chiquita al
conseguir lo que quiere. Pero no tuvo mucho tiempo de admirarlos, porque Malfoy
la urgió a subir.
Ya acomodados dentro del carruaje,
el coche empezó a descender por los aires, Alex se sorprendió un poco, pero
luego se acostumbró, puesto que viajar en ese carruaje era mejor que viajar en
avión. Pasados unos minutos ambos seguían callados, Malfoy tenía la vista al
frente como si ahí se encontrara lo más hermoso del mundo, mientras que Alex se
dedicaba a mirar su mano izquierda, donde descansaba el anillo de compromiso en
forma de serpiente —y que no se iba a despegar de su dedo hasta que se hayan
divorciado— y el aro que confirmaba su unión con el rubio arrogante.
Ya estoy casada con Malfoy, y ya
todo acabo, o mejor dicho todo empezó, se decía Alex internamente.

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