miércoles, 13 de junio de 2018

Noche de bodas

POV Autora
El carruaje hizo su aterrizaje luego de una media hora, en un lugar inimaginable. A simple vista parecía ser un castillo, pero era un hotel, un hotel muy lujoso.
La puerta del carruaje se abrió del lado de Alex, la chica se disponía a bajar, pero antes de que pusiera un pie en el suelo, vio una mano pálida delante de ella, Alex miró a la persona que se estaba ofreciendo a ayudarla. Era Draco, su esposo. Ni cuenta se había dado de que Draco ya había bajado del carruaje, miró fijamente al rubio, y luego volvió a mirar la mano extendida de este, y la tomó para no parecer maleducada. Es más no debería tratarlo mal, puesto que Draco la había tratado bien, o por lo menos no le había salido con ningún comentario desagradable como tenía costumbre.
Las pertenencias de los nuevos esposos Malfoy levitaron hasta posarse en suelo, el carruaje salió volando nuevamente, pero de eso no se percató Alex.
Puesto que apenas Alex bajo del carruaje, se quedó maravillada con la vista del hotel. Nunca había visto algo tan hermoso, ni en sus mejores sueños.
—Es hermoso —dijo Alex, con ojos brillantes—. En mi mundo nunca he visto algo parecido.
—En tu mundo no existen estas cosas —contestó el rubio con arrogancia.
Alex no le prestó atención, porque seguía admirando el hotel.
Draco solo sonrió ligeramente. Aunque todo eso de pasar su “noche de bodas” en ese hotel, le parecía demasiado para una farsa.
—Vamos —dijo el rubio tomando de la mano de la chica que tenía sobre un brazo la cola del vestido de novia.
Alex miró hacia atrás.
—¿Y el carruaje? —preguntó al solo ver sus cosas en el suelo.
—No creerías que se iba a quedar ahí para siempre —ironizó el rubio, Alex hizo un gesto de molestia—. Vamos —repitió.
—Pero ¿y nuestras cosas? —volvió a preguntar la castaña.
—Aparecerá en nuestra habitación —contestó Draco, arrastrando a Alex hacia el hotel.
¿Acaso dijo nuestra habitación?, pero…, cierto, es nuestra noche de bodas, pensaba con pesar Alex.
Ya dentro del lujo hotel, Alex se quedó más impresionada aún. Si por fuera era hermoso, por dentro no encontraba la palabra perfecta para definirlo.
Era realmente muy lujoso, tenía adornos que parecían hechos de cristal, los muebles parecían ser de una madera muy fina. Y hasta los propios uniformes y las túnicas del personal, parecían ser de una tela muy fina.
—Bienvenidos, y muchas felicidades por su unión, señores Malfoy —dijo el hombre que atendía.
—Gracias —dijo el rubio con una gran sonrisa como si de verdad le emocionara estar casado con la hermana de la heroína de guerra.
En cambio, Alex sonrió quedamente. Aun no se acostumbraba a que la llamaran por el apellido del rubio.
—Si me permite decirlo, señor Malfoy, tiene usted una esposa muy guapa —dijo el hombre que atendía.
Draco frunció el ceño.
—¿Cuál es el número de nuestra habitación? —preguntó Draco, para no seguir hablando de su esposa.
—Habitación 133 —dijo el hombre de sonrisa amable, el rubio tomo una especie de llave, que le entregaba el encargado—, que tengan una bonita noche —dijo con una sonrisa pícara el encargado.
Alex se sonrojó violentamente.
—Lo será —respondió el rubio, volviendo a tomar la mano de Alex.
Caminaron hacia un costado y ahí estaba un ascensor, pero mucho más lujoso y moderno que el del ministerio.
El ascensor hizo una especie de ruidito cuando llegaron al piso indicado. La pareja salió del ascensor y empezaron a caminar hacia la habitación con el número 133 que estaba en doble relieve con oro.
Por fin, pensó Alex.
Ella solo quería quitarse el vestido de novia, la tiara, el velo, y esa absurda ropa interior que la obligaron a usar, y ponerse un cómodo pijama y dormir mucho. Aunque esa tarea seguramente sería imposible teniendo al rubio ahí junto a ella, puesto que primero tendrían que discutir por algo.
Mientras Draco abría la puerta con esa especie de llave.
Y sin previo aviso Draco tomó en brazos a Alex.
—¿Qué haces? —le preguntó la chica a su rubio esposo.
—Cállate —le susurró el rubio, pasando con ella en brazos a la habitación.
Ya dentro de la habitación Draco bajo a la chica.
—¿Por qué hiciste eso? —preguntó Alex, mirando a Draco seria.
Draco rió. Y Alex frunció el ceño.
—Creí que esa tradición muggle te gustaría —contestó el rubio cuando dejo de reír.
—Eso no era necesario, puesto que todo esto no es más que una farsa.
—Que nos queremos, si es una farsa, pero la unión fue verdadera —aclaró Draco—. Y no solo te cargué por esa estúpida tradición muggle, también lo hice porque nos están vigilando.
Alex parpadeó.
—¿Cómo? ¿Nos están vigilando? ¿Quién? —preguntó.
—Kingsley, los periodistas. ¿Qué acaso no te das cuenta? —Alex no contestó—, tu silencio me da entender que no te has dado cuenta, pues escúchame bien, nos están vigilando para cerciorarse de que nuestra boda es verdadera, querían ver si dormimos en habitaciones separadas o en una sola. Parecen unos buitres rondando un muerto.
Alex se estremeció.
—No puedo creerlo —dijo la chica.
—Pues créelo —dijo Draco, caminando hacia el balcón.
Alex miró al rubio, y luego miró la estancia —un escalofrío recorrió su espalda al darse cuenta de ese pequeño detalle— había solo una cama matrimonial. No podía ser, tendría que compartir la cama con el rubio arrogante.
Que estúpida al pensar que podría haber dos camas.
Siguió mirando la cama —que tenía una cubrecama de una fina seda de color crema— como queriendo separarla a la mitad con la mirada.
—¿Qué tanto miras? —le preguntó Draco, al verla como ida.
—Hay una sola cama —contestó Alex, sin darse cuenta.
Draco volvió a reír.
—No me digas que pensaste que iban haber dos camas —se burló.
¡Maldición!, ¿Cómo lo adivino?, pensó la castaña.
—Idiota —murmuró Alex, al ver al rubio con una sonrisa.
Draco no le prestó atención.
—Vas a tener el honor de compartir la cama conmigo —dijo arrogantemente el rubio—, las muggles nunca han tenido ese honor, tú eres la primera, y espero y seas la última.
Alex tenía sus manos hechas puños.
—¿Honor? Preferiría dormir con un perro callejero —contestó Alex.
Draco dejó de sonreír para fruncir el ceño.
—¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera? —siseó.
La chica no sonrió, y Draco se dio cuenta de eso, pero también se dio cuenta de que no quitaba la vista de la cama, y de que cada vez se iba sonrojando más.
Draco sonrió.
—Pero que veo —dijo Draco, acercándose a Alex—, ¿acaso te estas sonrojando? —preguntó fingiendo inocencia.
Alex al verlo ya muy cerca de ella, empezó a retroceder, pero sin darse cuenta iba retrocediendo hacia la cama.
—No, no estoy sonrojada —dijo en un hilo de voz.
—Así, pues yo te veo muy sonrojada, y me pregunto cuál será el motivo —Alex retrocedía y Draco se acercaba más a ella.
—No te me acerques —dijo Alex al ver que ya no tenía más espacio para retroceder.
—¿Por qué no quieres que me acerque? —dijo Draco.
La castaña abrió y cerró la boca, no le salían las palabras por lo nerviosa que estaba al tener al rubio muy cerca de ella.
Draco se aprovechó de su silencio, la tomó de la cintura y le susurró al oído.
—Vamos, responde, ¿por qué no quieres que me acerque? —insistió.
—Suéltame —exigió la chica, pero su voz no sonó como una exigencia, más bien como una súplica.
—No —contestó el rubio. Puesto que se le había ocurrió una fantástica idea para molestar a su esposa.
—Suéltame —repitió Alex.
—Ya te dije que no lo haré —susurró el rubio, en el oído de Alex. Para luego tirarla en la cama, con el cayendo encima de ella.
Alex soltó un gritito por la sorpresa.
—¿Qué haces? —dijo nerviosamente Alex.
Draco no respondió, pero empezó a besar el cuello de la castaña. Alex al sentir los labios del rubio en su cuello dejo de moverse, su respiración se aceleró, pero luego de unos segundos, trato de alejar al rubio de ella, poniendo las manos en el pecho de Draco, para empujarlo.
No lo logró, Draco era mucho más pesado y fuerte que ella.
—¿Qué pasa, mini Granger? ¿Te estás poniendo nerviosa? ¿Acaso yo te pongo nerviosa? ¿O es que me tienes miedo? —volvió a susurrar en el oído de la chica.
—No te tengo miedo —trato de decir lo más claramente posible.
—¿Así? Pues no lo parece —contestó el rubio, ahora acariciando de la cintura a las caderas de la castaña.
Alex se estremeció al sentir las caricias de Draco.
—Te lo digo por última vez, suéltame ahora, o si no…
—¿O si no, qué? —la reto el rubio, con voz arrogante.
—O si no te golpearé, no por nada tome clases de Tai Chuan Do —lo amenazó.
Draco rió. No sabía lo que significaba eso, pero el nombrecito le sonó ridículo.
—Antes de que intentaras si quiera tocarme, yo te lanzaría un Imperius y harías lo que yo quiero con tu consentimiento o sin él.
Alex lo miró con los ojos muy abiertos.
—No te atreverías —susurró.
—No me provoque entonces.
Ambos se quedaron en silencio unos segundos, hasta que Alex habló.
—Quítate de encima.
—Porque lo haría —dijo volviéndola a acariciar—, además quiero tener una noche de bodas autentica —Alex se quedó como petrificada, y mientras Draco ahora besaba los hombros de la chica.
—¡NO! —gritó Alex, tratando de empujarlo.
—¿Qué pasa? Cualquiera diría que eres virgen y que estás aterrada por tu primera vez —dijo Draco, con fingida amabilidad.
—Pues no soy… virgen, pero yo solo me… acuesto… con quien yo… quiero… y yo no te quiero…
Draco rió, y se levantó, dejando a Alex libre para que ella también se levante de la cama.
—En serio me creíste que quería tener una noche de bodas atentica —volvió a reír—, yo no me acuesto con muggles.
—Estúpido —dijo Alex, parándose de la cama, y empujando al rubio al pasar por su lado.
—¿Y ahora por qué estás enojada? —preguntó Draco—, porque te dije que no me acuesto con muggles y te deje con las ganas.
Alex no le contestó nada, caminó hacia donde estaban sus maletas, cogió la pequeña, donde guardaba sus pijamas y se metió al baño, poniendo el seguro a la puerta.
Se apoyó en la puerta y se fue resbalando hasta quedar sentada en el suelo.
—Eres un idiota, estúpido, imbécil y tarado Draco Malfoy —repetía Alex, mientras lágrimas de nerviosismo caían de sus ojos.
Luego de un par de minutos se levantó del piso y camino hacia el espejo. Vio su reflejo, sus ojos estaban rojos por el llanto, y aun llevaba la tiara, y el velo de novia. Se lo quito de inmediato, dejo la tiara en una esquina del extenso lavabo, en cambio el velo lo dejo caer al suelo.
Con mucho esfuerzo logro bajar el cierre del vestido, este se deslizo hasta l suelo, apenas bajo el cierre, se quitó los zapatos, y fue directo a abrir el grifo de la tina, y mientras el agua se iba llenando, Alex iba echando jabón líquido en la tina, por último, se quitó la lencería fina que usaba y se metió en la tina.
Luego de unos minutos dentro de la tina, ya se encontraba más relajada. Cuando salió de la tina envolvió su cuerpo con una de las toallas que encontró en el perchero.
Abrió la maleta que había metido al baño, para buscar su ropa interior y uno de sus pijamas, pero lo que encontró la sorprendió. Sus pijamas que siempre solía usar habían sido reemplazados por camisones cortos y escotados, beibidores transparentes que no dejaban nada a la imaginación. Y encima de un beibidor de color verde esmeralda con negro había una nota, sin firma.

Espero que aprecies este regalo. Te sugiero que tu primera noche con Draco, uses este conjunto, ya sabes, a él le gusta mucho el verde y el negro.

—¿Quién pudo haber cambiado mis pijamas? —se preguntaba Alex.
—Hermione. No, no lo creo.
Hasta que luego recordó las palabras de una pelinegra.
“Espero que te diviertas esta noche”, le había dicho.
Parkinson, voy a matarte —susurró la castaña al ver el beibidor verde y negro que había en su maleta.
Alex no sabía qué hacer, pero era un hecho que no iba a salir con esa corta toalla del baño, pero tampoco quería ponerse uno se esos supuestos “pijamas”.
¿Qué hago? ¿Qué hago?, pensaba.
Miró nuevamente el contenido de su maleta, en el fondo creía que todo eso desaparecería y sus otros pijamas volverían, pero nada sucedió. Entonces armándose de valor, tomo el camisón, y la corta bata para ponerse encima, al menos eso era mejor que los beibidores.
Primero se colocó la rapa interior —que era también muy descarado— y encima se puso el camisón y la bata de color negro.
Pero se tuvo que armar con más valor para salir del baño, guardo la lencería que se había quitado en la maleta y cogió el vestido, el velo y la tiara antes de salir del baño.
Dejó la maleta en el suelo, y el vestido y el velo lo dejo sobre un pequeño sillón, la tiara lo dejo en una cómoda.
Draco la miraba entre sorprendido y divertido.
—¿Pretendes provocarme para que cumpla con mis obligaciones de esposo esta noche? —preguntó el rubio, sin quitar su vista de Alex.
Alex se sonrojó.
—No seas idiota —le dijo—. Yo no tengo la culpa de que hayan cambiado mis pijamas.
—¿Cambiaron tus pijamas? ¿Quién? —preguntó el rubio.
—No lo sé —mintió la castaña.
Fue la cerebro de troll de Parkinson, pensó Alex.
Draco la seguía mirando. Tenía que reconocer que su esposa no estaba mal.
Lástima que es muggle, pensaba el rubio.
—Ya deja de mirarme —dijo Alex, acostándose en la cama rápidamente y cubriéndose con el edredón.
Draco sonrió y se dirigió al baño, para tomar una ducha.
Cuando salió del baño —con su pijama de seda negro ya puesto— se encontró con Alex profundamente dormida. Así que se acostó en el otro lado de la cama. A pesar de todo el alboroto de la boda, no tenía sueño. Solo se dedicó a mirar el techo, y de vez en cuando a la castaña que tenía a su lado.
El rubio nunca imagino estar casado con la hermana de la sabelotodo de Hogwarts, es más ni siquiera sabía que tenía una hermana. Una hermana, que según Draco era mucho más hermosa que la sabelotodo, pero también era más aniñada en ciertos casos, algo que lo sacaba de quicio.
Pero después de esa pequeña broma que le jugó a Alex, solo para divertirse y también vengarse por sus tonterías de niñita —según el rubio— no le deja de rondar en la cabeza una pregunta, ¿mini Granger será aun virgen? Creo que sí, porque se puso muy nerviosa cuando pensó que yo quería tener una noche de bodas autentica.
Pero ahí no encajaba algo, Alex le había dicho días antes de su boda que había tenido muchos amantes, pero si hubiera sido así, no hubiera estado tan nerviosa cuando Draco estaba sobre ella.
Ya lo averiguaría, tenía todo un año para averiguar si lo que le dijo “su esposa” era cierto o no.
Ese fue el último pensamiento de Draco, porque luego el sueño vino a él.

***

Los rayos del sol entraron por el balcón, era una luz tan clara que alumbraba toda la lujosa habitación.
Draco fue el primero en despertar, parpadeó un par de veces para acostumbrarse a la luz. Trato de moverse, pero sintió algo cálido y ligeramente pesado sobre su pecho.
¡Qué demonios!, dijo internamente.
Fijo su vista hacia su pecho, y lo primero que vio fue una espesa cabellera castaña con ondas, uno de los brazos de la chica estaba sobre el estómago del rubio.
Draco trato de moverse para levantarse, pero lo único que consiguió fue que Alex lo abrazara más.
—Mini Granger —dijo Draco moviéndola, pero la chica no despertó.
Draco se quedó mirando un momento a la castaña. Tenía su rostro completamente relajado, hasta le pareció tierna.
Sí, eres hermosa, pero tu infantilismo no lo soporto y tampoco que seas muggle —pensaba Draco— ¿Por qué me abraza? Si a noche no querías ni que me acercara.
Draco nuevamente no pudo evitar quedarse mirando a su esposa sobre su pecho.
¿Pero qué demonios se supone que estoy haciendo?, se reprendió el rubio. Es la hermana de la sabelotodo, y para lo único que me sirve para divertirme.
—¡DESPIERTA, MINI GRANGER! —dijo el rubio hablando unas cuantas octavas más fuertes, y haciendo que la chica que estaba abrazándolo, pegara un salto, pero aun sin soltarlo.
—¿Qué sucede? —preguntó Alex, muy confundida. Aun no se daba cuenta de que abrazaba al rubio.
—¿Qué sucede? —repitió el rubio—, lo que sucede es que no sabía que estuvieras tan desesperada —sonrió con su típica sonrisa arrogante.
—¿Por qué dices…? —la castaña no termino de formular la pregunta, porque se dio cuenta de que abrazaba al rubio. Soltó un gritito a la vez que se alejaba lo más posible del rubio.
Draco se sentó en la cama y cruzo sus brazos sobre su pecho, con una sonrisa socarrona.
—Yo… yo lo… hice… incon-conscientemente —Alex tartamudeó un poco al hablar.
—Y eso me da a conocer tus más bajos deseos, mini Granger, pero abrazarme en medio de la noche tan solo para insinuarme lo quieres, no te resulto. Pero tal vez ahora esté dispuesto a cumplirte tus deseos —Alex estaba cada vez más sonrojada—, tan solo tienes que quitarte toda la ropa y… —Draco pudo tomar la mano de la castaña antes de que esta impactara en su mejilla—, un mal movimiento, ten cuidado no te vayas a lastimar —siseó el rubio, a la vez que aplastaba más la muñeca de Alex.
—Me lastimas —se quejó la castaña.
—Te lo dije una vez, no te atrevas a levantarme la mano, o te irá mal —la amenazó.
—Ya suéltame —exigió Alex, forcejeando.
—Te explicaré como son las cosas de ahora en adelante, si quieres ser tratada como una princesa, entonces harás todo lo que yo te diga y si no…
—¿Y si no qué?
—O si no, que te parece ser encerrada en la mansión Malfoy, vigilada las 24 horas al día.
—¿No te atreverías? Hermione, Ron, Harry y todos los Weasley preguntarían por mí —dijo Alex, muy preocupada de que Draco podría cumplir su promesa.
—No, si invento una buena historia antes —rebatió el rubio.
Alex sintió un escalofrío por su espalda.
—Suéltame —repitió, y esta vez Draco la soltó. Se levantó de la cama y se directo al baño.
Minutos después salió del baño elegantemente vestido con sus típicos trajes negros, y su cabello rubio perfectamente peinado.
Alex seguía en la cama, pensando en lo que le había dicho el rubio.
No, él no se atrevería a encerrarme, sería muy sospechoso, pensaba la castaña.
Draco la miraba a través del espejo.
—¿Qué haces todavía en la cama? —espetó Draco—. Vamos, levántate y alístate, porque debemos ir a desayunar y seguir con nuestra actuación.
Alex se levantó de la cama como una autómata, aun le rondaban las palabras de Malfoy en cabeza. Cogió su otra maleta y se metió al baño, puso el seguro en la puerta —algo completamente absurdo, porque sabía perfectamente que si el rubio quería con un solo hechizo abriría la puerta— y se dio una rápida ducha, cepillo su cabello, se puso su ropa interior, un vestido color crema y por último se calzo unos zapatos de tacón del mismo color del vestido.
—Ya era hora de que salieras —dijo Draco, desde el balcón.
Alex no dijo nada.
—Vamos a desayunar y después de eso nos iremos.
—¿Irnos? ¿A dónde? —preguntó Alex.
—A nuestro viaje de recién casados, a nuestra luna de miel —ironizó el rubio—. Y por favor sonríe un poco, como si hubieras disfrutado tu noche de bodas.
—Cretino —murmuró la castaña.
El rubio la cogió de la mano y antes de salir por la puerta, le dijo:
—Te escuché perfectamente, cariño.

***

En un lugar muy apartado del centro de Londres, había una casa un poco descuidada. Aparentemente abandonada, todos pensarían que nadie viviría ahí, pero no es cierto. En esa vieja casa se oculta uno de los seres más despreciables.
—Señor, señor —se escuchaba una voz ronca.
—¿Qué pasa? —preguntó un hombre alto, corpulento, cabello que le llegaba a ras del cuello, cejas gruesas, con barba y una mirada maligna.
—Mire la noticia de “El Profeta” señor.
El hombre de barba tomo el diario que le entregaba el otro hombre de voz gruesa.
En la primera plana salía la foto en movimiento de Draco y Alexandra sallando su unión con un beso en los labios.
—Malfoy —dijo con rencor el hombre de barba.
Abrió el diario para leer la noticia.

LA GRAN BODA MALFOY - GRANGER

Ayer, exactamente a las 2: 50 de la tarde, el heredero de los Malfoy, ex mortífago, Draco Malfoy desposo a Alexandra Granger, sí, hermana de la heroína de guerra, Hermione Weasley. Fue una boda por todo lo alto, como se esperaba la boda de todo Malfoy.
Asistieron muchos magos y brujas importantes, entre ellos encontramos Pansy Parkinson, Blaise Zabini, Theodore Nott, el ministro de magia, Kingsley, Harry y Ginny Potter, Luna Lovegood, y los invitados que más sorprendieron y nunca pensábamos ver en algún momento en la mansión Malfoy, fueron los Weasley. Sí, toda la familia de pelirrojos estuvo presente en la boda de Draco Malfoy, claro, me imagino que ahora los Weasley y los Malfoy están como emparentados, porque las hermanas Granger se han casado con precisamente con un Weasley, en el caso de Hermione, y Alexandra con un Malfoy, obviamente. Y volviendo al tema de los invitados, también hubo otros invitados que llamaron la atención, se vio por unos momentos a Astoria Greengrass, ex novia de Draco Malfoy, y también a dos chicos muy guapos, pero que no eran nada conocidos en el mundo mágico.
Se preguntarán, ¿quiénes podrían ser estos chicos? Pues nosotros le tenemos la respuesta. Estos dos chicos son amigos de la nueva señora Malfoy, y son muggles, sí, son muggles, al igual que la hermana de la heroína de guerra. ¿Nos les parece esto una broma del destino? Los Malfoy que siempre defendieron la pureza de la sangre, ahora hayan aceptado que su único hijo terminé casado con una muggle. Así sea esta la hermana de Hermione Weasley, no se le quitará lo muggle.
Ahora yo me pregunto, ¿Por qué razón habrá aceptado Draco Malfoy casarse con una muggle? Aunque según las propias palabras de Draco Malfoy, en una pasada entrevista que tuve la oportunidad de hacerle, él dijo que se casaba por amor, lo mismo corroboro su ahora esposa Alexandra, y eso es lo que demuestra las fotografías que le sacamos.
¿Pero será del todo cierto que ellos están muy enamorados? ¿O será toda una farsa? ¿Qué creen ustedes?

El hombre de barba hizo un gesto de asco.
—Que bajo han caído los Malfoy —gruñó—. Me dan asco, casaron al idiota de su hijo con una asquerosa muggle, y solo para conseguir una protección que el ministerio se había negado a darles.
—¿Qué haremos ahora, señor? —preguntó el otro hombre.
—Si los Malfoy piensan que van a detenerme tan solo porque el inútil de su hijo se casó con esa muggle, están muy equivocados, eso solo acrecienta mi sed de venganza —una sonrisa maligna se forma en el rostro del hombre con barba, para que luego esa sonrisa se convirtiera en una risa, risa que fue seguida por el otro hombre.


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