sábado, 26 de mayo de 2018

Me voy a casar



POV Draco
Me levante de mal humor porque tenía que recoger a la mini Granger para que junto con mi madre empiecen a hacer los preparativos para mí “gran boda”, mil veces hubiera preferido ir a trabajar que hacer de elfo doméstico de la mocosa. Odio que sea muggle, porque si por lo menos hubiera sido como su hermana, yo solo le habría tenido que enviar una lechuza y ella ya estaría acá.
Si no fuera porque necesito de ella para conseguir la protección que necesitamos, no me casaría con ella. Y todo porque los malditos del Ministerio no nos quieren dar la protección que requerimos, ahora estoy a punto de casarme con esa muggle fastidiosa —no sé quién de esos dos grupos es peor, sí los mortífagos que no nos dejan en paz, o los idiotas de Ministro y sus ayudantes—. Espero que la mocosa no me ponga peros, porque hoy día no estoy para soportarla.
—Amo, va a desayunar —me preguntó un elfo apenas pise el comedor.
—No —le respondí.
¿Quién piensa en desayunar cuando tengo que ir por una tonta mocosa muggle a su tonto mundo?, seguí refunfuñando en mi mente, hasta que casi choque con mi madre.
—Draco, hijo —dijo mi madre, para luego besar mi mejilla.
Yo le sonreí ligeramente.
—Madre —le dije—. Ya regreso, voy por esa mocosa.
—Bien, no tardes —me dijo—. Tenemos muchas cosas que hacer.
Yo simplemente asentí.
No entiendo que tantas cosas tienen que hacer, si es una simple boda, una farsa, pero, claro, nadie tiene que saber eso, y mucho menos los del Ministerio de Magia.
¡Maldito, Ministerio de Magia! ¡Maldito, Ministro! ¡Malditos Mortífagos! ¡Y maldita, mini Granger!, grité internamente. Y eso hizo que me relajara un poco.
Respiré profundo.
Y luego de eso me aparecí en la habitación de la mini Granger.
Pero ella estaba profundamente dormida, me acerqué hasta su cama y la miré, tenía una expresión serena en su rostro.
Me le quede mirando, no sé por cuanto tiempo, ni yo mismo entendía porque no podía quitar la vista de su rostro.
Tal vez debería gritarle, para que despierte y se tenía mucha suerte caiga de la cama de la impresión, pensé.
Pero justo cuando me disponía a gritarle, la mini Granger abrió ligeramente sus labios finos de color cereza —¡Ay, maldición!, tengo que dejar de mirarla, ahora hasta sé que sus labios tienen un color cereza natural— y dijo:
—Yo también te amo, siempre te he amado.
Mini Granger, mini Granger —le dije para que despertara, pero ella seguía dormida, solo se movió incomoda.
—MINI GRANGER, DESPIERTA —alce la voz, y de pronto la mocosa se aventó de su cama y cayo sentada en el piso.
No lo pude evitar y me reí, hoy día me había levando de mal humor, pero esa caída me cambio el humor.
—¿Malfoy? —dijo la mini Granger confusa.
—Siempre acostumbras a aventarte de ese modo de la cama —le dije aun sonriendo—, porque si es así, entonces tendré que venir a verte todas las mañanas para reírme del ridículo que haces.
A verla tan confusa, volví a reírme de ella.
Unos segundos después se había levantado del suelo, tenía el ceño fruncido.
—No le veo lo gracioso —dijo con voz acida, sí, estaba enojada.
—Yo sí —le contesté aun sonriendo.
De un momento a otro ella se me acercó, y fue en ese instante en cuando me di cuenta de cómo estaba vestida. Solo llevaba puesto un polo de tirantes azul y una braga blanca.
¿Siempre dormirá así?, me preguntaba.
—Tú me empujaste, ¿verdad? —me acusó de algo del cual yo era completamente inocente.
Pero lo dijo con tanta veracidad, que ahora yo era el confuso.
La miré fijamente.
—Estás loca, ni siquiera te he puesto un dedo encima. Yo no tengo la culpa de que seas torpe.
Reí al ver su cara roja de rabia.
Hizo un mohín y luego se alejó de mí. Pero sin darse cuenta me dejó ver su perfecto trasero y sus piernas torneadas.
—¡Malfoy! —gritó de pronto sacándome de mi visión—, ¿Cómo se te ocurre venir a despertarme casi de madrugada?
¿Madrugada? ¿Qué acaso esta mocosa no sabe qué horas son?
La miré confundido.
—Son las 7 de la mañana —le recalqué.
—Por eso, yo duermo tres o cuatro horas más.
Así que la mini Granger no es como su hermana, con esa manía de levantarse temprano siempre, para ser la primera de la clase, bueno, y tampoco se parece nada en la manera de vestir, Granger es más recatada, en cambio ella, parece ser más… descarada en vestir.
Pero lo bueno es que ahora ya sé que a mini Granger le gusta dormir más horas de lo normal, tal vez podría venir a molestarla temprano siempre que pueda.
Salí de mis pensamientos y le contesté:
—¿Sabes qué? No me importa si duermes más o no, yo vine por ti, así que ponte ropa decente y apúrate porque tenemos que salir —todo eso se lo dije con voz dura.
Se quedó unos segundos callada, pero luego me contestó irritada.
—Pues a mí tampoco me importa si tenemos que salir o no. Yo voy a dormir las horas que me faltan. Así que adiós, Malfoy.
Y se volvió a meterme en la cama y se empezó a cubrir con las cobijas.
Sonreí.
Y para molestarla le dije lo que la había escuchado decir dormida.
—¿Ah sí que quieres volver a dormir? ¿Por qué será? ¿Acaso quieres volver a soñar al que le decías: “Yo también te amo, siempre te he amado”? —le repetí con burla.
En ese momento la mini Granger se levantó de un salto de la cama, como un resorte.
—¿Qué dices? —preguntó nerviosa.
La miré con suficiencia.
—¿Con quién soñabas? ¿Eh?, no me digas que soñabas conmigo —puse cara pensativa—, si te acuerdas de que lo nuestro es solo una farsa, ¿verdad?, y si empiezas a sentir cosas por mí, ese sería tú problema, porque yo nunca me fijaría en alguien como tú.
Y eso era verdad, yo nunca me enamoraría de una muggle.
—¿Estás de broma? —dijo la mocosa—. Yo nunca soñaría contigo, y en el caso de que fuero cierto, entonces en vez de ser un sueño, sería una pesadilla.
Deje pasar la estupidez que dijo.
—Estoy hablándote en serio, y que por tú bien nunca creas que entre nosotros —la señalé a la vez que me miraba de pies a cabeza, y luego me señalé—, podría haber algo, ni siquiera podemos ser amigos, ¿me entendiste bien mocosa?
—Estúpido —dije entre dientes, pero yo la llegué a oír. Debo reconocer que los entrenamientos que tuve cuando era mortífago hizo que desarrollada mis cinco sentidos mucho más a fondo, y ahora me son muy útiles.
Sonreí y luego la miré de arriba abajo.
—¿Qué tanto me miras? —gritó, pero su voz se notaba exasperada.
—Siempre acostumbras a dormir medio desnuda —levantó una ceja fingiendo asombro, para luego sonreír con burla.
Mini Granger se quedó lela.
Yo seguía mirándola, y no sé porque no podía quitar mi vista de ella. ¿Qué tenía de especial?
Nada, me respondí internamente.
Pero mi subconsciente decía todo lo contrario, porque era como si me ordenara que la siguiera viendo y eso hacía.
—Deja de mirarme, pervertido —gritó y corrió hacia su cama y se cubrió con las cobijas.
Yo volví a reír de su actuar tan infantil.
—Ay, mini Granger —seguí riéndome en su cara—, estoy acostumbrado a ver a mujeres desnudas, así que tú no me llamas la atención, además cuando estemos casados deberías dejar de vestirte de ese modo, a mí no me gustan las cosas a medias, o estas vestida o desnuda ante mí para la próxima vez —le dije.
—¡Cállate idiota!, ¡Y fuera de mi habitación! —volvió a gritar.
Es que no se cansa de gritar.
—Está bien me voy, pero antes dime, si no estabas soñando conmigo, ¿entonces con quien soñabas?
—No te importa —gritó, pero está grito tan fuerte que casi me deja sordo.
Yo fingí poner cara de ofendido, pero luego volví a sonreír.
Fastidiar a la mocosa era tan divertido como fastidiar a su hermana. Definitivamente molestar a las Granger, es mi pasatiempo favorito.
—Alístate, te estaré esperando abajo —dije antes de salir de su habitación. Pero luego de unos segundos volví a abrir la puerta y me asome por ella, y ahí la mini Granger parada cerca de su cama, y ella al darse cuenta de que estaba mirándola se sonrojo. Sonreí internamente—. Ah, mini Granger, se me olvidaba… lindas piernas —ahora sonreí abiertamente.
—¡IDIOTA! —escuché que grito cuando cerré la puerta y luego también escuché que algo chocaba con la puerta para después caer al piso, pero parecía que era algo muy ligero.
Baje las escaleras y camine hacia la sala, donde había varios objetos muggles.
Cuando me canse de mirar esos objetos y de imaginarme sus funciones, me senté en el sofá color crema a esperar a que la mocosa se dignara a bajar.
Luego como 10 minutos, me paré y empecé a caminar por la sala, su demora me estaba impacientando. Después de caminar por la sala, volví a sentarme.
Así estuve no sé cuánto tiempo, me pareció una eternidad —y mi paciencia ya se había terminado— me paré y fui directo a la habitación de la mocosa tonta.
Ahora si esa mocosa me las iba a pagar.
Cuando llegué a la puerta de su habitación la abrí y entre.
—Todavía no estás lista —siseé.
Pero en ese momento me di cuenta de que mini Granger estaba en ropa interior negra, y ella al percatarse de mi presencia se giró y corrió hacia el albornoz que estaba tirado en suelo y se cubrió.
—¿Qué nadie te enseño a tocar una puerta? ¿Y sobre todo nadie te enseño lo que es la privacidad? —gritó indignada.
—Cierra la boca, estúpida niña —le contesté. Estaba tan enojado que me daba ganas de lanzarle un hechizo para que dejara de gritar, el sonido de su voz me irritaba.
La miré fijamente a la cara, estaba pálida, y hasta podría jurar que la vi un poco temerosa —sonreí internamente— y lo mejor de todo era que había logrado que se quedara callada.
Aunque no fue por mucho tiempo, para mi desgracia.
—A mí no me hablas de esa manera, ¿Quién te crees que eres estúpido rubio? —me gritó nuevamente.
Estaba harto de sus gritos, pero no le iba a permitir que lo volviera hacer.
Le dirigí una mirada asesina, como en los viejos tiempos cuando era un mortífago. Ella retrocedió un paso. Sí. Ahora sí, la mocosa estaba asustada. Y eso me relajaba.
Estaba tan complacido con su miedo que me empecé a reír.
—Estás loco —dijo despacio.
Aun disfrutando de su miedo decidí acercarme a ella —para divertirme más con su nerviosismo— pero mini Granger estaba estática, esta vez no trato de alejarse de mí, así que cuando llegue a estar más cerca de ella, la tome por los brazos con fuerza.
—Yo te hablo como a mí se me da la gana —le susurré, y sentí que ella se estremeció.
—Me estás lastimando —ella también susurró.
Pero yo la ignoré.
Este momento nunca lo iba a olvidar.
—¿Y quién me creo que soy?, creí que esa pregunta ya te la había respondido antes, pero creo que tu lento cerebro muggle no lo recuerda, así que te lo recordaré, yo soy tu prometido y dentro de una semana y media seré tu esposo y más te vale que te vayas acostumbrando a mi manera de hablarte —siseé.
—Si no me sueltas ahora, me quedaran marcas en los brazos —dijo con más confiada, pero yo la volví a ignorar—, te juro que si me dejas marcas entonces iré con esa periodista, esa tal Rita Skeeter y declararé que las marcas de mi brazo las hiciste tú y no solo iré con ella también te denunciaré con el Ministro.
Eso que dijo me descolocó.
La fui soltando lentamente, y caminé hacia la puerta.
La miré y ella me miró, su mirada era de suficiencia.
Pero no, esa mocosa iba a ganarme, no iba a dejar que pensara que con eso me iba acobardar.
—No lo harás —le dije muy seguro.
—Sí, sí lo haré —me contradijo.
—Nadie te creerá —le rebatí.
Ella sonrió.
—Yo creo que, si me creerán, no recuerdas que soy una simple e indefensa muggle y tú un mago con un pasado oscuro —dijo con valentía.
Ya sé cuál es su juego.
Así que volví a reír.
—Vaya, sabes mover muy bien tus piezas de tu ajedrez, y veo que la estúpida valentía de tu hermana es contagiosa, pero déjame decirte algo, tus amenazas solo me hacen reír.
—Así que mis amenazan solo te hacen reír…, pues si sigues tratándome así entonces me veré con la obligación de romper este absurdo compromiso.
Y eso último que dijo, hizo que dejara de reír. Esta maldita mocosa sabe que si rompe el compromiso entonces mi familia ya no obtendrá la protección que requerimos y que para variar el Ministerio no nos la quiere proporcionar.
Pero yo también se mover bien mis piezas de mi ajedrez. Y sabía muy bien cómo iba hacer mi jaque mate.
—Creí que las Granger tenían palabra —le recordé.
Mini Granger se quedó callada.
—Tienes un minuto para estar lista —le dije antes de salir de su habitación.
Otra vez me encontraba en la sala. Espero que la mini Granger no se demore, o juro que esta vez sí le lanzaré un hechizo.
Empecé a mirar a mí alrededor, y volví a ver las fotos que estaba encima de los muebles. Y otra vez me llamaron mucho la atención de que las fotos muggles no se movieran, estas estaban estáticas, por más que miraba y volvía a mirar las fotos, no podía comprender como es que mini Granger y ‘ese’ Percival Weasley salían abrazados, siempre me pareció más serio que todos los demás, pero en esa foto le sonreía a la mocosa, y ella le dedicaba una mirada especial, como si ese Weasley sea lo más maravilloso del mundo, en verdad no lo comprendía, que saliera con Potter, la Weasley femenino —ahora señora Potter— el hermano de esta y esos dos chicos, que al parecer eran también muggles, no se me hacía extraño. Pero con ‘ese’ Weasley…
—Ya estoy lista —una voz interrumpió mis cavilaciones. Era la mini Granger.
—Ya era hora —le contesté, caminé hacia ella y la tomo del brazo para luego aparecer en el patio de Malfoy Manor.
—Se demoraron —dijo mi madre, apenas aparecimos se acercó a nosotros.
—Es que su hijo primero se puso a molestar y después me dijo que teníamos que venir aquí, así que no es culpa mía.
No pude creer lo que dijo, le mintió a madre, y lo peor es la mentira le salió tan natural que mi madre le creyó.
Eso me dejo sorprendido.
—Draco, te dije que la trajeras temprano y ya ha pasado más de una hora de eso —yo no conteste nada, pero le dirigí una mirada asesina, dándole a entender que me las pagaría, pero la mocosa simplemente sonrió—, y si la querías molestar te hubieras esperado hasta cuando termináramos de ver las cosas que tenemos pendientes.
Le sonreí a mi madre.
—Claro, madre, eso haré la próxima vez.
—Bien, vamos niña, sígueme —dijo mi madre.
—Y tú, Malfoy, no piensas seguirnos —me dijo al ver que yo no seguía a mi madre.
—No, no participaré en organizar esa farsa, creo que entre ustedes dos será suficiente.
Caminé hasta llegar a mi habitación, pero al entrar vi a dos personas dentro.
Eran Blaise y Theo.
—Vaya, parece que ustedes no tienen nada que hacer —les dije apenas entré en mi habitación.
—Comúnmente los dueños de casa dicen “Hola” a sus vistas, no lo que has dicho —dijo Blaise fingiendo estar ofendido.
—Pues comúnmente las visitas esperan en la sala de los dueños de casa, no en sus habitaciones —contesté.
Blaise se soltó a reír.
—Alex está aquí —dijo de pronto Theo, que estaba mirando por la ventana.
—Sí. Yo la traje —contesté.
—Me gustaría ir a saludarla —susurró Theo.
—No creo que puedas —le dije.
No me gustaba nada las confianzas que Theo tenía con la mocosa.
Pero porque no me agrada que ellos se tengan confianza, total me debería dar lo mismo, me dije internamente.
—¿Por qué? —preguntó Theo confundido.
—Sí, ¿Por qué Theo no puede ir a saludar a la hermana de Granger? —dijo Blaise.
Yo lo miré serio, Blaise siempre con sus comentarios inoportunos.
—Porque ahora esta con mi madre haciendo los preparativos de mi supuesta boda.
—Ah, y porque tú no estás ayudándolas —dijo Blaise—, total también es tu boda, ¿no?
No le contesté nada, solo lo miré mal y Blaise no volvió a decir nada al respecto.
—Yo creía que ya no te ibas a casar con Alex —dijo Theo.
—Pues si no te acuerdas Theo, me tengo que casar con esa odiosa mocosa porque solamente así me darán la protección que necesitamos —le recordé todo como si no fuera obvio.
—Eso quiere decir que todavía te siguen llegando amenazas de los mrtífagos que llegaron escapar —dijo Theo.
Lo miré mal.
—¿Qué quieres decir con eso de que si me siguen llegando amenazas? ¿Qué acaso a ustedes no los siguen amenazando esas escorias? —pregunté.
—A mí hace más de una semana que ya no me llegan ningún tipo de amenazas —dijo Blaise.
—Igual a mí —dijo Theo.
—¿Qué? ¿A ustedes ya no les llegan las amenazas? —ellos negaron—, ¿Y a Pansy? ¿A las Greengrass?
—Bueno desde el día del atentado que tuvieron la familia de Pansy, ya no les han vuelto a llegar ningún tipo de amenazas y a las Greengrass igual —dijo Theo.
—Sí, si hasta yo pensaba que tú seguías con ese cuento de que te ibas a casar con la hermosa hermana de Granger solo para molestarla —dijo Blaise.
—No puede ser posible —empecé a caminar por toda mi habitación. ¿Cómo es posible que a ellos ya no le sigan llegando amenazas, mientras que a mi familia no había ni un solo día que no dejaba de llegar las amenazas?—. ¿Entonces porque a mí familia no le deja de llegar las amenazas? —grité desesperado.
—¿Les siguen llegando amenazas? —preguntó Theo.
—Que acaso no escuchaste lo que dije Nott, si hasta ayer en la noche todavía me ha llegado otra estúpida amenaza.
—Qué raro, porque solo a los Malfoy, están amenazando y en cambio a nosotros nos han dejado en paz —dijo Blaise.
—No lo sé, maldita sea, no lo sé —grité.
Esto no podía ser posible, porque solo querían torturar a mi familia, porque solo a mi familia, maldita sea. ¿Acaso es porque nosotros somos desertores? No, porque si fuera así entonces también le tendrían que seguir llegando las amenazas a todos los desertores. O acaso será porque mi familia regreso a último momento a luchar al bando contrario, ¿Acaso todo esto es porque mi familia se puso a luchar a lado de Potter?
¡Maldita sea! Es como si solo se ensañaran con mi familia.
—Draco, amigo no te desesperes —me dijo Theo a la vez que ponía una mano sobre mi hombro.
Me sacudí de su mano al instante.
—¿Qué no me desespere? Mi familia está en peligro de muerte por esas escorias y tú me aconsejas que no me desespere, a ver Theo qué harías tú en mi lugar, ¿Qué harías para detener todas estas amenazas? A ver qué harías —grité desesperado.
—Pues trataría de llegar al principio de toda esta maraña, averiguaría quien es principal mortífago que está detrás de todo esto —dijo Theo.
—¿Y cómo quieres que lo haga, cuando el Ministerio de Magia se niega a darnos ayuda? —siseé.
—Potter —dijo Blaise, yo lo miré serio—, sí, Potter y Weasley te podrían ayudar, ¿no? Ambos son aurores, y es su obligación atender estos tipos de casos, además con Weasley dentro de muy pocos días serán concuñados y con Potter también se podrían decir que son como familia ya que él era el ahijado del primo de tu madre.
—¿Quieres que me vaya a rebajar a pedirle ayuda a Potter y Weasley?
—No sería que te rebajaras, es uno de tus derechos, ¿no?, además Blaise tiene razón, Potter es el jefe de aurores y Weasley es su mano derecha, ellos pueden ayudarte —dijo Theo.
—Porque así te cases con la preciosura que esta haya abajo —dijo Blaise señalando hacia la ventana—, con eso solo conseguirás que le den protección a tu familia y a ti, pero eso no quiere decir que esas escorias dejen de vigilar a tu familia.
—Blaise tiene razón, Draco, yo creo que después de que te cases con Alex, deberías ir a hablar con Potter —dijo Theo.
—Lo pensaré —dije.
—Bien, entonces creo que te dejamos para que pienses bien que vas a hacer al respecto, y mientras tanto yo también averiguaré quien es el que está de todo esto —dijo Theo.
Yo asentí.
—Y yo te ayudo Theo —dijo Blaise.
Luego de eso los dos desaparecieron.
¿Quién podrá estar detrás de todo esto? ¿Quién?, me preguntaba.
Porque según yo, los únicos que pudieron escapar eran mortífagos que recién estaban entrenando, los iniciados, pero esto no parece un trabajo de unos mortífagos iniciados, todas estas amenazas, el atentado de Pansy y esta contigua vigilancia a mi familia, parece más un trabajo muy bien pensado de la loca de mi tía Bellatrix y su esposo, pero ellos dos ya están muertos. Y todo esto me lleva a la misma pregunta, ¿Quién está detrás de todo esto?

***

Luego de darle vueltas al mismo asunto, me di cuenta de que ya era hora de regresar a su casa a la mini Granger, o tal vez debería de seguir con la farsa de que somos una pareja feliz que sale a citas ridículas.
Bajé de mi habitación y me dirigí hasta el jardín.
En la mesa tenían muchas carpetas con fotos de decoraciones y otros tipos de cosas a las cuales no les preste atención.
—Madre, creo que ya deben parar —dije, y la mini Granger giró para verme, pero lo que me sorprendió fue que parecía feliz de verme.
—Sí creo que por hoy ya acabamos, pero mañana continuamos —dijo mi madre.
Mini Granger puso cara de disgusto cuando oyó lo último que dijo mi madre.
Pero luego cambio su expresión por una de serenidad y con una sonrisa de alivio se despidió de mi madre.
—Bien, entonces hasta mañana, señora Malfoy —se despidió.
—Mañana nos vemos —contestó mi madre y se dirigió hacia la casa.
—¿Qué esperas para llevarme a casa? —escuché que dijo la mini Granger, pero más me pareció una orden.
Eso me molesto.
—No soy tu elfo doméstico para que me estés ordenando cosas —le aclaré.
—No, no eres un elfo doméstico, porque si lo fueras me caerías mejor.
Maldita muggle, esta me las pagas. Decir que prefiere a un elfo domestico antes que a mí.
—Mira mocosa… —empecé a hablar, pero al ver al elfo aparecer frente a mí, me quedé callado, porque me di cuenta de lo que tenía entre su mano.
Era un pergamino.
Otra amenaza más.
—Amo —hizo una reverencia—, otro pergamino igual que el anterior acaba de llegar —me entrego el pergamino e hizo una reverencia para luego desaparecer.
Desenrollé el pergamino y empecé a leerlo.

Querida Familia Malfoy:
Solo les escribo para recordarles de que los tenemos muy bien vigilados. Y también para hacerles saber el asco que me dan, sí, asco, como es posible que la honorable familia Malfoy, la familia de sangre limpia más antigua, ahora esté planeando casar a su heredero con una asquerosa muggle, una sangre sucia. Que bajo han caído. Pero eso es lo que se merecen por haber cambiado de bando, por haberse puesto de lado de Potter y haber abandonado a nuestro señor.
Y esto va para ti querido Draco, espero que cuides muy bien de tu futura esposa la sangre sucia, porque no vaya a ser que te quedes viudo antes de tiempo.
Con todo nuestro amor
Los Mortífagos, tus viejos amigos

Malditos, grité internamente.
—Son amenazas de los mortífagos —escuche una voz muy cerca de mí. Era la mini Granger con una expresión indescifrable en su rostro, yo solo me limite a mirarla serio.
—Cállate, no lo repitas, y pobre de ti que se lo digas mañana a mi madre —la amenacé.
Esta mocosa, me traerá más problemas que soluciones, porque ahora hasta ella corre peligro, pensé.
—No hace falta que me amenaces, yo no le diría nada a tu madre, ¿Por qué lo haría? ¿Y qué ganaría con decirle? Solo mortificarla, nunca haría algo así —la miré desconcertado.
Está tratando de decirme que no irá de chismosa con mi madre.
Me fije bien en su mirada, era sincera y no había sarcasmo en su manera de hablar.
Asentí con la cabeza.
—Sí, es una amenaza —luego le contesté.
—Bien, entonces supongo que no me puedo echar para atrás con esta farsa —la miré—, y que debo de continuar con esto con esta tortura de ver 45 tonos de blancos con tu madre para toda la decoración, pero no me importa soportar toda esta tortura de los preparativos, y el infierno de vivir contigo, sí sé que luego conseguirás la protección que requieren, aunque claro solo será un año y un año pasa rapidísimo, además de que casarme contigo también me conviene porque así… —de pronto se quedó callada.
¿Qué era lo que no se atrevió a decir? ¿Y por qué dice que a ella también le conviene casarse conmigo? ¿Qué está planeando esta mocosa?
—¿Qué ibas a decir? —le pregunté.
—Nada, solo estaba… pensando en… voz alta. No es nada importante, en verdad —empezó a tartamudear, eso quiere decir que está mintiéndome.
Pero yo le sacaría la verdad, no me iba a dejar con la intriga.
—No te creo, dijiste algo de que te convenía a ti también casarte conmigo, así que ahora me dices vas a decir el por qué —le exigí.
—Que dices, creo que escuchaste mal, y mira te juro que no le diré nada a tu madre sobre ese pergamino, pero ahora me puedes llevar a casa por favor —se creé muy astuta tratando de cambiarme de conversación. Pero conmigo se equivocó. Me dirá la verdad porque me la dice.
—No te llevaré a tu casa hasta que me digas la verdad.
Se quedó pensativa unos minutos, para luego romper el silencio.
—Sí te digo la verdad, me llevarás a casa —me preguntó.
Asentí.
—Bien —respiró profundo—, dije que me convenía casarme contigo, porque… si no lo hago entonces yo tendría que irme a vivir con Hermione y Ron a su nueva casa.
Piensa que le creeré esa mediocre excusa. Ilusa.
—Deja de decir tonterías y dime la verdad —exigí.
—Esa es la verdad —dijo.
—No te creo, porque irte a vivir con tu hermana no sería mucho mejor para ti que aceptar una boda conmigo.
—No, no sería mejor para mí, porque por lo menos si me casó contigo podría hacer mi vida normal, pero si me voy a vivir en la casa de Hermione, me convertiría en un estorbo entre la nueva pareja y eso sería muy incómodo para mí. Ahora que ya lo sabes, puedes llevarme a casa.
No lo puedo creer, así que todo lo que dijo es cierto. Ese es el principal motivo para aceptar casarse conmigo, mini Granger no quiere ser un estorbo en la nueva vida de su hermana. Pero que tonta.
Sonreí, no pude evitarlo.
La tome del brazo, para luego aparecer en el callejón Diagon.
—¿Qué hacemos aquí? —preguntó sorprendida la mini Granger luego de abrir los ojos.
—Debemos continuar con las citas —fue lo único que dije.
Entrelace mi mano con la de ella, y empezamos a caminar por los alrededores.
—Malfoy te dije que me llevaras a casa —dijo entre dientes.
—Sí, pero lo pensé mejor y decidí que debemos de fingir tener una cita.
—¿Por qué siempre se tiene que hacer lo que tú dices? —me reclamó.
—Porque siempre ha sido así, es y será así —sonreí.
—Idiota —susurró.
—Te escuché —dije.
—Lo dije para que lo escucharas —sonrió.
—¿Cuándo será el momento de que te dejes de comportar como una niña estúpida? —le dije—. Por ratos pareces ser muy madura, pero después vuelves a hacer la misma mocosa engreída.
La vi con el ceño fruncido cuando la miré de reojo.
—Yo me dejaré de comportar como una niña estúpida, cuando tú dejes de ser tan arrogante, creído, prepotente y gruñón —suspiró—. Ah, y yo soy muy madura, no solo por ratos como dices.
—Sí, claro muy madura —me burlé.
Seguimos caminando por los alrededores, y la gente no dejaba de mirarnos y de murmurar cosas. Yo ya estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones, pero la mini Granger no porque la vi que se sonrojaba cada vez que alguien se le quedaba mirando.
—Oye, quieres dejar de estarme jalando —susurró.
—Pues entonces camina más rápido.
—¿Adónde vamos? —preguntó luego de estar caminando unos minutos.
—A ningún lugar en especial, solo que todos nos tienen que ver tener citas —que acaso no era obvio todo está escenita—. Así que apresúrate, cariño.
—No me digas “cariño” —refunfuñó.
—Claro, como quieras, cariño.
—Oxigenado —dijo.
La ignoré, no me iba a poner a discutir con ella aquí.
Pero luego recordé algo con que molestarla.
—Ahora si me dirás a quien le decías en sueños que lo amabas —pregunté.
Ella paró súbitamente y me miró.
—Ya te dije que no te lo diría —contestó enojada.
—Pues sino me lo dices, entonces creo que tendrás que pasar la noche en el callejón Diagon, porque yo no pienso llevarte a tu casa muggle.
Se quedó callada unos minutos, y luego la vi sonrojarse.
—Bien —dijo—, estaba soñando con Tom Cruise.
¿Tom Cruise? ¿Quién es ese?
—¿Quiénes ese tal Tom Crouise? —pregunté. Ese nombre parecía muggle.
—Es un artista de Hollywood —dijo sonriente—. Y es muy guapo —agregó.
—Es un muggle —dije.
—Sí, como yo —contestó orgullosa.
No le creía nada, pero por esta vez lo dejaría pasar. Además, no perdería mi tiempo hablando de muggles artistas.
Pasamos cerca de la tienda de “Artículos de Calidad para Quidditch”, y yo paré un momento a ver la nueva escoba.
—En serio, ¿Quidditch? —dijo la mini Granger.
—¿Acaso tú sabes algo sobre el Quidditch? —le pregunté.
—Lo sé todo sobre el quidditch —contestó.
Giré para mirarla, seguramente me estaba tomando el pelo. Una muggle no podría saber nada sobre el deporte que tenemos los magos.
—Según recuerdo a tu hermanita no le gustaba nada el quidditch, así que no entiendo cómo es que tú dices saber algo sobre nuestro deporte —recalqué.
—Pues yo sé sobre quidditch, gracias que Harry y Ron siempre hablaban de eso cuando los veía.
Cierto había olvidado a Potter y Weasley.
—¿Te molestaría si entro a ver la tienda? —pregunté.
Mini Granger pareció sorprendida por mi pregunta.
—¿En serio me estás tomando en cuenta? —preguntó.
—Sí.
Pareció más sorprendida aún.
—Pues, sí, me molesta —contestó.
—Que bien —sonreí—, entonces, creo que entraré —y sin más la arrastre conmigo a la tienda.
—Me lo debí haber imaginado, tú no eres nada amable —dijo.
Estuve un buen rato en la tienda, casi hasta se me había olvidado la presencia de mini Granger, solo me di cuenta de ella cuando hizo un poco de fuerza en el agarre de mi mano.
—¿Compraras algo? —me preguntó.
La miré. Estaba seria.
—Creo que sí, aunque todavía no lo sé, ¿Por qué?
—Apúrate. Yo también tengo cosas que hacer, no puedes disponer de mi tiempo a tu antojo —dijo entre dientes.
—Estás muy seria, deberías sonreír un poco, cariño. Y después dices que yo soy el gruñón.
—Tonto —susurró y luego puso una sonrisa fingida en su rostro.
—Mejor —dije.
—Será mejor que compres algo, o te juro que me las cobraré.
Ignoré su comentario.
Sí, tal vez hubiera comprado una nueva escoba, pero no le iba a dar el gusto a la mocosa de que vea que hago lo que ella dice.
—¿Tanto te gusta el quidditch? —me preguntó
—Creo que ya sabes la respuesta.
—Sí, ya lo sé, a todos los hombres les gusta los deportes, todos son iguales, sean del mundo mágico o del mundo muggle. Y sé que esa escoba te gusta mucho.
—En primera no me compares con los muggles —susurré—, y en segunda como puedes asegurar que me gusta esa escoba.
—Fácil, porque pones la misma cara de tonto que ponen mis amigos cuando ven un auto deportivo nuevo.
—Te dije que dejaras de compararme con muggles.
—Bien —dijo—. Ahora si me puedes llevar a mi casa —pidió.
No le contesté, solo caminé con ella hasta la salida de la tienda, pero cuando ya estábamos a fuera, unos tres periodista nos cegaron tomándonos fotos. La mini Granger se aferró a mi brazo.
—Draco Malfoy —dijo uno de los reporteros—, soy Mike White, del diario, “El Profeta”. Le podemos hacer unas preguntas.
—Claro —sonreí arrogantemente.
—Es cierto que esta jovencita es la hermana de la heroína de guerra, Hermione Granger, ahora Weasley, y que además es su futura esposa.
—Es cierto, Alexandra y yo nos casaremos dentro de muy pocos días —contesté.
—Señorita Granger, me imagino que debe de estar muy enamorada de Draco Malfoy para aceptar casarse con él, que durante los años de Hogwarts fue el enemigo jurado de su hermana.
—Por supuesto, Draco y yo estamos muy enamorados, ¿cierto, cariño? —sonrió.
Su respuesta me dejo sorprendido, lo dijo tan natural que no dudo que nadie le haya creído.
—Sí, estamos muy enamorados —seguí con el juego.
—¿Y por qué se van a casar tan apresuradamente? ¿Acaso es que ya viene en camino el futuro heredero? —preguntó otro periodista.
—No —se apresuró a contestar mini Granger—. Nos vamos a casar rápido porque nos amamos y no podemos pasar más tiempo separados.
Volvió a mentir.
—Vaya, esa sí es una verdadera sorpresa —exclamó el tal White—. Podrían por favor abrazarse para tomarle la foto para la portada del “el Profeta”.
A regañadientes tuvimos que hacer lo que dijo el periodista, para que todos crean que me caso por amor con esta mocosa y no por un trato.
—Ya suéltame —susurró la mini Granger cuando ya nos dejaron de tomar la foto.
Sonreí.
Estoy seguro de que esto le molestara tanto, que no aguanto las ganas de verla enojada.
Pase mis brazos por su cintura y la pegue a mí, para luego besar sus labios, ella se sorprendió, y trato de alejarme, pero luego se dio cuenta de que los periodistas aún seguían ahí, y no tuvo de otra que seguirme el juego.
Volví a sentir que nos tomaban fotos.
Luego de que los periodistas consiguieran su nota que querían, se marcharon deseándonos que seamos felices con nuestra próxima unión.
—Ahora sí, llévame a mi casa —exigió.
La observé estaba completamente ruborizada, seria de vergüenza o tal vez de enojada.
No le tome importancia a su estado, y en unos segundos ya estábamos en su casa.
Apenas aparecimos y la mini Granger se pudo mantener en pie, me empujo de su lado.

POV Alex
Luego de que nos apareciéramos en mi casa y de que yo respirada profundamente para poder mantenerme en pie, lo empuje.
¿Cómo se atrevía a volver a besarme? ¿Con qué derecho lo hacía?
—¡Eres un idiota! —le grité—. No se te ocurra volver a besarme otra vez, o te juro que…
—¿Qué? ¿Qué me vas a hacer? —rió—. Una muggle como tú, nunca podría con alguien como yo, además deja de reclamarme, o es que acaso piensas que a mí me gusta estar besando a muggles —siseó.
—¿Entonces porque lo hiciste? —grité.
—No creerás que te besé porque estoy enamorado de ti, ¿verdad?, que le dijéramos a esos tontos periodistas que nos amamos es solo para seguir con esta farsa, así que no te hagas ilusiones conmigo.
—No, yo nunca me haría ilusiones con alguien como tú, con alguien que no merece ni siquiera un poquito de mi amor —le aclaré.
Él rió con ganas.
—No te preocupes que yo no me interesa y ni siquiera quiero “ese poquito de tu amor” —se burló de mí.
—Te odio, estúpido rubio oxigenado —le grité.
—Ah, sí. Qué bien —dijo—. Sabes que el odio es un sentimiento ardiente mini Granger —el muy estúpido de Malfoy sonrió con arrogancia.
—Yo te voy a demostrar que es ardiente…
—Quisiera ver que es lo que harás para demostrármelo —me interrumpió.
Levante mi mano para darle una bofetada, pero él fue mucho más rápido y tomo mi mano antes de que llegara a tocar su mejilla.
—Ten mucho cuidado con lo que ibas a hacer, mini Granger —susurró—, si me hubieras golpeado, entonces en este momento lo estarías lamentando —presiono con más fuerza su agarre en mi mano.
—Suéltame. Me estás lastimando —tiré de mi mano para que me soltara, pero fue un error, porque lo único que conseguí fue hacerme más daño—. ¡Ay! —me quejé.
—Ten mucho cuidado con lo que hagas —me advirtió—. No juegues conmigo —con su otra mano tomo un mechón de mi cabello y lo coloco detrás de mí oreja, yo trate nuevamente de zafarme de él, pero fue inútil.
—¡Suéltame! —le exigí—. Y tú también ten mucho cuidado de no volver a besarme, o te juro que la próxima vez de morderé el labio —lo amenacé.
Él me miró a los ojos y en sus orbes grises algo brillo.
En ese descuido de mi parte, Malfoy posó su mano —con la que me había tocado el cabello— por mi nuca y me soltó la mano para pasarla por mi cintura y volvió a besarme. Yo traté de empujarlo, de arañarlo, pero no pude, él es más fuerte que yo, y eso parecía incitarlo cada vez más. Así que lo único que hice fue dejar de forcejear y quedarme como una estatua. A los segundos él detuvo el beso y se alejó de mí.
Me miró de pies a cabeza y sonrió de manera arrogante.
—Ay, mini Granger —negó con la cabeza—, lo que se promete se cumple, pero ya veo que no tienes agallas.
—Estúpido —le grité.
Me sonrió con triunfo, para luego desaparecer.
Yo me dejé caer al suelo de rodillas, y empecé a llorar de rabia. ¿Cómo se atrevía a besarme? Yo no quería sus besos, yo los únicos besos que quería, y añoraba eran los de Percy, pero esos besos nunca los podría tener. Y al saber eso más lágrimas cayeron de mis ojos.
Unos segundos después escuche que tocaron la puerta.
Limpié mis lágrimas con el torso de mi mano y me dirigí a abrir la puerta.
Eran Ben y Drake.
—Chicos —los saludé fingiendo una sonrisa.
—Hola, Alex —dijeron a la vez.
—¿Qué te pasa? —preguntó Ben.
—Estás triste porque Hermione no está y te sientes sola —dijo Drake.
—No, no es eso —ellos me miraron incrédulos—, bueno en parte es por eso —confesé.
—No te preocupes, Alex nos tienes a nosotros —dijo Ben pasándome un brazo por los hombros protectoramente.
—Ya lo sé, chicos y por eso es hora de que me sinceré con ustedes —les dije.
Ellos me miraron confundidos.
—Hermione no quiere que te vayas a vivir con ninguno de nosotros —tanteó Drake.
—No es eso —susurré. Inhalé y exhalé para infundirme valor—. Chicos, yo… —callé—, me voy a casar.
Ellos se miraron confundidos y luego me miraron a mí. Después de eso ellos rieron escandalosamente.
—Sí, claro, Alex, ya nos habías asustado —dijo Ben aun riendo.
—Sí, que buen chiste —estuvo de acuerdo Drake.
—Chicos, no es ningún chiste, en verdad me voy a casar.
Los dos me miraron con los ojos como plato.
—Alex, no te puedes casar, tienes 16 años, así que deja de decir estupideces —dijo Ben enojado.
—Estoy de acuerdo con Ben —dijo Drake.
—Sí, me voy a casar —les aclaré.
—Bien, supongamos que te creemos. Haber dinos con quien te vas a casar si ni siquiera tienes un novio —dijo Drake.
—Me voy a casar con… Draco Malfoy.
—¡¿Qué?! —gritó Ben enojado.
—Acaso ese no es el que siempre le hizo la vida imposible a tu hermana y a sus amigos —comentó Drake.
—El mismo —afirmé.
—Entonces no entiendo, porque te quieres casar con él, si lo que deberías es odiarlo —dijo Ben perdiendo los papeles.
—Pues porque…
—Vamos, dinos el por qué —dijo Ben que me había tomado de los hombros y me estaba sacudiendo violentamente.
No entendía que le sucedía, él nunca me había tratado de tal forma.


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