sábado, 26 de mayo de 2018

Mi boda, mi pesadilla (Parte 1)


POV Alex
Me desperté con un ruido extraño, parecía como si alguien estuviera lanzando piedritas a mi ventana, pero no, no era eso —me senté en la cama— agudice bien mi oído, y pude advertir que el ruido era como unos pequeños picotazos en mi ventana.
Me levanté de la cama y caminé hasta la ventana de mi habitación, abrí las cortinas y ahí detrás del vidrio de las ventanas estaba una lechuza —ya me había acostumbrado a este tipo de comunicación, puesto que con una hermana bruja, ya me había acostumbrado a todo tipo de cosas extrañas— Orly, una lechuza color crema con las alas de un color marrón oscuro, la nueva lechuza de la familia Weasley, puesto que Errol, ya no lo utilizaban para enviar las cartas, porque ya estaba muy viejo y ahora solo estaba en su jaula o a veces salía a dar cortos paseos. Abrí la ventana y la lechuza apenas entró, estiró su pata para que le desamarrada la carta, para luego salir volando nuevamente, sin esperar respuesta.
Yo me encogí de hombros y me dispuse a leer la carta.

Buenos días, cariño:
Te escribo para comunicarte que Hermione nos envió una carta temprano, avisándonos que ella y Ron regresan hoy día a las 2 de la tarde de su luna de miel.
George pasara por ti dentro de una hora para traerte a La Madriguera.
Saludos
Molly Weasley

Lo sabía, sabía que Hermione regresaría hoy día, ahora sí se me va a armar una buena, cuando se entere que mañana me caso. Un momento. Pero si mi hermana ya acepto que me case con el rubio oxigenado —cosa que veía muy difícil que aceptara— entonces creo que no se enojara tanto cuando le diga que mi boda es mañana.
Y así con una ligera sonrisa, decidí darme una ducha.
Pero antes miré el reloj, eran las 10: 20 a.m., ¡Oh, my God!, solo tenía 40 minutos para estar lista.
Me metí al baño y me di una ducha rápida, al salir del baño, me puse unos leggins negros, un polo-vestido color blanco y al final me calcé unas botas color crema sin tacón. Baje a la cocina y desayune algo rápido. Para cuando ya había terminado de desayunar y ya me había lavado los dientes, llegó George por mí.
—Vaya, creí que te tendría que esperar —dijo en tono divertido George.
—Pues ya vez que no, yo siempre soy muy puntual —contesté.
—Sí, claro —dijo, para luego tomarme del brazo, yo cerré los ojos, porque ya sabía que nos apareceríamos, y así fue sentí el clásico tirón en mi ombligo y el mareo en mi cabeza.
Cuando abrí los ojos, ya me encontraba en la sala de La Madriguera.
Una chica morena de cabellos castaño oscuro, estaba sentada sobre el sofá de la sala. Era Angelina Johnson —trabaja con George en su tienda de bromas, y ahora último se había hecho su novia—. Ella me sonrió amablemente, y yo le correspondí a su sonrisa.
—Hola, Angelina —la saludé.
—Hola, Alex —respondió.
—Hola, cielo —escuché la voz de la señora Weasley detrás de mí, yo giré y me encontré con unos brazos que me rodeaban, yo respondí el abrazo, ella siempre era muy cariñosa conmigo.
—Hola, ¿cómo está, señora Weasley? —pregunté.
—Muy bien, querida, pero yo te veo a ti mucho más delgada que la última vez, seguro no estas comiendo bien —Molly me dirigía una mirada por todos los ángulos, buscando una delgadez que para mi parecer no era para tanto.
Aunque debo de recocer que, si había bajado unos kilitos, pero seguro se debía a toda esa preocupación a la que he estado, la discusión con mis amigos, la última pelea con Malfoy, la madre de este con los absurdos preparativos de la boda y sus 45 tonos de blanco, me tenían mal y lo peor de todo es que mañana va a hacer horrible, en fin.
Suspiré.
—Eh, y Bill, Fleur y la pequeña Victoire—pregunté por la familia Weasley Delacour, para así cambiar de tema de conversación.
—Bill, Fleur y Victoire, regresaron hace una semana a su casa —contesto la señora Weasley.
—¿Y Charlie, Harry y Ginny? —pregunté al no verlos en la casa.
—Oh, Charlie regreso a Rumania dos días después de la boda de Hermione y Ron. Y Ginny y Harry ya se mudaron a la casa que era de los padres de Harry, ya está reconstruida, si tan solo la vieras es una casa muy acogedora —contestó la señora Weasley, mientras se dirigía a la cocina.
Asentí.
No sabía si preguntar o no, no tendría nada de malo si preguntaba, además era por educación.
Sí, claro, por educación, dijo mi subconsciente.
—¿Y Percy? —pregunté con más emoción de la que hubiera querido mostrar.
George rió y Angelina sonrió.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—No lo sabes —dijo George, todavía riendo.
Negué con la cabeza confundida.
—Está trabajando, querida, no le hagas caso a George —contestó la señora Weasley saliendo de la cocina.
—Ya —susurré, pero aun veía como George y Angelina se sonreían con complicidad.
—Sí, está trabajando —dijo George—, estos últimos 8 meses le gusta trabajar más de lo habitual en él —siguió hablando, pero notaba un poco de sarcasmo en su tono de voz—, sobre todo cuando tiene de asistente a Audrey Razick, una hermosa chica estadounidense de 21 años, de cabellos lisos y negros, piel clara y ojos color celestes, la cual es su novia hace 6 meses y muy pronto su esposa —terminó riendo.
¡¿QUÉ?! —grité internamente— Novia, futura esposa. ¿Pero qué está diciendo George? Eso no puede ser cierto. Nadie me dijo que Percy tenía novia. No, no es cierto. No por supuesto que no es cierto. Esto solo es una típica broma de George, nada más. No. Percy no puede tener novia, y mucho menos casarse.
—Alex, ¿te sientes bien? —escuchaba una voz a lo lejos.
—Eh —dije confusa.
—¿Te sientes bien? —repitió la misma voz. Cuando miré al frente me di cuenta de que era la señora Weasley.
—Sí —susurré.
—Pero estás pálida —dijo George, quien ya no sonreía. Angelina también estaba cerca de mí y me miraba con preocupación.
—Porque no te sientas un momento, quizás la aparición te ha sentado mal —dijo Angelina, pero parecía que ni ella misma se creía lo que había dicho.
Caminé como monótona y me dejé caer en el sofá.
Quería llorar, quería gritar —pero no podía, o si no me descubrirían mis verdaderos sentimientos hacia Percy—, mi corazón me dolía horriblemente. Como nunca me había dolido antes.
Alguien me dio un vaso con agua, y yo lo tome enseguida. Tome un sorbo porque sentía mi boca muy seca, el agua me refresco un poco.
—¿Te sientes mejor? —preguntó Angelina.
—Sí. Creo que se me bajo la presión —mentí.
—Ah, qué bueno que fue eso, yo creía que te había afectado el tema de Percy y su futura esposa —dijo George.
—Oh, George, deja de decir tonterías —lo regaño su madre.
Trate de sonreír.
—No, por supuesto que no fue por eso, y me alegra que Percy se vaya a… casar —me costó mucho decir esa última palabra.
—Solo ayer Percy nos habló de que le iba a proponer matrimonio a Audrey, y me imagino que si...
Después de eso ya no preste más atención a las palabras de la señora Weasley, trate de pensar en otras cosas. No sé cuánto tiempo pase así.
—… cariño estás segura de querer casarte mañana con ese chico Malfoy —esas palabras me sacaron de mi ensoñación.
—Eh, por supuesto que sí, yo lo amo —mentí descaradamente.
George y Angelina hicieron una mueca extraña.
—Bien, entonces mañana todos te estaremos acompañando en tu boda —dijo la señora Weasley.
Fingí una sonrisa.
—Alex, te quería ensañar un nuevo artículo que hemos inventado Angelina y yo —dijo George.
Los tres nos paramos y nos dirigimos a la habitación que había sido de él y de Fred en su tiempo, mientras que la señora Weasley decía que iría a preparar el almuerzo.
En mi cabeza solo resonaban las palabras, “Percy”, “novia”, “Audrey”, “se va a casar” y “futura esposa”.
Pase parte de la mañana muy dispersa, solo sonreía o respondía con monosílabos a George y a Angelina cuando me mostraban sus nuevos inventos. A mí siempre me gustaban sus nuevos artículos, pero ahora con eso de Percy y su novia, nada más no me concentraba en nada de lo que me decían.
Realmente estaba muy triste.
—Chicos a almorzar —nos llamó la madre de George.
Ambos bajamos al comedor. Pero apenas habíamos puesto un pie ahí, cuando de pronto sentimos un ruido. Giramos ahí parados muy sonrientes y abrazados estaban mi hermana y mi cuñado Ron.
—Hola a todos —dijeron al unisonó Hermione y Ron.
Yo corrí y los abracé.
—Hola, Alex —dijo mi hermana, quien me abrazo con mucha fuerza.
Luego de los saludos correspondientes. La señora Weasley sirvió el almuerzo, y mientras comíamos el nuevo matrimonio Weasley Granger nos empezaron a contar sobre su corto viaje de bodas. Ron había llevado a mi hermana a Francia, dijo que Fleur lo ayudo con los mejores sitios turísticos de Francia mágico.
Veía a Ron muy feliz y a mi hermana la veía radiante, sonreía a cada minuto. Se notaba que la vida de recién casada le sentaba muy bien.
En la tarde Hermione se me acercó y paso su brazo por mis hombros.
—¿A ti que te pasa? —me preguntó.
—Nada —respondí.
—Así, pues a mí me pareció que has estado muy callada.
—Imaginaciones tuyas —mentí—. Bueno, tal vez se deba a los nervios de un día antes de la boda, es normal, ¿no? —agregué.
Mi hermana abrió los ojos como plato.
—¿Los nervios de un día antes de la boda? —preguntó sorprendida.
Asentí.
—¿Qué me estas tratando de decir? Que tú y Malfoy mañana…
—… mañana me caso —terminé la frase por ella—. Pero no te preocupes, ya todo está listo, y el vestido es hermoso, solo tienes que verlo para que estés de acuerdo conmigo —comenté como si nada.
—Me dices que mañana te casas y a tú piensas que me preocupa si todo está listo para mañana o no —medio gritó, y todos voltearon a vernos.
Ah, oh, Hermione está enojada.
—Por favor no hagas un drama de esto. Digo tú ya estas formando tu nueva familia, déjame a mí hacer lo mismo —le susurré.
Hermione negó con la cabeza.
—Creí que te casarías dentro de unos meses, por eso te dije antes de irme que lo organizaríamos todo cuando yo regresara, pero tú me tenías esta sorpresita muy bien guardado, ¿no? —tenía en ceño fruncido.
Ron se acercó a nosotras.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—Pasa, que Alex se va a casar mañana —gritó.
Ron me miró sorprendido.
—Oh, vamos. Por favor no querrás discutir, ¿verdad, Hermione? —le dije en tono de aligerar la tensión.
No funciono.
Hermione no cambio su expresión de enojo de su rostro.
—¿Por qué te quieres casar tan pronto? —preguntó Ron.
—Porque lo amo, cuantas veces quieren que lo diga —volví a mentir.
—Bien —dijo mi hermana—, te llevaré a casa.
Ya entendía ese “te llevare a casa”, eso significaba un tenemos que hablar muy seriamente.
Nos despedimos de todos, pero Hermione dio un ligero beso en los labios a su esposo, para luego tomarme del brazo y aparecer en casa de mis padres.
—Ahora sí, Alexandra, dime porque te casas tan apresuradamente.
—Ya te lo dije. Porque amo a… Draco —me costó decir el nombre de ese rubio mal encarado.
—De verdad te casas porque lo amas, o porque tú y él… —no la deje terminar de hablar.
—Por favor, Hermione, como puedes pensar eso de mí —dije sonrojada—, yo no he tenido nada que ver con él o con ningún chico. Además, saca tus cuentas, si tú piensas que me estoy casando porque estoy embarazada, pues no es así, llevo saliendo con Draco desde poco más de un mes y después nos comprometimos. Y me caso con él porque lo amo —volví a repetí esa mentira—. Y si te preocupa el hecho de que no llegue virgen al matrimonio, pues déjame decirte que si lo soy.
—Está bien, está bien —me abrazo—, siento haber pensado mal de ti, Alex, tú eres una buena chica, por eso me preocupa que te estés precipitando al casarte. Pero si tú dices que lo amas y si Malfoy te ama a ti, entonces yo solo les deseo que sean muy felices, así como Ron y yo lo somos.
—Lo seremos —lo dije de una forma que pareció convencer a Hermione.
Desasimos el abrazo.
—Me dijiste que ya tenían todo preparado para mañana —habló mi hermana después de un par de minutos de silencio.
—Sí, ya está todo listo, la madre de Draco se encargó de enviar las invitaciones a todos los Weasley, a Luna, a Ginny y a Harry, y yo les entregue las invitaciones personalmente a Drake y a Ben. Y lo que pude ver de la decoración de la casa y el jardín, es hermoso y estoy segura de que te gustara.
Trate de hablar como una chica enamorada lo haría respecto a su boda.
Hermione me sonrió de una forma que me hizo recordar a mamá.
Nos volvimos a quedar en silencio.
—Creo que me quedaré esta noche para hacerte compañía, no creo que a Ron esto le moleste —dijo Hermione.
—Oh, no es necesario. Ve con tu esposo, Hermione, yo estaré bien.
—Pero…
—Anda, ve con Ron. Yo ahora haré mis maletas, luego tomare una ducha relajante y dormiré para mañana levantarme radiante —sonreí para darle más credibilidad a mis palabras.
—Está bien, entonces mañana vendré por ti para llevarte a la casa de Malfoy.
—Eso no será necesario Granger, oh, perdón, ahora Weasley —dijo una voz detrás de nosotras.
Ambas girábamos para ver de quien se trataba, aunque yo ya sabía quién era.
Era Narcisa Malfoy. La que mañana se convertiría en mi suegra por durante un año.
—Señora Malfoy —dijo mi hermana con el ceño fruncido.
—Vine a por tu hermana, creo que lo más adecuado sería que ella pasara la noche en la mansión Malfoy, y así mañana no habrá retrasos —como siempre esa mujer fue al grano.
—Estás de acuerdo con eso Alex —me preguntó Hermione.
—Sí —lo dije tan segura que hasta yo misma me sorprendí.
La rubia sonrió.
—De acuerdo, entonces, me imagino que mañana podre ir a su casa para ayudar a mi hermana a arreglarse —ahora Hermione se dirigió a la rubia.
—Claro, Gran…, perdón Weasley, es tu hermana, tienes ese derecho —contestó la rubia con poses aristocráticas.
—Bien, entonces yo me voy, buenas noches —se despidió de la madre de Malfoy, la cual con asentimiento de cabeza se despidió—. Adiós, Alex, mañana estaré contigo para ayudarte en todo lo que necesites —me dio un beso en la frente y luego desapareció.
Yo me quede mirado el lugar donde había estado Hermione.
—Bien, niña, es hora de irnos, aún tenemos que hacer los últimos ajustes en el vestido de novia que usaras.
—Señora —llamé su atención—, mi nombre es Alexandra, así que le pido con todo el respeto que no me llame “niña”.
—Está bien, por esta vez creo que tienes razón, no se vería bien que llamara a la esposa de mi hijo “niña”. Te llamaré Alexandra.
Asentí.
—Si gusta puede llamarme como todos lo hacen, Alex.
—Te llamare Alexandra, a mí no me gusta usar sobrenombres.
Asentí.
—Sí gusta puede sentarse señora. Yo iré a hacer mis maletas —le comuniqué.
—Voy contigo —dijo la rubia.
Me encogí de hombros.
—Como quiera.
Subió conmigo hasta mi habitación. Yo saqué las maletas y las puse sobre mi cama, empecé a meter mi ropa dentro de ellas. Cuando de repente toda la ropa se empezó a guardar por si sola. Me giré para ver a la señora Malfoy, y vi que tenía su varita levantada como si hubiera dicho un hechizo.
—Si lo hacías a la manera muggle te hubiera llevado horas —me dijo.
—Gracias —dije sarcásticamente.
Ya con las maletas listas, la rubia me dijo que tomara mis maletas porque nos íbamos a aparecer en su casa. Así lo hice, y en abrir y cerrar de ojos ya estábamos en el patio de su mansión.
Un elfo vino enseguida a llevar mis maletas, me imagino que la habitación donde iba a dormir.
—Entremos —me dijo la rubia.
—Podría quedarme un rato aquí, quisiera tomar un poco de aire —le pedí, a lo cual ella acepto.
Luego de que la señora Malfoy entrara a la mansión. Yo caminé hasta la entrada, y me siente en el primer escalón del porche.
Cerré los ojos y suspiré.
Todavía no era de noche exactamente, más bien era la hora del crepúsculo, el aire hizo que mis cabellos se ondearan y mi piel se puso un poco de gallina al sentir ese dulce frío.
Me quede pensando en que había tenido suerte de que Hermione no me preguntara acerca de la reacción que habían tenido Ben y Drake cuando se enteraron de que me voy a casar. Ni modo que le contara que ninguno de los me hablaba. Pero tengo el presentimiento de que ya se les pasara el enojo, porque por lo menos no me cerraron en la cara la puerta, cuando les fui a llevar la invitación de mi “boda”, sí, es ilógico que hiciera eso, pero yo quiero que brinden su apoyo en esto, así me sentiría más segura. Cuando les fui a llevar la invitación ambos pusieron mala cara, pero yo les recordé que estaría solo un año casada, y aunque no me prometieron de que irían, yo tengo la esperanza de que si estarán conmigo mañana.
De pronto otra vez se me vino a la cabeza de lo que me había enterado esta mañana. Percy tiene novia, y hasta está pensando en casarse, eso significa que yo nunca tendré esperanzas con él, seguramente para cuando yo esté divorciada de Malfoy, Percy ya será un feliz casado. Las lágrimas empezaron a caer de mis ojos.
Pero no, no debía llorar, en fin y al cabo yo sabía que esto algún día pasaría, sabía que Percy no iba a ser para mí, él nunca se mostró interesado en mí, pero claro que tonta, como se iba a fijar en mí cuando él solo me ve como su hermanita menor. Me seque las lágrimas con el torso de la mano.
Abrí los ojos, y miré el jardín con más detenimiento, algunos de los adornos ya estaban colocados, en verdad eran hermosos, aunque muy ostentosos a mi parecer, si de verdad me casara enamorada, esto lo vería como el paraíso, pero no es así.
Trate de pensar en otras cosas. Y como un flash se me vino a la cabeza el día que vi a Malfoy por primera vez, y fue en esta mansión, aunque en una situación muy penosa, cuando los carroñeros nos capturaron, luego Dobby nos ayudó a escapar de esta mansión, en donde el termino muriendo —sacudí mi cabeza de un lado al otro, no quería recordar al pobre Dobby muerto—. La segunda vez que lo vi fue en la batalla, cuando él y sus padres desertaban, pero luego de un momento a otro ellos regresaron, pero esta vez para pelear al lado de Harry, parecía extraño, pero al fin y al cabo ayudaron a derrotar a los mortífagos, y la tercera vez que lo vi fue en el juicio, donde Harry, Ron, Luna, mi hermana, los Weasley y algunos magos más que no puedo identificar declararon a su favor y por eso fueron absueltos, pero lo que nadie sabe es que yo también declaré a favor de ellos, claro que lo hice en la mismo despacho del ministro, y él al ver que yo no pertenecía al mundo mágico, considero que mi declaración era imparcial.
Y ahora me voy a casar con él, aun no puedo creerlo, yo Alex Granger, una muggle casándome con un mago sangre pura, solo para ayudarlos.
Respiré profundo.
Volví a mirar a mí alrededor y sonreí.
—Oye, mini Granger —esa era la voz de mi futuro “esposo”. Reconocería esa manera de hablar en cualquier parte, solo él y bueno sus padres tenían la costumbre de arrastrar las palabras al hablar.
Estaba detrás de mí.
—Vaya, así que vuelves a dirigirme la palabra —le contesté aun sin mirarlo.
—¿Qué haces aquí afuera? —me preguntó, ignorando mi comentario olímpicamente.
—Tomaba un poco de aire.
Dio unos cuantos pasos y se colocó frente a mí. Su mirada era seria.
—Pues ya es hora de que pases, mi madre quiere vayas con ella ahora.
Yo no me moví de donde estaba.
Malfoy tampoco, pero luego hizo algo que me sorprendió, me tendió su mano para que la tomara, así ayudarme a incorporarme.
Acaso lo está haciendo en serio, o solo es una broma, para que cuando la tome él me suelte y yo caiga. Miré detenidamente su mano y luego lo miré al rostro. Parecía que lo hacía en serio, se estaba comportando como un caballero conmigo, pero aun así él seguía con esa cara de seriedad.
Después de pensarlo unos minutos tomé su mano, y él me ayudo a pararme.
—Gracias —susurré.
No me contestó. Pero tampoco me soltó de la mano en todo el camino hasta llegar a una habitación en donde me esperaba su madre.
—Madre —dijo Malfoy en cuando entramos a la habitación.
La rubia estaba acompañada de la diseñadora de modas que se había encargado de hacer el vestido.
—Las dejaré solas —dijo Malfoy, y luego se retiró de la habitación.
—Bien, ya te habías demorado, Alexandra —recalcó la madre del rubio.
—Ya estoy aquí señora, que necesita —dije—. Buenas noches —saludé a la diseñadora.
Ella asintió y sonrió.
—Es necesario que te pruebes el vestido para hacerle los últimos arreglos —dijo la rubia.
—Pero me lo probé hace dos días y todo estaba perfecto.
—Señorita Granger, solo vuelva a probárselo, las novias siempre adelgazan en los últimos días, y aunque solo haya pasado dos días como ha dicho, le aseguro que hará falta hacerle unos arreglos más.
—Está bien —acepté no de muy buena gana.
Ya con el gran vestido puesto, me di cuenta de que lo que dijo la diseñadora era cierto, ahora sentía que en la parte de mi cintura estaba suelta. Y así se lo hice saber a Danna, la diseñadora.
Danna murmuró un hechizo a la vez que movía su varita, y el vestido sorprendentemente se entallo a mi cuerpo, como si fuera otra piel.
Luego de hacerle otros pequeños ajustes al vestido, me lo quité y me puse un albornoz, la diseñadora salió de la habitación, pero la madre de Malfoy se quedó.
—Esta será tu habitación por ahora —¿Qué querría decir con que “esta será mi habitación por ahora”? decidí no darle importancia—. Dentro de una hora es la cena, espero que estés lista para entonces —dijo la rubia dispuesta a salir de la habitación.
—Esperé, señora —la rubia se detuvo—, me podría disculpar por esta noche, pero es que no tengo hambre y aparte me siento cansada —me excusé, la rubia me miró seria.
—Bien, solo por ahora lo pasaré por alto que no nos acompañes a la mesa, pero desde que te conviertas en la esposa de mi hijo, una de tus obligaciones será acompañarnos a la mesa, como la próxima señora Malfoy, ¿entiendes?
Yo solo asentí, no tenía ganas de reclamar nada.
La señora Malfoy también asintió y luego salió de la habitación, dejándome sola.
Después de que la rubia me dejara sola, observe con detenimiento la habitación, todos los acabados y la decoración eran lujosos, y que decir de la cama, los veladores, el tocador y el closet, creo que nunca había visto tantos lujos y eso que mi familia también es de buena solvencia económica.
Decidí no perder más mi tiempo viendo la habitación y me encaminé a una de las puertas que yo supuse era el baño. No me equivoque, efectivamente ese era el baño. Pero si la habitación me había parecido muy lujosa, el baño no se quedaba atrás.
—Guau —exclamé. El baño no solo era lujoso, sino también que muy pulcro. Olía como a jabones de flores exóticas.
—Ya está lista la tina, ama —dijo una criatura pequeña, haciendo una reverencia.
—¡Aahhh! —grité de susto.
No me había percatado de su presencia.
—Oh, Buddy no quiso asustar a la ama —dijo un elfo doméstico, esta pequeña criatura era muy joven, más joven de todos los elfos que había visto en mi vida.
—No te preocupes, además fue mi culpa, yo estaba distraída.
—Buddy, solo vino a prepararle el baño a la nueva ama, porque la ama Narcisa le ordenó a Buddy que lo hiciera. Buddy debería castigarse por asustar a la nueva ama.
—No. No lo hagas, ya te dije que fue mi culpa —le consolé al verlo tan apenado.
El elfo me miró aun pesar.
—La nueva ama es muy buena y amable con Buddy —susurró—, desde este momento Buddy le será muy fiel y obediente.
—Yo no soy tu ama —le aclaré—. Mi nombre es Alexandra, pero tú puedes llamarme Alex.
—Oh, no, no —Bubby empezó a negar con la cabeza, asustado—, Buddy nunca llamaría a sus amos por su nombre es una gran falta de respeto.
—Bien, bien —dije al verlo a punto de soltarse a llorar—, puedes llamarme como quieras.
Buddy asintió mirando al suelo.
—Buddy dejara sola a la ama para que tome su baño —hizo una exagerada reverencia y luego desapareció.
Me quede para en el mismo lugar por unos minutos.
Luego reaccione y cerré la puerta del baño, caminé hasta la tina, me despoje del albornoz y de mi ropa interior, para después meterme a la tina. El agua estaba calientita y la espuma del jabón tenía olor a flores, de ahí provenía el olor que sentí cuando entré al baño. Cerré los ojos y me relajé con la reconfortante agua, mis músculos se relajaron, y por lo menos todo el tiempo que estuve en la tina no pensé en nada.
Cuando salí de la tina tenía mi piel arrugada, cuanto tiempo habré estado ahí dentro quizás más de una hora. Me volví a poner el albornoz y salí del baño. Luego busque en unas de las maletas mi ropa interior y mi pijama.
Me demoré en encontrar lo que estaba buscando, es que eran cuatro maletas y además yo no las había hecho. Pero cuando encontré lo que buscaba me puse la ropa interior y un pijama que constaba de un mini short y un top.
Me miré en un espejo de cuerpo completo que había al costado del closet, estaba un poco descubierta, pero luego caí en la cuenta de que todos mis pijamas eran de ese tipo.
Maldije internamente.
—Lo único bueno de todo esto es que Malfoy y yo dormiremos en habitaciones separadas y él nunca volverá a ver vestida así —susurré.
¿Por qué íbamos a dormir en habitaciones separadas, no?, me pregunté. Claro que sí, no creo que Malfoy quiera compartir la cama con una muggle como yo, me respondí.
Dejé de mirarme en el espejo, y caminé hacia la cama para dormir de una buena vez. Pero cuando estaba levantando la cubre cama de una tela muy fina que no pude saber su nombre, escuché una voz de mujer, era una voz un poco chillona, o lo escucharía así porque parecía que le rogaba a alguien. Definitivamente esa voz no respondía a Narcisa Malfoy, la madre del oxigenado.
Draco por favor no lo hagas, no me hagas esto —decía esa voz, mucho más fuerte de lo normal.
—Ya, cállate, me estas cansando —gritó la voz de Malfoy, parecía enojado.
Por favor no lo hagas, no lo hagas —gritó esa mujer.
—Cállate —volvió hablar Malfoy, pero esta vez el tono de su voz era siseante—, deja de gritar.
Ya no pude contener más mi curiosidad, caminé hasta la puerta y muy despacio la abrí, y me asomé. En el ancho pasillo me encontré a Malfoy de espaldas y una mujer como como de su edad que trataba de abrazarlo, pero él no se dejaba.
Esa mujer se me hizo conocida, era delgada, de cabellos lacios castaño oscuro, ojos verdes, y piel clara. Sí, en verdad se me hacía muy conocida, pero no recordaba de dónde.
En un momento la mirada verde de esa mujer se encontró con la mía. Ella se sorprendió al verme, pero luego me dedico una mirada envenenada para después sonreír y besar a Malfoy en los labios.
Sentí la ira recorrer por mis venas.
¡Maldito Malfoy!, me reclama a mí para que le sea fiel, pero él no lo es.
Ya no quise seguir mirando más, no vaya a hacer que para colmo ellos me descubran espiándolos, aunque claro esa “mujer” ya me había visto. Así que me metí a la habitación y cerré la puerta del mismo modo como lo abrí, despacio.
Caminé hacia la cama y ahora si me acosté en ella. Apagué la luz de lámpara y cerré mis ojos.
No podía dormir, lo único que hacía era dar vueltas en la cama, tal vez se deba a que no era mi cama, o tal vez no. Pero en un momento me quedé dormida, recuerdo que tuve pesadillas, soñaba con mi boda, que luego se transformaba en la boda de Percy con esa chica Audrey, casi toda la noche mi sueño fue en que Percy se casaba con otra y yo me quedaba como muerta en vida.
Desperté con una voz familiar.
—Alexandra —dijo una voz fuerte de una mujer.
Abrí los ojos lentamente, parpadeé para acostumbrándome a la luz del sol que entraba por las ventanas, puesto que las cortinas habían sido abiertas de par en par.
Parada junto a la cama estaba Narcisa Malfoy —con el rostro serio— y Danna.
—¿Qué sucede? —pregunté aun soñolienta.
—Ya son las 10 de mañana y la ceremonia se llevará a cabo a las 2 de la tarde, y tú aun no te levantas, no sabes cuantas cosas tenemos que hacer —me regañó la rubia.
¡Oh, por Dios!, hoy día es mi gran boda, hoy día me amarro por durante un año completo a Draco Malfoy.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo.
—¿Qué haces todavía acostada? ¡Levántate! —me urgió mi futura suegra.
Yo estaba aún sin moverme de la cama, mientras veía a Danna revoloteando por la habitación, creo que me pareció ver que tenía en las manos un juego de lencería como el que prácticamente le obligamos usar Hermione el día de su boda.
¿Pero qué demonios?, yo no pienso usar eso, me dije internamente.


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