POV
Draco
Me levante de
mal humor porque tenía que recoger a la mini Granger para que junto con mi
madre empiecen a hacer los preparativos para mí “gran boda”, mil veces hubiera
preferido ir a trabajar que hacer de elfo doméstico de la mocosa. Odio que sea
muggle, porque si por lo menos hubiera sido como su hermana, yo solo le habría
tenido que enviar una lechuza y ella ya estaría acá.
Si no fuera
porque necesito de ella para conseguir la protección que necesitamos, no me
casaría con ella. Y todo porque los malditos del Ministerio no nos quieren dar
la protección que requerimos, ahora estoy a punto de casarme con esa muggle
fastidiosa —no sé quién de esos dos grupos es peor, sí los mortífagos que no
nos dejan en paz, o los idiotas de Ministro y sus ayudantes—. Espero que la
mocosa no me ponga peros, porque hoy día no estoy para soportarla.
—Amo, va a
desayunar —me preguntó un elfo apenas pise el comedor.
—No —le
respondí.
¿Quién piensa en
desayunar cuando tengo que ir por una tonta mocosa muggle a su tonto mundo?,
seguí refunfuñando en mi mente, hasta que casi choque con mi madre.
—Draco, hijo
—dijo mi madre, para luego besar mi mejilla.
Yo le sonreí
ligeramente.
—Madre —le
dije—. Ya regreso, voy por esa mocosa.
—Bien, no tardes
—me dijo—. Tenemos muchas cosas que hacer.
Yo simplemente
asentí.
No entiendo que
tantas cosas tienen que hacer, si es una simple boda, una farsa, pero, claro,
nadie tiene que saber eso, y mucho menos los del Ministerio de Magia.
¡Maldito,
Ministerio de Magia! ¡Maldito, Ministro! ¡Malditos Mortífagos! ¡Y maldita, mini
Granger!, grité internamente. Y eso hizo que me relajara un poco.
Respiré
profundo.
Y luego de eso
me aparecí en la habitación de la mini Granger.
Pero ella estaba
profundamente dormida, me acerqué hasta su cama y la miré, tenía una expresión
serena en su rostro.
Me le quede
mirando, no sé por cuanto tiempo, ni yo mismo entendía porque no podía quitar
la vista de su rostro.
Tal vez debería
gritarle, para que despierte y se tenía mucha suerte caiga de la cama de la
impresión, pensé.
Pero justo
cuando me disponía a gritarle, la mini Granger abrió ligeramente sus labios
finos de color cereza —¡Ay, maldición!, tengo que dejar de mirarla, ahora hasta
sé que sus labios tienen un color cereza natural— y dijo:
—Yo también te amo, siempre te he amado.
—Mini Granger, mini Granger —le dije para que
despertara, pero ella seguía dormida, solo se movió incomoda.
—MINI GRANGER,
DESPIERTA —alce la voz, y de pronto la mocosa se aventó de su cama y cayo
sentada en el piso.
No lo pude
evitar y me reí, hoy día me había levando de mal humor, pero esa caída me
cambio el humor.
—¿Malfoy? —dijo
la mini Granger confusa.
—Siempre
acostumbras a aventarte de ese modo de la cama —le dije aun sonriendo—, porque
si es así, entonces tendré que venir a verte todas las mañanas para reírme del
ridículo que haces.
A verla tan
confusa, volví a reírme de ella.
Unos segundos
después se había levantado del suelo, tenía el ceño fruncido.
—No le veo lo
gracioso —dijo con voz acida, sí, estaba enojada.
—Yo sí —le
contesté aun sonriendo.
De un momento a
otro ella se me acercó, y fue en ese instante en cuando me di cuenta de cómo
estaba vestida. Solo llevaba puesto un polo de tirantes azul y una braga
blanca.
¿Siempre dormirá
así?, me preguntaba.
—Tú me
empujaste, ¿verdad? —me acusó de algo del cual yo era completamente inocente.
Pero lo dijo con
tanta veracidad, que ahora yo era el confuso.
La miré
fijamente.
—Estás loca, ni
siquiera te he puesto un dedo encima. Yo no tengo la culpa de que seas torpe.
Reí al ver su
cara roja de rabia.
Hizo un mohín y
luego se alejó de mí. Pero sin darse cuenta me dejó ver su perfecto trasero y
sus piernas torneadas.
—¡Malfoy! —gritó
de pronto sacándome de mi visión—, ¿Cómo se te ocurre venir a despertarme casi
de madrugada?
¿Madrugada? ¿Qué
acaso esta mocosa no sabe qué horas son?
La miré
confundido.
—Son las 7 de la
mañana —le recalqué.
—Por eso, yo
duermo tres o cuatro horas más.
Así que la mini
Granger no es como su hermana, con esa manía de levantarse temprano siempre,
para ser la primera de la clase, bueno, y tampoco se parece nada en la manera
de vestir, Granger es más recatada, en cambio ella, parece ser más… descarada
en vestir.
Pero lo bueno es
que ahora ya sé que a mini Granger le gusta dormir más horas de lo normal, tal
vez podría venir a molestarla temprano siempre que pueda.
Salí de mis
pensamientos y le contesté:
—¿Sabes qué? No
me importa si duermes más o no, yo vine por ti, así que ponte ropa decente y
apúrate porque tenemos que salir —todo eso se lo dije con voz dura.
Se quedó unos
segundos callada, pero luego me contestó irritada.
—Pues a mí
tampoco me importa si tenemos que salir o no. Yo voy a dormir las horas que me
faltan. Así que adiós, Malfoy.
Y se volvió a
meterme en la cama y se empezó a cubrir con las cobijas.
Sonreí.
Y para
molestarla le dije lo que la había escuchado decir dormida.
—¿Ah sí que
quieres volver a dormir? ¿Por qué será? ¿Acaso quieres volver a soñar al que le
decías: “Yo también te amo, siempre te he amado”? —le repetí con burla.
En ese momento
la mini Granger se levantó de un salto de la cama, como un resorte.
—¿Qué dices?
—preguntó nerviosa.
La miré con
suficiencia.
—¿Con quién
soñabas? ¿Eh?, no me digas que soñabas conmigo —puse cara pensativa—, si te
acuerdas de que lo nuestro es solo una farsa, ¿verdad?, y si empiezas a sentir
cosas por mí, ese sería tú problema, porque yo nunca me fijaría en alguien como
tú.
Y eso era
verdad, yo nunca me enamoraría de una muggle.
—¿Estás de
broma? —dijo la mocosa—. Yo nunca soñaría contigo, y en el caso de que fuero
cierto, entonces en vez de ser un sueño, sería una pesadilla.
Deje pasar la
estupidez que dijo.
—Estoy
hablándote en serio, y que por tú bien nunca creas que entre nosotros —la
señalé a la vez que me miraba de pies a cabeza, y luego me señalé—, podría
haber algo, ni siquiera podemos ser amigos, ¿me entendiste bien mocosa?
—Estúpido —dije
entre dientes, pero yo la llegué a oír. Debo reconocer que los entrenamientos
que tuve cuando era mortífago hizo que desarrollada mis cinco sentidos mucho
más a fondo, y ahora me son muy útiles.
Sonreí y luego
la miré de arriba abajo.
—¿Qué tanto me
miras? —gritó, pero su voz se notaba exasperada.
—Siempre
acostumbras a dormir medio desnuda —levantó una ceja fingiendo asombro, para
luego sonreír con burla.
Mini Granger se
quedó lela.
Yo seguía
mirándola, y no sé porque no podía quitar mi vista de ella. ¿Qué tenía de
especial?
Nada, me
respondí internamente.
Pero mi
subconsciente decía todo lo contrario, porque era como si me ordenara que la siguiera
viendo y eso hacía.
—Deja de
mirarme, pervertido —gritó y corrió hacia su cama y se cubrió con las cobijas.
Yo volví a reír
de su actuar tan infantil.
—Ay, mini
Granger —seguí riéndome en su cara—, estoy acostumbrado a ver a mujeres
desnudas, así que tú no me llamas la atención, además cuando estemos casados
deberías dejar de vestirte de ese modo, a mí no me gustan las cosas a medias, o
estas vestida o desnuda ante mí para la próxima vez —le dije.
—¡Cállate
idiota!, ¡Y fuera de mi habitación! —volvió a gritar.
Es que no se
cansa de gritar.
—Está bien me
voy, pero antes dime, si no estabas soñando conmigo, ¿entonces con quien
soñabas?
—No te importa
—gritó, pero está grito tan fuerte que casi me deja sordo.
Yo fingí poner
cara de ofendido, pero luego volví a sonreír.
Fastidiar a la
mocosa era tan divertido como fastidiar a su hermana. Definitivamente molestar
a las Granger, es mi pasatiempo favorito.
—Alístate, te
estaré esperando abajo —dije antes de salir de su habitación. Pero luego de
unos segundos volví a abrir la puerta y me asome por ella, y ahí la mini
Granger parada cerca de su cama, y ella al darse cuenta de que estaba mirándola
se sonrojo. Sonreí internamente—. Ah, mini Granger, se me olvidaba… lindas
piernas —ahora sonreí abiertamente.
—¡IDIOTA!
—escuché que grito cuando cerré la puerta y luego también escuché que algo
chocaba con la puerta para después caer al piso, pero parecía que era algo muy
ligero.
Baje las
escaleras y camine hacia la sala, donde había varios objetos muggles.
Cuando me canse
de mirar esos objetos y de imaginarme sus funciones, me senté en el sofá color
crema a esperar a que la mocosa se dignara a bajar.
Luego como 10
minutos, me paré y empecé a caminar por la sala, su demora me estaba
impacientando. Después de caminar por la sala, volví a sentarme.
Así estuve no sé
cuánto tiempo, me pareció una eternidad —y mi paciencia ya se había terminado—
me paré y fui directo a la habitación de la mocosa tonta.
Ahora si esa
mocosa me las iba a pagar.
Cuando llegué a
la puerta de su habitación la abrí y entre.
—Todavía no
estás lista —siseé.
Pero en ese
momento me di cuenta de que mini Granger estaba en ropa interior negra, y ella
al percatarse de mi presencia se giró y corrió hacia el albornoz que estaba
tirado en suelo y se cubrió.
—¿Qué nadie te
enseño a tocar una puerta? ¿Y sobre todo nadie te enseño lo que es la
privacidad? —gritó indignada.
—Cierra la boca,
estúpida niña —le contesté. Estaba tan enojado que me daba ganas de lanzarle un
hechizo para que dejara de gritar, el sonido de su voz me irritaba.
La miré
fijamente a la cara, estaba pálida, y hasta podría jurar que la vi un poco
temerosa —sonreí internamente— y lo mejor de todo era que había logrado que se
quedara callada.
Aunque no fue
por mucho tiempo, para mi desgracia.
—A mí no me
hablas de esa manera, ¿Quién te crees que eres estúpido rubio? —me gritó
nuevamente.
Estaba harto de
sus gritos, pero no le iba a permitir que lo volviera hacer.
Le dirigí una
mirada asesina, como en los viejos tiempos cuando era un mortífago. Ella
retrocedió un paso. Sí. Ahora sí, la mocosa estaba asustada. Y eso me relajaba.
Estaba tan
complacido con su miedo que me empecé a reír.
—Estás loco
—dijo despacio.
Aun disfrutando
de su miedo decidí acercarme a ella —para divertirme más con su nerviosismo—
pero mini Granger estaba estática, esta vez no trato de alejarse de mí, así que
cuando llegue a estar más cerca de ella, la tome por los brazos con fuerza.
—Yo te hablo
como a mí se me da la gana —le susurré, y sentí que ella se estremeció.
—Me estás
lastimando —ella también susurró.
Pero yo la
ignoré.
Este momento
nunca lo iba a olvidar.
—¿Y quién me
creo que soy?, creí que esa pregunta ya te la había respondido antes, pero creo
que tu lento cerebro muggle no lo recuerda, así que te lo recordaré, yo soy tu
prometido y dentro de una semana y media seré tu esposo y más te vale que te
vayas acostumbrando a mi manera de hablarte —siseé.
—Si no me
sueltas ahora, me quedaran marcas en los brazos —dijo con más confiada, pero yo
la volví a ignorar—, te juro que si me dejas marcas entonces iré con esa
periodista, esa tal Rita Skeeter y declararé que las marcas de mi brazo las
hiciste tú y no solo iré con ella también te denunciaré con el Ministro.
Eso que dijo me
descolocó.
La fui soltando
lentamente, y caminé hacia la puerta.
La miré y ella
me miró, su mirada era de suficiencia.
Pero no, esa
mocosa iba a ganarme, no iba a dejar que pensara que con eso me iba acobardar.
—No lo harás —le
dije muy seguro.
—Sí, sí lo haré
—me contradijo.
—Nadie te creerá
—le rebatí.
Ella sonrió.
—Yo creo que, si
me creerán, no recuerdas que soy una simple e indefensa muggle y tú un mago con
un pasado oscuro —dijo con valentía.
Ya sé cuál es su
juego.
Así que volví a
reír.
—Vaya, sabes
mover muy bien tus piezas de tu ajedrez, y veo que la estúpida valentía de tu
hermana es contagiosa, pero déjame decirte algo, tus amenazas solo me hacen
reír.
—Así que mis
amenazan solo te hacen reír…, pues si sigues tratándome así entonces me veré
con la obligación de romper este absurdo compromiso.
Y eso último que
dijo, hizo que dejara de reír. Esta maldita mocosa sabe que si rompe el
compromiso entonces mi familia ya no obtendrá la protección que requerimos y
que para variar el Ministerio no nos la quiere proporcionar.
Pero yo también
se mover bien mis piezas de mi ajedrez. Y sabía muy bien cómo iba hacer mi
jaque mate.
—Creí que las
Granger tenían palabra —le recordé.
Mini Granger se
quedó callada.
—Tienes un
minuto para estar lista —le dije antes de salir de su habitación.
Otra vez me
encontraba en la sala. Espero que la mini Granger no se demore, o juro que esta
vez sí le lanzaré un hechizo.
Empecé a mirar a
mí alrededor, y volví a ver las fotos que estaba encima de los muebles. Y otra
vez me llamaron mucho la atención de que las fotos muggles no se movieran,
estas estaban estáticas, por más que miraba y volvía a mirar las fotos, no
podía comprender como es que mini Granger y ‘ese’ Percival Weasley salían
abrazados, siempre me pareció más serio que todos los demás, pero en esa foto
le sonreía a la mocosa, y ella le dedicaba una mirada especial, como si ese
Weasley sea lo más maravilloso del mundo, en verdad no lo comprendía, que
saliera con Potter, la Weasley femenino —ahora señora Potter— el hermano de
esta y esos dos chicos, que al parecer eran también muggles, no se me hacía
extraño. Pero con ‘ese’ Weasley…
—Ya estoy lista
—una voz interrumpió mis cavilaciones. Era la mini Granger.
—Ya era hora —le
contesté, caminé hacia ella y la tomo del brazo para luego aparecer en el patio
de Malfoy Manor.
—Se demoraron
—dijo mi madre, apenas aparecimos se acercó a nosotros.
—Es que su hijo
primero se puso a molestar y después me dijo que teníamos que venir aquí, así
que no es culpa mía.
No pude creer lo
que dijo, le mintió a madre, y lo peor es la mentira le salió tan natural que
mi madre le creyó.
Eso me dejo
sorprendido.
—Draco, te dije
que la trajeras temprano y ya ha pasado más de una hora de eso —yo no conteste
nada, pero le dirigí una mirada asesina, dándole a entender que me las pagaría,
pero la mocosa simplemente sonrió—, y si la querías molestar te hubieras
esperado hasta cuando termináramos de ver las cosas que tenemos pendientes.
Le sonreí a mi
madre.
—Claro, madre,
eso haré la próxima vez.
—Bien, vamos
niña, sígueme —dijo mi madre.
—Y tú, Malfoy,
no piensas seguirnos —me dijo al ver que yo no seguía a mi madre.
—No, no
participaré en organizar esa farsa, creo que entre ustedes dos será suficiente.
Caminé hasta
llegar a mi habitación, pero al entrar vi a dos personas dentro.
Eran Blaise y
Theo.
—Vaya, parece
que ustedes no tienen nada que hacer —les dije apenas entré en mi habitación.
—Comúnmente los
dueños de casa dicen “Hola” a sus vistas, no lo que has dicho —dijo Blaise
fingiendo estar ofendido.
—Pues comúnmente
las visitas esperan en la sala de los dueños de casa, no en sus habitaciones
—contesté.
Blaise se soltó
a reír.
—Alex está aquí
—dijo de pronto Theo, que estaba mirando por la ventana.
—Sí. Yo la traje
—contesté.
—Me gustaría ir
a saludarla —susurró Theo.
—No creo que
puedas —le dije.
No me gustaba
nada las confianzas que Theo tenía con la mocosa.
Pero porque no
me agrada que ellos se tengan confianza, total me debería dar lo mismo, me dije
internamente.
—¿Por qué?
—preguntó Theo confundido.
—Sí, ¿Por qué
Theo no puede ir a saludar a la hermana de Granger? —dijo Blaise.
Yo lo miré
serio, Blaise siempre con sus comentarios inoportunos.
—Porque ahora
esta con mi madre haciendo los preparativos de mi supuesta boda.
—Ah, y porque tú
no estás ayudándolas —dijo Blaise—, total también es tu boda, ¿no?
No le contesté
nada, solo lo miré mal y Blaise no volvió a decir nada al respecto.
—Yo creía que ya
no te ibas a casar con Alex —dijo Theo.
—Pues si no te
acuerdas Theo, me tengo que casar con esa odiosa mocosa porque solamente así me
darán la protección que necesitamos —le recordé todo como si no fuera obvio.
—Eso quiere
decir que todavía te siguen llegando amenazas de los mrtífagos que llegaron
escapar —dijo Theo.
Lo miré mal.
—¿Qué quieres
decir con eso de que si me siguen llegando amenazas? ¿Qué acaso a ustedes no
los siguen amenazando esas escorias? —pregunté.
—A mí hace más
de una semana que ya no me llegan ningún tipo de amenazas —dijo Blaise.
—Igual a mí
—dijo Theo.
—¿Qué? ¿A
ustedes ya no les llegan las amenazas? —ellos negaron—, ¿Y a Pansy? ¿A las
Greengrass?
—Bueno desde el
día del atentado que tuvieron la familia de Pansy, ya no les han vuelto a
llegar ningún tipo de amenazas y a las Greengrass igual —dijo Theo.
—Sí, si hasta yo
pensaba que tú seguías con ese cuento de que te ibas a casar con la hermosa
hermana de Granger solo para molestarla —dijo Blaise.
—No puede ser
posible —empecé a caminar por toda mi habitación. ¿Cómo es posible que a ellos
ya no le sigan llegando amenazas, mientras que a mi familia no había ni un solo
día que no dejaba de llegar las amenazas?—. ¿Entonces porque a mí familia no le
deja de llegar las amenazas? —grité desesperado.
—¿Les siguen
llegando amenazas? —preguntó Theo.
—Que acaso no
escuchaste lo que dije Nott, si hasta ayer en la noche todavía me ha llegado
otra estúpida amenaza.
—Qué raro,
porque solo a los Malfoy, están amenazando y en cambio a nosotros nos han
dejado en paz —dijo Blaise.
—No lo sé,
maldita sea, no lo sé —grité.
Esto no podía
ser posible, porque solo querían torturar a mi familia, porque solo a mi familia,
maldita sea. ¿Acaso es porque nosotros somos desertores? No, porque si fuera
así entonces también le tendrían que seguir llegando las amenazas a todos los
desertores. O acaso será porque mi familia regreso a último momento a luchar al
bando contrario, ¿Acaso todo esto es porque mi familia se puso a luchar a lado
de Potter?
¡Maldita sea! Es
como si solo se ensañaran con mi familia.
—Draco, amigo no
te desesperes —me dijo Theo a la vez que ponía una mano sobre mi hombro.
Me sacudí de su
mano al instante.
—¿Qué no me
desespere? Mi familia está en peligro de muerte por esas escorias y tú me
aconsejas que no me desespere, a ver Theo qué harías tú en mi lugar, ¿Qué
harías para detener todas estas amenazas? A ver qué harías —grité desesperado.
—Pues trataría
de llegar al principio de toda esta maraña, averiguaría quien es principal
mortífago que está detrás de todo esto —dijo Theo.
—¿Y cómo quieres
que lo haga, cuando el Ministerio de Magia se niega a darnos ayuda? —siseé.
—Potter —dijo
Blaise, yo lo miré serio—, sí, Potter y Weasley te podrían ayudar, ¿no? Ambos
son aurores, y es su obligación atender estos tipos de casos, además con
Weasley dentro de muy pocos días serán concuñados y con Potter también se
podrían decir que son como familia ya que él era el ahijado del primo de tu
madre.
—¿Quieres que me
vaya a rebajar a pedirle ayuda a Potter y Weasley?
—No sería que te
rebajaras, es uno de tus derechos, ¿no?, además Blaise tiene razón, Potter es
el jefe de aurores y Weasley es su mano derecha, ellos pueden ayudarte —dijo
Theo.
—Porque así te
cases con la preciosura que esta haya abajo —dijo Blaise señalando hacia la
ventana—, con eso solo conseguirás que le den protección a tu familia y a ti,
pero eso no quiere decir que esas escorias dejen de vigilar a tu familia.
—Blaise tiene
razón, Draco, yo creo que después de que te cases con Alex, deberías ir a
hablar con Potter —dijo Theo.
—Lo pensaré
—dije.
—Bien, entonces
creo que te dejamos para que pienses bien que vas a hacer al respecto, y
mientras tanto yo también averiguaré quien es el que está de todo esto —dijo
Theo.
Yo asentí.
—Y yo te ayudo
Theo —dijo Blaise.
Luego de eso los
dos desaparecieron.
¿Quién podrá
estar detrás de todo esto? ¿Quién?, me preguntaba.
Porque según yo,
los únicos que pudieron escapar eran mortífagos que recién estaban entrenando,
los iniciados, pero esto no parece un trabajo de unos mortífagos iniciados,
todas estas amenazas, el atentado de Pansy y esta contigua vigilancia a mi
familia, parece más un trabajo muy bien pensado de la loca de mi tía Bellatrix
y su esposo, pero ellos dos ya están muertos. Y todo esto me lleva a la misma
pregunta, ¿Quién está detrás de todo esto?
***
Luego de darle
vueltas al mismo asunto, me di cuenta de que ya era hora de regresar a su casa
a la mini Granger, o tal vez debería de seguir con la farsa de que somos una
pareja feliz que sale a citas ridículas.
Bajé de mi
habitación y me dirigí hasta el jardín.
En la mesa
tenían muchas carpetas con fotos de decoraciones y otros tipos de cosas a las
cuales no les preste atención.
—Madre, creo que
ya deben parar —dije, y la mini Granger giró para verme, pero lo que me
sorprendió fue que parecía feliz de verme.
—Sí creo que por
hoy ya acabamos, pero mañana continuamos —dijo mi madre.
Mini Granger
puso cara de disgusto cuando oyó lo último que dijo mi madre.
Pero luego
cambio su expresión por una de serenidad y con una sonrisa de alivio se
despidió de mi madre.
—Bien, entonces
hasta mañana, señora Malfoy —se despidió.
—Mañana nos
vemos —contestó mi madre y se dirigió hacia la casa.
—¿Qué esperas
para llevarme a casa? —escuché que dijo la mini Granger, pero más me pareció
una orden.
Eso me molesto.
—No soy tu elfo
doméstico para que me estés ordenando cosas —le aclaré.
—No, no eres un
elfo doméstico, porque si lo fueras me caerías mejor.
Maldita muggle,
esta me las pagas. Decir que prefiere a un elfo domestico antes que a mí.
—Mira mocosa…
—empecé a hablar, pero al ver al elfo aparecer frente a mí, me quedé callado,
porque me di cuenta de lo que tenía entre su mano.
Era un
pergamino.
Otra amenaza
más.
—Amo —hizo una
reverencia—, otro pergamino igual que el anterior acaba de llegar —me entrego
el pergamino e hizo una reverencia para luego desaparecer.
Desenrollé el
pergamino y empecé a leerlo.
Querida Familia Malfoy:
Solo
les escribo para recordarles de que los tenemos muy bien vigilados. Y también
para hacerles saber el asco que me dan, sí, asco, como es posible que la
honorable familia Malfoy, la familia de sangre limpia más antigua, ahora esté
planeando casar a su heredero con una asquerosa muggle, una sangre sucia. Que
bajo han caído. Pero eso es lo que se merecen por haber cambiado de bando, por
haberse puesto de lado de Potter y haber abandonado a nuestro señor.
Y esto
va para ti querido Draco, espero que cuides muy bien de tu futura esposa la
sangre sucia, porque no vaya a ser que te quedes viudo antes de tiempo.
Con todo nuestro
amor
Los Mortífagos, tus
viejos amigos
Malditos, grité
internamente.
—Son amenazas de
los mortífagos —escuche una voz muy cerca de mí. Era la mini Granger con una
expresión indescifrable en su rostro, yo solo me limite a mirarla serio.
—Cállate, no lo
repitas, y pobre de ti que se lo digas mañana a mi madre —la amenacé.
Esta mocosa, me
traerá más problemas que soluciones, porque ahora hasta ella corre peligro,
pensé.
—No hace falta
que me amenaces, yo no le diría nada a tu madre, ¿Por qué lo haría? ¿Y qué
ganaría con decirle? Solo mortificarla, nunca haría algo así —la miré
desconcertado.
Está tratando de
decirme que no irá de chismosa con mi madre.
Me fije bien en
su mirada, era sincera y no había sarcasmo en su manera de hablar.
Asentí con la
cabeza.
—Sí, es una
amenaza —luego le contesté.
—Bien, entonces
supongo que no me puedo echar para atrás con esta farsa —la miré—, y que debo
de continuar con esto con esta tortura de ver 45 tonos de blancos con tu madre
para toda la decoración, pero no me importa soportar toda esta tortura de los
preparativos, y el infierno de vivir contigo, sí sé que luego conseguirás la
protección que requieren, aunque claro solo será un año y un año pasa
rapidísimo, además de que casarme contigo también me conviene porque así… —de
pronto se quedó callada.
¿Qué era lo que
no se atrevió a decir? ¿Y por qué dice que a ella también le conviene casarse
conmigo? ¿Qué está planeando esta mocosa?
—¿Qué ibas a
decir? —le pregunté.
—Nada, solo
estaba… pensando en… voz alta. No es nada importante, en verdad —empezó a
tartamudear, eso quiere decir que está mintiéndome.
Pero yo le
sacaría la verdad, no me iba a dejar con la intriga.
—No te creo,
dijiste algo de que te convenía a ti también casarte conmigo, así que ahora me
dices vas a decir el por qué —le exigí.
—Que dices, creo
que escuchaste mal, y mira te juro que no le diré nada a tu madre sobre ese
pergamino, pero ahora me puedes llevar a casa por favor —se creé muy astuta
tratando de cambiarme de conversación. Pero conmigo se equivocó. Me dirá la
verdad porque me la dice.
—No te llevaré a
tu casa hasta que me digas la verdad.
Se quedó
pensativa unos minutos, para luego romper el silencio.
—Sí te digo la
verdad, me llevarás a casa —me preguntó.
Asentí.
—Bien —respiró
profundo—, dije que me convenía casarme contigo, porque… si no lo hago entonces
yo tendría que irme a vivir con Hermione y Ron a su nueva casa.
Piensa que le
creeré esa mediocre excusa. Ilusa.
—Deja de decir
tonterías y dime la verdad —exigí.
—Esa es la
verdad —dijo.
—No te creo,
porque irte a vivir con tu hermana no sería mucho mejor para ti que aceptar una
boda conmigo.
—No, no sería
mejor para mí, porque por lo menos si me casó contigo podría hacer mi vida
normal, pero si me voy a vivir en la casa de Hermione, me convertiría en un
estorbo entre la nueva pareja y eso sería muy incómodo para mí. Ahora que ya lo
sabes, puedes llevarme a casa.
No lo puedo
creer, así que todo lo que dijo es cierto. Ese es el principal motivo para
aceptar casarse conmigo, mini Granger no quiere ser un estorbo en la nueva vida
de su hermana. Pero que tonta.
Sonreí, no pude
evitarlo.
La tome del
brazo, para luego aparecer en el callejón Diagon.
—¿Qué hacemos
aquí? —preguntó sorprendida la mini Granger luego de abrir los ojos.
—Debemos
continuar con las citas —fue lo único que dije.
Entrelace mi
mano con la de ella, y empezamos a caminar por los alrededores.
—Malfoy te dije
que me llevaras a casa —dijo entre dientes.
—Sí, pero lo
pensé mejor y decidí que debemos de fingir tener una cita.
—¿Por qué
siempre se tiene que hacer lo que tú dices? —me reclamó.
—Porque siempre
ha sido así, es y será así —sonreí.
—Idiota
—susurró.
—Te escuché
—dije.
—Lo dije para
que lo escucharas —sonrió.
—¿Cuándo será el
momento de que te dejes de comportar como una niña estúpida? —le dije—. Por
ratos pareces ser muy madura, pero después vuelves a hacer la misma mocosa
engreída.
La vi con el
ceño fruncido cuando la miré de reojo.
—Yo me dejaré de
comportar como una niña estúpida, cuando tú dejes de ser tan arrogante, creído,
prepotente y gruñón —suspiró—. Ah, y yo soy muy madura, no solo por ratos como
dices.
—Sí, claro muy
madura —me burlé.
Seguimos
caminando por los alrededores, y la gente no dejaba de mirarnos y de murmurar
cosas. Yo ya estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones, pero la mini
Granger no porque la vi que se sonrojaba cada vez que alguien se le quedaba
mirando.
—Oye, quieres
dejar de estarme jalando —susurró.
—Pues entonces
camina más rápido.
—¿Adónde vamos?
—preguntó luego de estar caminando unos minutos.
—A ningún lugar
en especial, solo que todos nos tienen que ver tener citas —que acaso no era
obvio todo está escenita—. Así que apresúrate, cariño.
—No me digas
“cariño” —refunfuñó.
—Claro, como
quieras, cariño.
—Oxigenado
—dijo.
La ignoré, no me
iba a poner a discutir con ella aquí.
Pero luego
recordé algo con que molestarla.
—Ahora si me
dirás a quien le decías en sueños que lo amabas —pregunté.
Ella paró
súbitamente y me miró.
—Ya te dije que
no te lo diría —contestó enojada.
—Pues sino me lo
dices, entonces creo que tendrás que pasar la noche en el callejón Diagon,
porque yo no pienso llevarte a tu casa muggle.
Se quedó callada
unos minutos, y luego la vi sonrojarse.
—Bien —dijo—,
estaba soñando con Tom Cruise.
¿Tom Cruise? ¿Quién es ese?
—¿Quiénes ese
tal Tom Crouise? —pregunté. Ese
nombre parecía muggle.
—Es un artista
de Hollywood —dijo sonriente—. Y es muy guapo —agregó.
—Es un muggle
—dije.
—Sí, como yo
—contestó orgullosa.
No le creía
nada, pero por esta vez lo dejaría pasar. Además, no perdería mi tiempo hablando
de muggles artistas.
Pasamos cerca de
la tienda de “Artículos de Calidad para Quidditch”, y yo paré un momento a ver
la nueva escoba.
—En serio,
¿Quidditch? —dijo la mini Granger.
—¿Acaso tú sabes
algo sobre el Quidditch? —le pregunté.
—Lo sé todo
sobre el quidditch —contestó.
Giré para
mirarla, seguramente me estaba tomando el pelo. Una muggle no podría saber nada
sobre el deporte que tenemos los magos.
—Según recuerdo
a tu hermanita no le gustaba nada el quidditch, así que no entiendo cómo es que
tú dices saber algo sobre nuestro deporte —recalqué.
—Pues yo sé
sobre quidditch, gracias que Harry y Ron siempre hablaban de eso cuando los
veía.
Cierto había
olvidado a Potter y Weasley.
—¿Te molestaría
si entro a ver la tienda? —pregunté.
Mini Granger
pareció sorprendida por mi pregunta.
—¿En serio me
estás tomando en cuenta? —preguntó.
—Sí.
Pareció más
sorprendida aún.
—Pues, sí, me
molesta —contestó.
—Que bien
—sonreí—, entonces, creo que entraré —y sin más la arrastre conmigo a la
tienda.
—Me lo debí
haber imaginado, tú no eres nada amable —dijo.
Estuve un buen
rato en la tienda, casi hasta se me había olvidado la presencia de mini
Granger, solo me di cuenta de ella cuando hizo un poco de fuerza en el agarre
de mi mano.
—¿Compraras
algo? —me preguntó.
La miré. Estaba
seria.
—Creo que sí,
aunque todavía no lo sé, ¿Por qué?
—Apúrate. Yo
también tengo cosas que hacer, no puedes disponer de mi tiempo a tu antojo
—dijo entre dientes.
—Estás muy
seria, deberías sonreír un poco, cariño. Y después dices que yo soy el gruñón.
—Tonto —susurró
y luego puso una sonrisa fingida en su rostro.
—Mejor —dije.
—Será mejor que
compres algo, o te juro que me las cobraré.
Ignoré su
comentario.
Sí, tal vez
hubiera comprado una nueva escoba, pero no le iba a dar el gusto a la mocosa de
que vea que hago lo que ella dice.
—¿Tanto te gusta
el quidditch? —me preguntó
—Creo que ya
sabes la respuesta.
—Sí, ya lo sé, a
todos los hombres les gusta los deportes, todos son iguales, sean del mundo
mágico o del mundo muggle. Y sé que esa escoba te gusta mucho.
—En primera no
me compares con los muggles —susurré—, y en segunda como puedes asegurar que me
gusta esa escoba.
—Fácil, porque
pones la misma cara de tonto que ponen mis amigos cuando ven un auto deportivo
nuevo.
—Te dije que
dejaras de compararme con muggles.
—Bien —dijo—.
Ahora si me puedes llevar a mi casa —pidió.
No le contesté,
solo caminé con ella hasta la salida de la tienda, pero cuando ya estábamos a
fuera, unos tres periodista nos cegaron tomándonos fotos. La mini Granger se
aferró a mi brazo.
—Draco Malfoy
—dijo uno de los reporteros—, soy Mike White, del diario, “El Profeta”. Le
podemos hacer unas preguntas.
—Claro —sonreí
arrogantemente.
—Es cierto que
esta jovencita es la hermana de la heroína de guerra, Hermione Granger, ahora
Weasley, y que además es su futura esposa.
—Es cierto,
Alexandra y yo nos casaremos dentro de muy pocos días —contesté.
—Señorita
Granger, me imagino que debe de estar muy enamorada de Draco Malfoy para
aceptar casarse con él, que durante los años de Hogwarts fue el enemigo jurado
de su hermana.
—Por supuesto,
Draco y yo estamos muy enamorados, ¿cierto, cariño? —sonrió.
Su respuesta me
dejo sorprendido, lo dijo tan natural que no dudo que nadie le haya creído.
—Sí, estamos muy
enamorados —seguí con el juego.
—¿Y por qué se
van a casar tan apresuradamente? ¿Acaso es que ya viene en camino el futuro
heredero? —preguntó otro periodista.
—No —se apresuró
a contestar mini Granger—. Nos vamos a casar rápido porque nos amamos y no
podemos pasar más tiempo separados.
Volvió a mentir.
—Vaya, esa sí es
una verdadera sorpresa —exclamó el tal White—. Podrían por favor abrazarse para
tomarle la foto para la portada del “el Profeta”.
A regañadientes
tuvimos que hacer lo que dijo el periodista, para que todos crean que me caso
por amor con esta mocosa y no por un trato.
—Ya suéltame
—susurró la mini Granger cuando ya nos dejaron de tomar la foto.
Sonreí.
Estoy seguro de
que esto le molestara tanto, que no aguanto las ganas de verla enojada.
Pase mis brazos
por su cintura y la pegue a mí, para luego besar sus labios, ella se
sorprendió, y trato de alejarme, pero luego se dio cuenta de que los
periodistas aún seguían ahí, y no tuvo de otra que seguirme el juego.
Volví a sentir
que nos tomaban fotos.
Luego de que los
periodistas consiguieran su nota que querían, se marcharon deseándonos que
seamos felices con nuestra próxima unión.
—Ahora sí,
llévame a mi casa —exigió.
La observé
estaba completamente ruborizada, seria de vergüenza o tal vez de enojada.
No le tome
importancia a su estado, y en unos segundos ya estábamos en su casa.
Apenas
aparecimos y la mini Granger se pudo mantener en pie, me empujo de su lado.
POV
Alex
Luego de que nos
apareciéramos en mi casa y de que yo respirada profundamente para poder
mantenerme en pie, lo empuje.
¿Cómo se atrevía
a volver a besarme? ¿Con qué derecho lo hacía?
—¡Eres un
idiota! —le grité—. No se te ocurra volver a besarme otra vez, o te juro que…
—¿Qué? ¿Qué me vas
a hacer? —rió—. Una muggle como tú, nunca podría con alguien como yo, además
deja de reclamarme, o es que acaso piensas que a mí me gusta estar besando a
muggles —siseó.
—¿Entonces
porque lo hiciste? —grité.
—No creerás que
te besé porque estoy enamorado de ti, ¿verdad?, que le dijéramos a esos tontos
periodistas que nos amamos es solo para seguir con esta farsa, así que no te
hagas ilusiones conmigo.
—No, yo nunca me
haría ilusiones con alguien como tú, con alguien que no merece ni siquiera un
poquito de mi amor —le aclaré.
Él rió con
ganas.
—No te preocupes
que yo no me interesa y ni siquiera quiero “ese poquito de tu amor” —se burló
de mí.
—Te odio,
estúpido rubio oxigenado —le grité.
—Ah, sí. Qué
bien —dijo—. Sabes que el odio es un sentimiento ardiente mini Granger —el muy
estúpido de Malfoy sonrió con arrogancia.
—Yo te voy a
demostrar que es ardiente…
—Quisiera ver
que es lo que harás para demostrármelo —me interrumpió.
Levante mi mano
para darle una bofetada, pero él fue mucho más rápido y tomo mi mano antes de
que llegara a tocar su mejilla.
—Ten mucho
cuidado con lo que ibas a hacer, mini Granger —susurró—, si me hubieras
golpeado, entonces en este momento lo estarías lamentando —presiono con más
fuerza su agarre en mi mano.
—Suéltame. Me
estás lastimando —tiré de mi mano para que me soltara, pero fue un error,
porque lo único que conseguí fue hacerme más daño—. ¡Ay! —me quejé.
—Ten mucho
cuidado con lo que hagas —me advirtió—. No juegues conmigo —con su otra mano
tomo un mechón de mi cabello y lo coloco detrás de mí oreja, yo trate
nuevamente de zafarme de él, pero fue inútil.
—¡Suéltame! —le
exigí—. Y tú también ten mucho cuidado de no volver a besarme, o te juro que la
próxima vez de morderé el labio —lo amenacé.
Él me miró a los
ojos y en sus orbes grises algo brillo.
En ese descuido
de mi parte, Malfoy posó su mano —con la que me había tocado el cabello— por mi
nuca y me soltó la mano para pasarla por mi cintura y volvió a besarme. Yo traté
de empujarlo, de arañarlo, pero no pude, él es más fuerte que yo, y eso parecía
incitarlo cada vez más. Así que lo único que hice fue dejar de forcejear y
quedarme como una estatua. A los segundos él detuvo el beso y se alejó de mí.
Me miró de pies
a cabeza y sonrió de manera arrogante.
—Ay, mini
Granger —negó con la cabeza—, lo que se promete se cumple, pero ya veo que no
tienes agallas.
—Estúpido —le
grité.
Me sonrió con
triunfo, para luego desaparecer.
Yo me dejé caer
al suelo de rodillas, y empecé a llorar de rabia. ¿Cómo se atrevía a besarme?
Yo no quería sus besos, yo los únicos besos que quería, y añoraba eran los de
Percy, pero esos besos nunca los podría tener. Y al saber eso más lágrimas
cayeron de mis ojos.
Unos segundos
después escuche que tocaron la puerta.
Limpié mis
lágrimas con el torso de mi mano y me dirigí a abrir la puerta.
Eran Ben y
Drake.
—Chicos —los
saludé fingiendo una sonrisa.
—Hola, Alex
—dijeron a la vez.
—¿Qué te pasa?
—preguntó Ben.
—Estás triste
porque Hermione no está y te sientes sola —dijo Drake.
—No, no es eso
—ellos me miraron incrédulos—, bueno en parte es por eso —confesé.
—No te
preocupes, Alex nos tienes a nosotros —dijo Ben pasándome un brazo por los
hombros protectoramente.
—Ya lo sé,
chicos y por eso es hora de que me sinceré con ustedes —les dije.
Ellos me miraron
confundidos.
—Hermione no quiere
que te vayas a vivir con ninguno de nosotros —tanteó Drake.
—No es eso
—susurré. Inhalé y exhalé para infundirme valor—. Chicos, yo… —callé—, me voy a
casar.
Ellos se miraron
confundidos y luego me miraron a mí. Después de eso ellos rieron escandalosamente.
—Sí, claro,
Alex, ya nos habías asustado —dijo Ben aun riendo.
—Sí, que buen
chiste —estuvo de acuerdo Drake.
—Chicos, no es
ningún chiste, en verdad me voy a casar.
Los dos me
miraron con los ojos como plato.
—Alex, no te
puedes casar, tienes 16 años, así que deja de decir estupideces —dijo Ben
enojado.
—Estoy de
acuerdo con Ben —dijo Drake.
—Sí, me voy a
casar —les aclaré.
—Bien,
supongamos que te creemos. Haber dinos con quien te vas a casar si ni siquiera
tienes un novio —dijo Drake.
—Me voy a casar
con… Draco Malfoy.
—¡¿Qué?! —gritó
Ben enojado.
—Acaso ese no es
el que siempre le hizo la vida imposible a tu hermana y a sus amigos —comentó
Drake.
—El mismo
—afirmé.
—Entonces no
entiendo, porque te quieres casar con él, si lo que deberías es odiarlo —dijo
Ben perdiendo los papeles.
—Pues porque…
—Vamos, dinos el
por qué —dijo Ben que me había tomado de los hombros y me estaba sacudiendo
violentamente.
No entendía que
le sucedía, él nunca me había tratado de tal forma.

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