sábado, 26 de mayo de 2018

Mi boda, mi pesadilla (Parte 1)


POV Alex
Me desperté con un ruido extraño, parecía como si alguien estuviera lanzando piedritas a mi ventana, pero no, no era eso —me senté en la cama— agudice bien mi oído, y pude advertir que el ruido era como unos pequeños picotazos en mi ventana.
Me levanté de la cama y caminé hasta la ventana de mi habitación, abrí las cortinas y ahí detrás del vidrio de las ventanas estaba una lechuza —ya me había acostumbrado a este tipo de comunicación, puesto que con una hermana bruja, ya me había acostumbrado a todo tipo de cosas extrañas— Orly, una lechuza color crema con las alas de un color marrón oscuro, la nueva lechuza de la familia Weasley, puesto que Errol, ya no lo utilizaban para enviar las cartas, porque ya estaba muy viejo y ahora solo estaba en su jaula o a veces salía a dar cortos paseos. Abrí la ventana y la lechuza apenas entró, estiró su pata para que le desamarrada la carta, para luego salir volando nuevamente, sin esperar respuesta.
Yo me encogí de hombros y me dispuse a leer la carta.

Buenos días, cariño:
Te escribo para comunicarte que Hermione nos envió una carta temprano, avisándonos que ella y Ron regresan hoy día a las 2 de la tarde de su luna de miel.
George pasara por ti dentro de una hora para traerte a La Madriguera.
Saludos
Molly Weasley

Lo sabía, sabía que Hermione regresaría hoy día, ahora sí se me va a armar una buena, cuando se entere que mañana me caso. Un momento. Pero si mi hermana ya acepto que me case con el rubio oxigenado —cosa que veía muy difícil que aceptara— entonces creo que no se enojara tanto cuando le diga que mi boda es mañana.
Y así con una ligera sonrisa, decidí darme una ducha.
Pero antes miré el reloj, eran las 10: 20 a.m., ¡Oh, my God!, solo tenía 40 minutos para estar lista.
Me metí al baño y me di una ducha rápida, al salir del baño, me puse unos leggins negros, un polo-vestido color blanco y al final me calcé unas botas color crema sin tacón. Baje a la cocina y desayune algo rápido. Para cuando ya había terminado de desayunar y ya me había lavado los dientes, llegó George por mí.
—Vaya, creí que te tendría que esperar —dijo en tono divertido George.
—Pues ya vez que no, yo siempre soy muy puntual —contesté.
—Sí, claro —dijo, para luego tomarme del brazo, yo cerré los ojos, porque ya sabía que nos apareceríamos, y así fue sentí el clásico tirón en mi ombligo y el mareo en mi cabeza.
Cuando abrí los ojos, ya me encontraba en la sala de La Madriguera.
Una chica morena de cabellos castaño oscuro, estaba sentada sobre el sofá de la sala. Era Angelina Johnson —trabaja con George en su tienda de bromas, y ahora último se había hecho su novia—. Ella me sonrió amablemente, y yo le correspondí a su sonrisa.
—Hola, Angelina —la saludé.
—Hola, Alex —respondió.
—Hola, cielo —escuché la voz de la señora Weasley detrás de mí, yo giré y me encontré con unos brazos que me rodeaban, yo respondí el abrazo, ella siempre era muy cariñosa conmigo.
—Hola, ¿cómo está, señora Weasley? —pregunté.
—Muy bien, querida, pero yo te veo a ti mucho más delgada que la última vez, seguro no estas comiendo bien —Molly me dirigía una mirada por todos los ángulos, buscando una delgadez que para mi parecer no era para tanto.
Aunque debo de recocer que, si había bajado unos kilitos, pero seguro se debía a toda esa preocupación a la que he estado, la discusión con mis amigos, la última pelea con Malfoy, la madre de este con los absurdos preparativos de la boda y sus 45 tonos de blanco, me tenían mal y lo peor de todo es que mañana va a hacer horrible, en fin.
Suspiré.
—Eh, y Bill, Fleur y la pequeña Victoire—pregunté por la familia Weasley Delacour, para así cambiar de tema de conversación.
—Bill, Fleur y Victoire, regresaron hace una semana a su casa —contesto la señora Weasley.
—¿Y Charlie, Harry y Ginny? —pregunté al no verlos en la casa.
—Oh, Charlie regreso a Rumania dos días después de la boda de Hermione y Ron. Y Ginny y Harry ya se mudaron a la casa que era de los padres de Harry, ya está reconstruida, si tan solo la vieras es una casa muy acogedora —contestó la señora Weasley, mientras se dirigía a la cocina.
Asentí.
No sabía si preguntar o no, no tendría nada de malo si preguntaba, además era por educación.
Sí, claro, por educación, dijo mi subconsciente.
—¿Y Percy? —pregunté con más emoción de la que hubiera querido mostrar.
George rió y Angelina sonrió.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—No lo sabes —dijo George, todavía riendo.
Negué con la cabeza confundida.
—Está trabajando, querida, no le hagas caso a George —contestó la señora Weasley saliendo de la cocina.
—Ya —susurré, pero aun veía como George y Angelina se sonreían con complicidad.
—Sí, está trabajando —dijo George—, estos últimos 8 meses le gusta trabajar más de lo habitual en él —siguió hablando, pero notaba un poco de sarcasmo en su tono de voz—, sobre todo cuando tiene de asistente a Audrey Razick, una hermosa chica estadounidense de 21 años, de cabellos lisos y negros, piel clara y ojos color celestes, la cual es su novia hace 6 meses y muy pronto su esposa —terminó riendo.
¡¿QUÉ?! —grité internamente— Novia, futura esposa. ¿Pero qué está diciendo George? Eso no puede ser cierto. Nadie me dijo que Percy tenía novia. No, no es cierto. No por supuesto que no es cierto. Esto solo es una típica broma de George, nada más. No. Percy no puede tener novia, y mucho menos casarse.
—Alex, ¿te sientes bien? —escuchaba una voz a lo lejos.
—Eh —dije confusa.
—¿Te sientes bien? —repitió la misma voz. Cuando miré al frente me di cuenta de que era la señora Weasley.
—Sí —susurré.
—Pero estás pálida —dijo George, quien ya no sonreía. Angelina también estaba cerca de mí y me miraba con preocupación.
—Porque no te sientas un momento, quizás la aparición te ha sentado mal —dijo Angelina, pero parecía que ni ella misma se creía lo que había dicho.
Caminé como monótona y me dejé caer en el sofá.
Quería llorar, quería gritar —pero no podía, o si no me descubrirían mis verdaderos sentimientos hacia Percy—, mi corazón me dolía horriblemente. Como nunca me había dolido antes.
Alguien me dio un vaso con agua, y yo lo tome enseguida. Tome un sorbo porque sentía mi boca muy seca, el agua me refresco un poco.
—¿Te sientes mejor? —preguntó Angelina.
—Sí. Creo que se me bajo la presión —mentí.
—Ah, qué bueno que fue eso, yo creía que te había afectado el tema de Percy y su futura esposa —dijo George.
—Oh, George, deja de decir tonterías —lo regaño su madre.
Trate de sonreír.
—No, por supuesto que no fue por eso, y me alegra que Percy se vaya a… casar —me costó mucho decir esa última palabra.
—Solo ayer Percy nos habló de que le iba a proponer matrimonio a Audrey, y me imagino que si...
Después de eso ya no preste más atención a las palabras de la señora Weasley, trate de pensar en otras cosas. No sé cuánto tiempo pase así.
—… cariño estás segura de querer casarte mañana con ese chico Malfoy —esas palabras me sacaron de mi ensoñación.
—Eh, por supuesto que sí, yo lo amo —mentí descaradamente.
George y Angelina hicieron una mueca extraña.
—Bien, entonces mañana todos te estaremos acompañando en tu boda —dijo la señora Weasley.
Fingí una sonrisa.
—Alex, te quería ensañar un nuevo artículo que hemos inventado Angelina y yo —dijo George.
Los tres nos paramos y nos dirigimos a la habitación que había sido de él y de Fred en su tiempo, mientras que la señora Weasley decía que iría a preparar el almuerzo.
En mi cabeza solo resonaban las palabras, “Percy”, “novia”, “Audrey”, “se va a casar” y “futura esposa”.
Pase parte de la mañana muy dispersa, solo sonreía o respondía con monosílabos a George y a Angelina cuando me mostraban sus nuevos inventos. A mí siempre me gustaban sus nuevos artículos, pero ahora con eso de Percy y su novia, nada más no me concentraba en nada de lo que me decían.
Realmente estaba muy triste.
—Chicos a almorzar —nos llamó la madre de George.
Ambos bajamos al comedor. Pero apenas habíamos puesto un pie ahí, cuando de pronto sentimos un ruido. Giramos ahí parados muy sonrientes y abrazados estaban mi hermana y mi cuñado Ron.
—Hola a todos —dijeron al unisonó Hermione y Ron.
Yo corrí y los abracé.
—Hola, Alex —dijo mi hermana, quien me abrazo con mucha fuerza.
Luego de los saludos correspondientes. La señora Weasley sirvió el almuerzo, y mientras comíamos el nuevo matrimonio Weasley Granger nos empezaron a contar sobre su corto viaje de bodas. Ron había llevado a mi hermana a Francia, dijo que Fleur lo ayudo con los mejores sitios turísticos de Francia mágico.
Veía a Ron muy feliz y a mi hermana la veía radiante, sonreía a cada minuto. Se notaba que la vida de recién casada le sentaba muy bien.
En la tarde Hermione se me acercó y paso su brazo por mis hombros.
—¿A ti que te pasa? —me preguntó.
—Nada —respondí.
—Así, pues a mí me pareció que has estado muy callada.
—Imaginaciones tuyas —mentí—. Bueno, tal vez se deba a los nervios de un día antes de la boda, es normal, ¿no? —agregué.
Mi hermana abrió los ojos como plato.
—¿Los nervios de un día antes de la boda? —preguntó sorprendida.
Asentí.
—¿Qué me estas tratando de decir? Que tú y Malfoy mañana…
—… mañana me caso —terminé la frase por ella—. Pero no te preocupes, ya todo está listo, y el vestido es hermoso, solo tienes que verlo para que estés de acuerdo conmigo —comenté como si nada.
—Me dices que mañana te casas y a tú piensas que me preocupa si todo está listo para mañana o no —medio gritó, y todos voltearon a vernos.
Ah, oh, Hermione está enojada.
—Por favor no hagas un drama de esto. Digo tú ya estas formando tu nueva familia, déjame a mí hacer lo mismo —le susurré.
Hermione negó con la cabeza.
—Creí que te casarías dentro de unos meses, por eso te dije antes de irme que lo organizaríamos todo cuando yo regresara, pero tú me tenías esta sorpresita muy bien guardado, ¿no? —tenía en ceño fruncido.
Ron se acercó a nosotras.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—Pasa, que Alex se va a casar mañana —gritó.
Ron me miró sorprendido.
—Oh, vamos. Por favor no querrás discutir, ¿verdad, Hermione? —le dije en tono de aligerar la tensión.
No funciono.
Hermione no cambio su expresión de enojo de su rostro.
—¿Por qué te quieres casar tan pronto? —preguntó Ron.
—Porque lo amo, cuantas veces quieren que lo diga —volví a mentir.
—Bien —dijo mi hermana—, te llevaré a casa.
Ya entendía ese “te llevare a casa”, eso significaba un tenemos que hablar muy seriamente.
Nos despedimos de todos, pero Hermione dio un ligero beso en los labios a su esposo, para luego tomarme del brazo y aparecer en casa de mis padres.
—Ahora sí, Alexandra, dime porque te casas tan apresuradamente.
—Ya te lo dije. Porque amo a… Draco —me costó decir el nombre de ese rubio mal encarado.
—De verdad te casas porque lo amas, o porque tú y él… —no la deje terminar de hablar.
—Por favor, Hermione, como puedes pensar eso de mí —dije sonrojada—, yo no he tenido nada que ver con él o con ningún chico. Además, saca tus cuentas, si tú piensas que me estoy casando porque estoy embarazada, pues no es así, llevo saliendo con Draco desde poco más de un mes y después nos comprometimos. Y me caso con él porque lo amo —volví a repetí esa mentira—. Y si te preocupa el hecho de que no llegue virgen al matrimonio, pues déjame decirte que si lo soy.
—Está bien, está bien —me abrazo—, siento haber pensado mal de ti, Alex, tú eres una buena chica, por eso me preocupa que te estés precipitando al casarte. Pero si tú dices que lo amas y si Malfoy te ama a ti, entonces yo solo les deseo que sean muy felices, así como Ron y yo lo somos.
—Lo seremos —lo dije de una forma que pareció convencer a Hermione.
Desasimos el abrazo.
—Me dijiste que ya tenían todo preparado para mañana —habló mi hermana después de un par de minutos de silencio.
—Sí, ya está todo listo, la madre de Draco se encargó de enviar las invitaciones a todos los Weasley, a Luna, a Ginny y a Harry, y yo les entregue las invitaciones personalmente a Drake y a Ben. Y lo que pude ver de la decoración de la casa y el jardín, es hermoso y estoy segura de que te gustara.
Trate de hablar como una chica enamorada lo haría respecto a su boda.
Hermione me sonrió de una forma que me hizo recordar a mamá.
Nos volvimos a quedar en silencio.
—Creo que me quedaré esta noche para hacerte compañía, no creo que a Ron esto le moleste —dijo Hermione.
—Oh, no es necesario. Ve con tu esposo, Hermione, yo estaré bien.
—Pero…
—Anda, ve con Ron. Yo ahora haré mis maletas, luego tomare una ducha relajante y dormiré para mañana levantarme radiante —sonreí para darle más credibilidad a mis palabras.
—Está bien, entonces mañana vendré por ti para llevarte a la casa de Malfoy.
—Eso no será necesario Granger, oh, perdón, ahora Weasley —dijo una voz detrás de nosotras.
Ambas girábamos para ver de quien se trataba, aunque yo ya sabía quién era.
Era Narcisa Malfoy. La que mañana se convertiría en mi suegra por durante un año.
—Señora Malfoy —dijo mi hermana con el ceño fruncido.
—Vine a por tu hermana, creo que lo más adecuado sería que ella pasara la noche en la mansión Malfoy, y así mañana no habrá retrasos —como siempre esa mujer fue al grano.
—Estás de acuerdo con eso Alex —me preguntó Hermione.
—Sí —lo dije tan segura que hasta yo misma me sorprendí.
La rubia sonrió.
—De acuerdo, entonces, me imagino que mañana podre ir a su casa para ayudar a mi hermana a arreglarse —ahora Hermione se dirigió a la rubia.
—Claro, Gran…, perdón Weasley, es tu hermana, tienes ese derecho —contestó la rubia con poses aristocráticas.
—Bien, entonces yo me voy, buenas noches —se despidió de la madre de Malfoy, la cual con asentimiento de cabeza se despidió—. Adiós, Alex, mañana estaré contigo para ayudarte en todo lo que necesites —me dio un beso en la frente y luego desapareció.
Yo me quede mirado el lugar donde había estado Hermione.
—Bien, niña, es hora de irnos, aún tenemos que hacer los últimos ajustes en el vestido de novia que usaras.
—Señora —llamé su atención—, mi nombre es Alexandra, así que le pido con todo el respeto que no me llame “niña”.
—Está bien, por esta vez creo que tienes razón, no se vería bien que llamara a la esposa de mi hijo “niña”. Te llamaré Alexandra.
Asentí.
—Si gusta puede llamarme como todos lo hacen, Alex.
—Te llamare Alexandra, a mí no me gusta usar sobrenombres.
Asentí.
—Sí gusta puede sentarse señora. Yo iré a hacer mis maletas —le comuniqué.
—Voy contigo —dijo la rubia.
Me encogí de hombros.
—Como quiera.
Subió conmigo hasta mi habitación. Yo saqué las maletas y las puse sobre mi cama, empecé a meter mi ropa dentro de ellas. Cuando de repente toda la ropa se empezó a guardar por si sola. Me giré para ver a la señora Malfoy, y vi que tenía su varita levantada como si hubiera dicho un hechizo.
—Si lo hacías a la manera muggle te hubiera llevado horas —me dijo.
—Gracias —dije sarcásticamente.
Ya con las maletas listas, la rubia me dijo que tomara mis maletas porque nos íbamos a aparecer en su casa. Así lo hice, y en abrir y cerrar de ojos ya estábamos en el patio de su mansión.
Un elfo vino enseguida a llevar mis maletas, me imagino que la habitación donde iba a dormir.
—Entremos —me dijo la rubia.
—Podría quedarme un rato aquí, quisiera tomar un poco de aire —le pedí, a lo cual ella acepto.
Luego de que la señora Malfoy entrara a la mansión. Yo caminé hasta la entrada, y me siente en el primer escalón del porche.
Cerré los ojos y suspiré.
Todavía no era de noche exactamente, más bien era la hora del crepúsculo, el aire hizo que mis cabellos se ondearan y mi piel se puso un poco de gallina al sentir ese dulce frío.
Me quede pensando en que había tenido suerte de que Hermione no me preguntara acerca de la reacción que habían tenido Ben y Drake cuando se enteraron de que me voy a casar. Ni modo que le contara que ninguno de los me hablaba. Pero tengo el presentimiento de que ya se les pasara el enojo, porque por lo menos no me cerraron en la cara la puerta, cuando les fui a llevar la invitación de mi “boda”, sí, es ilógico que hiciera eso, pero yo quiero que brinden su apoyo en esto, así me sentiría más segura. Cuando les fui a llevar la invitación ambos pusieron mala cara, pero yo les recordé que estaría solo un año casada, y aunque no me prometieron de que irían, yo tengo la esperanza de que si estarán conmigo mañana.
De pronto otra vez se me vino a la cabeza de lo que me había enterado esta mañana. Percy tiene novia, y hasta está pensando en casarse, eso significa que yo nunca tendré esperanzas con él, seguramente para cuando yo esté divorciada de Malfoy, Percy ya será un feliz casado. Las lágrimas empezaron a caer de mis ojos.
Pero no, no debía llorar, en fin y al cabo yo sabía que esto algún día pasaría, sabía que Percy no iba a ser para mí, él nunca se mostró interesado en mí, pero claro que tonta, como se iba a fijar en mí cuando él solo me ve como su hermanita menor. Me seque las lágrimas con el torso de la mano.
Abrí los ojos, y miré el jardín con más detenimiento, algunos de los adornos ya estaban colocados, en verdad eran hermosos, aunque muy ostentosos a mi parecer, si de verdad me casara enamorada, esto lo vería como el paraíso, pero no es así.
Trate de pensar en otras cosas. Y como un flash se me vino a la cabeza el día que vi a Malfoy por primera vez, y fue en esta mansión, aunque en una situación muy penosa, cuando los carroñeros nos capturaron, luego Dobby nos ayudó a escapar de esta mansión, en donde el termino muriendo —sacudí mi cabeza de un lado al otro, no quería recordar al pobre Dobby muerto—. La segunda vez que lo vi fue en la batalla, cuando él y sus padres desertaban, pero luego de un momento a otro ellos regresaron, pero esta vez para pelear al lado de Harry, parecía extraño, pero al fin y al cabo ayudaron a derrotar a los mortífagos, y la tercera vez que lo vi fue en el juicio, donde Harry, Ron, Luna, mi hermana, los Weasley y algunos magos más que no puedo identificar declararon a su favor y por eso fueron absueltos, pero lo que nadie sabe es que yo también declaré a favor de ellos, claro que lo hice en la mismo despacho del ministro, y él al ver que yo no pertenecía al mundo mágico, considero que mi declaración era imparcial.
Y ahora me voy a casar con él, aun no puedo creerlo, yo Alex Granger, una muggle casándome con un mago sangre pura, solo para ayudarlos.
Respiré profundo.
Volví a mirar a mí alrededor y sonreí.
—Oye, mini Granger —esa era la voz de mi futuro “esposo”. Reconocería esa manera de hablar en cualquier parte, solo él y bueno sus padres tenían la costumbre de arrastrar las palabras al hablar.
Estaba detrás de mí.
—Vaya, así que vuelves a dirigirme la palabra —le contesté aun sin mirarlo.
—¿Qué haces aquí afuera? —me preguntó, ignorando mi comentario olímpicamente.
—Tomaba un poco de aire.
Dio unos cuantos pasos y se colocó frente a mí. Su mirada era seria.
—Pues ya es hora de que pases, mi madre quiere vayas con ella ahora.
Yo no me moví de donde estaba.
Malfoy tampoco, pero luego hizo algo que me sorprendió, me tendió su mano para que la tomara, así ayudarme a incorporarme.
Acaso lo está haciendo en serio, o solo es una broma, para que cuando la tome él me suelte y yo caiga. Miré detenidamente su mano y luego lo miré al rostro. Parecía que lo hacía en serio, se estaba comportando como un caballero conmigo, pero aun así él seguía con esa cara de seriedad.
Después de pensarlo unos minutos tomé su mano, y él me ayudo a pararme.
—Gracias —susurré.
No me contestó. Pero tampoco me soltó de la mano en todo el camino hasta llegar a una habitación en donde me esperaba su madre.
—Madre —dijo Malfoy en cuando entramos a la habitación.
La rubia estaba acompañada de la diseñadora de modas que se había encargado de hacer el vestido.
—Las dejaré solas —dijo Malfoy, y luego se retiró de la habitación.
—Bien, ya te habías demorado, Alexandra —recalcó la madre del rubio.
—Ya estoy aquí señora, que necesita —dije—. Buenas noches —saludé a la diseñadora.
Ella asintió y sonrió.
—Es necesario que te pruebes el vestido para hacerle los últimos arreglos —dijo la rubia.
—Pero me lo probé hace dos días y todo estaba perfecto.
—Señorita Granger, solo vuelva a probárselo, las novias siempre adelgazan en los últimos días, y aunque solo haya pasado dos días como ha dicho, le aseguro que hará falta hacerle unos arreglos más.
—Está bien —acepté no de muy buena gana.
Ya con el gran vestido puesto, me di cuenta de que lo que dijo la diseñadora era cierto, ahora sentía que en la parte de mi cintura estaba suelta. Y así se lo hice saber a Danna, la diseñadora.
Danna murmuró un hechizo a la vez que movía su varita, y el vestido sorprendentemente se entallo a mi cuerpo, como si fuera otra piel.
Luego de hacerle otros pequeños ajustes al vestido, me lo quité y me puse un albornoz, la diseñadora salió de la habitación, pero la madre de Malfoy se quedó.
—Esta será tu habitación por ahora —¿Qué querría decir con que “esta será mi habitación por ahora”? decidí no darle importancia—. Dentro de una hora es la cena, espero que estés lista para entonces —dijo la rubia dispuesta a salir de la habitación.
—Esperé, señora —la rubia se detuvo—, me podría disculpar por esta noche, pero es que no tengo hambre y aparte me siento cansada —me excusé, la rubia me miró seria.
—Bien, solo por ahora lo pasaré por alto que no nos acompañes a la mesa, pero desde que te conviertas en la esposa de mi hijo, una de tus obligaciones será acompañarnos a la mesa, como la próxima señora Malfoy, ¿entiendes?
Yo solo asentí, no tenía ganas de reclamar nada.
La señora Malfoy también asintió y luego salió de la habitación, dejándome sola.
Después de que la rubia me dejara sola, observe con detenimiento la habitación, todos los acabados y la decoración eran lujosos, y que decir de la cama, los veladores, el tocador y el closet, creo que nunca había visto tantos lujos y eso que mi familia también es de buena solvencia económica.
Decidí no perder más mi tiempo viendo la habitación y me encaminé a una de las puertas que yo supuse era el baño. No me equivoque, efectivamente ese era el baño. Pero si la habitación me había parecido muy lujosa, el baño no se quedaba atrás.
—Guau —exclamé. El baño no solo era lujoso, sino también que muy pulcro. Olía como a jabones de flores exóticas.
—Ya está lista la tina, ama —dijo una criatura pequeña, haciendo una reverencia.
—¡Aahhh! —grité de susto.
No me había percatado de su presencia.
—Oh, Buddy no quiso asustar a la ama —dijo un elfo doméstico, esta pequeña criatura era muy joven, más joven de todos los elfos que había visto en mi vida.
—No te preocupes, además fue mi culpa, yo estaba distraída.
—Buddy, solo vino a prepararle el baño a la nueva ama, porque la ama Narcisa le ordenó a Buddy que lo hiciera. Buddy debería castigarse por asustar a la nueva ama.
—No. No lo hagas, ya te dije que fue mi culpa —le consolé al verlo tan apenado.
El elfo me miró aun pesar.
—La nueva ama es muy buena y amable con Buddy —susurró—, desde este momento Buddy le será muy fiel y obediente.
—Yo no soy tu ama —le aclaré—. Mi nombre es Alexandra, pero tú puedes llamarme Alex.
—Oh, no, no —Bubby empezó a negar con la cabeza, asustado—, Buddy nunca llamaría a sus amos por su nombre es una gran falta de respeto.
—Bien, bien —dije al verlo a punto de soltarse a llorar—, puedes llamarme como quieras.
Buddy asintió mirando al suelo.
—Buddy dejara sola a la ama para que tome su baño —hizo una exagerada reverencia y luego desapareció.
Me quede para en el mismo lugar por unos minutos.
Luego reaccione y cerré la puerta del baño, caminé hasta la tina, me despoje del albornoz y de mi ropa interior, para después meterme a la tina. El agua estaba calientita y la espuma del jabón tenía olor a flores, de ahí provenía el olor que sentí cuando entré al baño. Cerré los ojos y me relajé con la reconfortante agua, mis músculos se relajaron, y por lo menos todo el tiempo que estuve en la tina no pensé en nada.
Cuando salí de la tina tenía mi piel arrugada, cuanto tiempo habré estado ahí dentro quizás más de una hora. Me volví a poner el albornoz y salí del baño. Luego busque en unas de las maletas mi ropa interior y mi pijama.
Me demoré en encontrar lo que estaba buscando, es que eran cuatro maletas y además yo no las había hecho. Pero cuando encontré lo que buscaba me puse la ropa interior y un pijama que constaba de un mini short y un top.
Me miré en un espejo de cuerpo completo que había al costado del closet, estaba un poco descubierta, pero luego caí en la cuenta de que todos mis pijamas eran de ese tipo.
Maldije internamente.
—Lo único bueno de todo esto es que Malfoy y yo dormiremos en habitaciones separadas y él nunca volverá a ver vestida así —susurré.
¿Por qué íbamos a dormir en habitaciones separadas, no?, me pregunté. Claro que sí, no creo que Malfoy quiera compartir la cama con una muggle como yo, me respondí.
Dejé de mirarme en el espejo, y caminé hacia la cama para dormir de una buena vez. Pero cuando estaba levantando la cubre cama de una tela muy fina que no pude saber su nombre, escuché una voz de mujer, era una voz un poco chillona, o lo escucharía así porque parecía que le rogaba a alguien. Definitivamente esa voz no respondía a Narcisa Malfoy, la madre del oxigenado.
Draco por favor no lo hagas, no me hagas esto —decía esa voz, mucho más fuerte de lo normal.
—Ya, cállate, me estas cansando —gritó la voz de Malfoy, parecía enojado.
Por favor no lo hagas, no lo hagas —gritó esa mujer.
—Cállate —volvió hablar Malfoy, pero esta vez el tono de su voz era siseante—, deja de gritar.
Ya no pude contener más mi curiosidad, caminé hasta la puerta y muy despacio la abrí, y me asomé. En el ancho pasillo me encontré a Malfoy de espaldas y una mujer como como de su edad que trataba de abrazarlo, pero él no se dejaba.
Esa mujer se me hizo conocida, era delgada, de cabellos lacios castaño oscuro, ojos verdes, y piel clara. Sí, en verdad se me hacía muy conocida, pero no recordaba de dónde.
En un momento la mirada verde de esa mujer se encontró con la mía. Ella se sorprendió al verme, pero luego me dedico una mirada envenenada para después sonreír y besar a Malfoy en los labios.
Sentí la ira recorrer por mis venas.
¡Maldito Malfoy!, me reclama a mí para que le sea fiel, pero él no lo es.
Ya no quise seguir mirando más, no vaya a hacer que para colmo ellos me descubran espiándolos, aunque claro esa “mujer” ya me había visto. Así que me metí a la habitación y cerré la puerta del mismo modo como lo abrí, despacio.
Caminé hacia la cama y ahora si me acosté en ella. Apagué la luz de lámpara y cerré mis ojos.
No podía dormir, lo único que hacía era dar vueltas en la cama, tal vez se deba a que no era mi cama, o tal vez no. Pero en un momento me quedé dormida, recuerdo que tuve pesadillas, soñaba con mi boda, que luego se transformaba en la boda de Percy con esa chica Audrey, casi toda la noche mi sueño fue en que Percy se casaba con otra y yo me quedaba como muerta en vida.
Desperté con una voz familiar.
—Alexandra —dijo una voz fuerte de una mujer.
Abrí los ojos lentamente, parpadeé para acostumbrándome a la luz del sol que entraba por las ventanas, puesto que las cortinas habían sido abiertas de par en par.
Parada junto a la cama estaba Narcisa Malfoy —con el rostro serio— y Danna.
—¿Qué sucede? —pregunté aun soñolienta.
—Ya son las 10 de mañana y la ceremonia se llevará a cabo a las 2 de la tarde, y tú aun no te levantas, no sabes cuantas cosas tenemos que hacer —me regañó la rubia.
¡Oh, por Dios!, hoy día es mi gran boda, hoy día me amarro por durante un año completo a Draco Malfoy.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo.
—¿Qué haces todavía acostada? ¡Levántate! —me urgió mi futura suegra.
Yo estaba aún sin moverme de la cama, mientras veía a Danna revoloteando por la habitación, creo que me pareció ver que tenía en las manos un juego de lencería como el que prácticamente le obligamos usar Hermione el día de su boda.
¿Pero qué demonios?, yo no pienso usar eso, me dije internamente.


El cuernudo de esta historia


POV Draco
Apenas puse un pie en mi casa, un elfo doméstico apareció ante mí.
—Amo —dijo haciendo una reverencia—, tiene una visita.
—¿Una visita? —susurré.
—Sí, amo. Está en la sala con su madre.
Asentí.
Y el elfo desapareció.
Camine lentamente hasta llegar a la sala. Me preguntó quién será a visita.
Supe quién era cuando entré en la sala.
Cabellos castaños oscuros, largos y lacios, ojos verdes, piel clara y llevaba puesto un vestido morado de diseñador.
Era Astoria.
—Hijo —dijo mi madre.
—Madre —respondí.
—Mira quien ha venido a visitarte —dijo mi madre con una sonrisa.
—Astoria —dije.
—Draco, podemos hablar —pidió.
—Entonces creo que los dejaré solos —dijo mi madre.
—No es necesario, Cissy —dijo Astoria.
—Yo creo que sí. Ustedes tienen que hablar —mi madre se fue hacia el despacho de mi padre.
—Bien. Sobre qué quieres que hablemos —dije cuando nos quedamos solos.
—Draco —Astoria se acercó a mí—, por favor no te cases.
—Yo no me quiero casar, pero tengo que hacerlo.
—No, no, Draco, no te cases. Yo te amo. Ya verás que le encontraremos una solución a las continuas amenazas —se acercó a mí y me besó.
Yo le respondí el beso. Pero paré cuando me quedé sin aire.
—Draco, te lo pido, no te cases —exigió, poniendo sus manos en mi saco, arrugando.
Quite sus manos y me aleje de ella.
—Ya basta, Astoria. Entiende, me voy a casar, lo quieras o no —ella me miró con sus ojos a punto de resbalarse las lágrimas. Pero yo sabía que, hacia todo eso para salirse con suya, ella solo quería chantajearme—. Mira, ahora no estoy de humor, así que te pido que te retires.
—No puedes echarme, Draco —gritó.
—No grites —le dije.
—No te das cuenta de que te amo, y que tú queriéndote casar con la insulsa hermana muggle de Granger me lastimas.
—Yo no te amo.
Astoria me miró con desilusión.
—Yo creí que nos íbamos a casar, te he estado esperando por muchos años, como para que ahora me salgas con que…
—Astoria —levanté la voz—, yo nunca te dije para formalizar la relación que teníamos, es más ni siquiera era una relación seria, lo que nosotros teníamos era solo sexo, la pasábamos bien y nada más. Y como ya te dije yo no me caso porque quiero, lo hago para darle seguridad a mi familia. Así que ya deja de reclamarme.
—Está bien, está bien —repitió, parecía nerviosa—, ahora no hablemos de eso, yo solo vine porque te necesito.
Trato de besarme, pero yo me aleje. Detestaba cuando se ponía en ese plan.
—Creo que será mejor que te vayas.
—Draco, no quiero irme. Te necesito ahora.
La miré fijamente, y esta vez fui yo quien la besó. De todas maneras, no me costaba nada complacer a Astoria.
Sin darme cuenta, ya me encontraba dentro de mi habitación con Astoria pegada a mí. Ella me tiró sobre la cama y nos empezamos a besar como dementes, a la vez que sus manos desabotonaban mi camisa y yo le subía el vestido hasta el muslo.

POV Alex
—Vamos, dinos el por qué —dijo Ben que me había tomado de los hombros y me estaba sacudiendo violentamente.
No entendía que le sucedía, él nunca me había tratado de tal forma.
—Suéltame —susurré.
—Vamos, suéltala, Ben —le dijo Drake serio.
Ben me quedo mirando y lentamente me empezó a soltar.
—Lo siento —se disculpó.
No dije nada, solo asentí.
—¿Por qué te vas a casar con ese sujeto, Alex? —preguntó Drake, calmado, pero serio, y ver a Drake serio, era muy raro. Eso hizo que me intimidara—. No lo comprendo —agregó más para él que para que yo lo escuchará.
—Bueno… yo… —respiré profundo y continué—, me voy a casar con él porque… me necesita.
De pronto Ben soltó una risa sarcástica.
—Sí, claro —dijo.
—Es verdad, Ben.
—¿Y por qué te necesita? —preguntó Drake, y seguía serio.
Trague saliva.
Me estaba dando miedo verlo tan serio, Drake siempre tenía una sonrisa en su rostro, pero ahora, era todo lo contrario.
—Porque…
—¡TE HECHIZO! —gritó Ben, apuntándome con el dedo—, sí, es eso. Oh, Alex debemos decírselo a Hermione, tal vez ella pueda hacer algo, no, estoy seguro, Hermione te quitara ese hechizo —habló tan rápido que hasta estaba ligeramente morado por la falta de aire.
—Que les quede claro una cosa, Malfoy no me hechizo, y yo me voy a casar con él para ayudarlo.
—Explícate —dijo Ben.
—A Malfoy le han estado llegando una serie de amenazas, y el Ministerio de Magia no le ha querido dar la protección que requiere su familia, y la única solución es que él se casase con la heroína de guerra, en este caso mi hermana —Drake y Ben escuchaban atentamente todo lo que les decía—, pero como Hermione se iba a casar con Ron, no pudo ayudarlos…
—Pero que tienes que ver tú en todo esto —dijo Drake interrumpiéndome—, si ni siquiera perteneces a su mundo.
—Déjame terminar. Lo que pasa es que Ron le dijo sin querer a la familia Malfoy que Hermione no era la única que había chica que había ido en la búsqueda de los Horrocruxes. Y ya ven luego de todo un problema los Malfoy vinieron a proponerme que me case con su hijo para que así el Ministerio le de protección, porque esa era la única manera en que se la den, puesto que su único hijo un “sangre pura” se case con una “muggle” como yo —me señalé—, eso sería más que suficiente para que el Ministro de Magia vea que los Malfoy han cambiado y así ellos conseguirían lo que exigen.
—O sea que todo es como… un trato —dijo Ben, más relajado.
Yo asentí.
—¿Por cuánto tiempo? —preguntó Drake.
—Un año —respondí.
—Aun así, yo creo que no te deberías de casar, Alex. No puedes confiar en ese hombre —dijo Ben—, pues por lo que nos contaste cuando viniste de esa búsqueda, tú dijiste que ese Malfoy estaba del otro lado del bando.
—Sí, lo estuvo, pero después él y su familia peleo de lado de Harry.
—No nos has dicho quien los amenaza —dijo Drake pensativo.
—Pues los amenazan los mortífagos que pudieron escapar, y como los Malfoy luego los traicionaron, ahora ellos se quieren vengar.
—Con más razón no te cases, Alexandra —medio gritó Ben—. Vas a estar en peligro constantemente tú también.
—No lo creo, yo estoy protegida por que soy la hermana de la heroína de guerra, y mi protección les ayudara a conseguir protección a ellos. Además de que le di mi palabra al rubio de que me casaría con él.
—Ese anillo —dijo de pronto Drake señalando mi mano izquierda—, te lo dio ese tal Malfoy, ¿cierto?
—Sí.
—Ese anillo, es un maldito anillo de compromiso —gritó Ben—, por eso te pusiste tan nerviosa cuando te lo preguntamos, y tú solo nos dijiste: “se los explicaré todo cuando sea el momento indicado” —dijo imitando mi voz.
—Pues sí. Pero es que en ese momento no tenía valor para contarles la verdad.
—Ahora, ¿sabes lo que vas a hacer? —dijo Ben, yo negué con la cabeza confusa—, cuando ese Malfoy venga le devuelves el anillo y rompes el compromiso —me ordenó.
—Como si fuera tan fácil. Acaso no te acuerdas de que el anillo está pegado a mi dedo —le recordé—, y te repito yo le di mi palabra a Malfoy, así que no puedo romper mi compromiso con él.
—No puedes o no quieres —gritó Ben, estaba alterado.
Yo lo miré seria, ¿qué me estaba tratando de insinuar?
—Ben, cálmate, no pierdas los papeles —le dijo Drake—. Además, no creo que Alex se pueda casar, es menor de edad y necesitaría un permiso firmado por sus padres, pero en este caso por su hermana mayor.
—Claro —Ben sonrió—, y no creo que Hermione permita que te cases con ese ex mortífago.
Apreté mis puños.
¿Por qué Ben se comportaba así conmigo? Si se supone que es uno de mis mejores amigos.
—Hermione ya acepto que me casé con Malfoy —dije.
—¡¿Qué?! —gritó Ben—, acaso Hermione se volvió loca.
—No, no está loca, es solo que ella respeta mis decisiones.
Bueno, no siempre, pensé.
No permitiré que te cases, y que eches a perder tu vida —dijo Ben.
—Solo estaré casada un año, no para toda la vida. Solo estaré casada un año —repetí lentamente—, no es mucho tiempo —terminé gritando.
—Alex, piensa muy bien si casarte es lo correcto —dijo Drake.
Esta era la segunda vez que me decían lo mismo, el primero fue Percy. Pero yo no puedo dejar que le pase algo malo a esa familia, pudiendo yo evitarlo.
—Nos vamos —rugió Ben. Estaba muy enfadado.
—Esperen —les dije—, por favor no le digan nada a Hermione de que me caso con Malfoy por un trato —les pedí.
—¿Por qué no? —dijo Drake.
—Porque ella piensa que me caso por amor.
Ben me miró tan serio que me puso nerviosa.
—No cuentes con nosotros en esta locura —dijo Ben, antes de salir de mi casa. Drake, vámonos —gritó desde la puerta.
Drake solo me miró, para luego seguir a Ben.

***

Ya había pasado como unas cuatro horas desde que Ben y Drake, se habían ido dejándome destrozada. Ellos dos son mis mejores amigos, con los que siempre he estado, desde que íbamos al kínder no nos hemos separado —bueno nos separamos cuando me fui con Hermione a la búsqueda de los Horrocruxes— pero cuando regrese prometimos que siempre estaríamos juntos en las buenas y las malas, y que nunca no separaríamos, pero al parecer Ben no tomo en cuenta esa promesa que hicimos, y bueno de Drake no puedo dudar, estoy completamente segura de que si cumplirá con su promesa, pero ahora parece un poco enojado o resentido conmigo.
Las lágrimas caían de mis ojos sin control, me siento muy triste, y sobre todo me siento sola, sola en esta casa tan grande.
Antes por lo menos tenía el consuelo de que Hermione llega por la noche y platicábamos, pero ahora ella esa casada y de luna de miel, mis amigos están enojados conmigo, y ni siquiera han intentado ponerse por un momento en mi lugar, y por último no tengo conmigo a mis padres, todo sería completamente distinto si mis padres aun vivieran, tal vez en estos momentos yo estaría con ellos y no estaría comprometida con Malfoy.
De nada sirvió que Hermione les modificara su memoria y los enviara a Australia, de todas formas, los mortífagos los hallaron para luego asesinarlos —lloré más al recordar el momento en cuando nos dieron la noticia a mi hermana y a mí—. Ben y Drake estuvieron siempre conmigo en esos momentos de tristeza. Pero ahora… ¡Ay, no! No quiero pensar en nada.
Limpie mis lágrimas con un pañuelo, pase tan fuerte el pañuelo por el contorno de mis ojos que sentí ardor.
Pero no dejo de pensar en la coincidencia de Percy y Ben, los dos me dijeron que pensara muy bien si casarme con Malfoy es correcto. Ahora yo misma me preguntó, ¿será correcto casarme con Malfoy?
No tuve que esperar mucho por la respuesta, porque mi subconsciente dijo: Claro que es correcto, es correcto porque casándote con Malfoy le estarías brindando protección a esa familia. Eso es lo correcto, ayudar a los demás.
Además, me acorde de la amenaza que le llego en la mañana a Malfoy. Él estaba muy preocupado.
Sonreí con ironía.
—Sí, es correcto ayudar a los demás, pero es raro que una chica de 16 años se case con el enemigo de su hermana —todo eso lo dije en voz alta, como esperando alguna respuesta.
Pero todo quedo en silencio después de que hablé.

***

Desperté con un fuerte dolor de cabeza, miré a mí alrededor, era la sala, me quedé dormida después de la discusión que tuve con mis mejores amigos. Espero que se les pase el enojo, para que así puedan apoyarme en todo esto.
Me levanté del sofá, y caminé hacia mi habitación, pero fue una tortura, porque cada paso que daba era una punzada en mi cabeza, seguro se debía a que había estado llorando, al cansancio, la preocupación, y sobre todo a la falta de alimento, no había probado nada desde el día anterior.
Ya dentro de mi habitación, miré el reloj, eran las 5:30 de la mañana. Me sorprendí de lo temprano que me había levantado. Miré mi cama tentada a volver a dormir, pero sabía de sobre que no consiliaria el sueño, solo daría vueltas en la cama. Así que me decidí darme una ducha rápida, para luego desayunar.
Bajé a la cocina, y me preparé café, pan tostado, ensalada de frutos y jugo de naranja, comí lentamente, pensando en todo lo ocurrido el día anterior. Ya con alimento en el estómago, tome unos de los analgésicos para el dolor de cabeza que estaba en unos de los cajones del repostero.
—Espero y con este analgésico me pasé el dolor de cabeza —susurré, frotándome la sien.
Antes de salir de la cocina, miré el reloj, diez para las siete. De seguro que no tarda en llegar Malfoy, puesto que tenía que seguir con los preparativos de mi “boda”.
Me senté el sofá a esperar a Malfoy, ya que no tenía otra cosa mejor que hacer.
—Espero que me puedan comprender —dije en voz alta, pesando en Ben y Drake.
—¿Quiénes te tienen que comprender? —preguntó una voz detrás de mí, que me hizo saltar de susto.
Pero esa voz ya la reconocía, esa manera de hablar arrastrando las palabras. No era otro más que Malfoy.
—Malfoy, siempre asustándome, ¿Por qué siempre tienes que aparecer como fantasma?
Malfoy caminó hasta ponerse frente a mí.
Se quedó callado unos segundos, ignorando mi pregunta.
—No me has contestado —me reclamó.
—No te importa, además tú tampoco has respondido mi pregunta.
Me miró directamente, y yo esquive su mirada gris, era tan penetrante, parecía que hasta podía ver mi alma.
—¿Qué haces levantada tan temprano? —habló sin quitar su mirada inquisidora de mí, y aunque yo no lo miraba podía sentirlo.
—No te importa —contesté enojada.
Sonrió arrogante.
Detestaba esa sonrisa. Me paré del sofá dispuesta a darle una bofetada, para haber si así le borraba esa sonrisa, pero me contuve, no vaya a ser que me besé por venganza o tal vez hasta llegue a devolverme la bofetada.
Él pareció no darse cuenta de mis intenciones de golpearlo, o simplemente me ignoró.
—Estuviste llorando —esa no era una pregunta, era una afirmación.
—No te importa —repetí.
—Sí, tienes razón no me importa —siseó—, es muy tú problema si lloras o no, a mí que más me da.
—Pues si es mi problema, solo mi problema —grité—, y si, si estuve llorando, sabes porque —no le di tiempo a que contestara—, estaba llorando porque me peleé con mis amantes cuando se enteraron que mi iba a casar, por eso dije “Espero que puedan comprender”, porque durante un año no voy a poder verlos, claro, siempre y cuando a ti no te importe que pase algunas noches fuera de tu mansión y tampoco espero que te importe ser el cuernudo de esta historia.
De pronto la expresión del rostro de Malfoy se volvió de odio.
¡Rayos!, porque dije eso, porque inventé esa mentira, me dije internamente al ver esa mirada que me dirigía.
Malfoy acortó la distancia que nos separaba y me cogió por el cuello, apretándolo con la fuerza suficiente para quitarme el aire.
—Mira mocosa, a mí no me importa si has tenido muchos amantes, o con cuántos hombres te has estado acostando por semana, pero ahora que te vas a casar conmigo los vas a dejar, porque yo no te pienso consentir ni una sola infidelidad, te vas a tener que comportar como la próxima señora Malfoy, o al menos inténtalo, porque una muggle como tú nunca podría comportarse a la altura de un Malfoy —siseó.
Yo trataba de empujarlo, casi me estaba dejando sin aire, pero fue inútil, era demasiado fuerte.
—S–su–suél–tam–me —dije entrecortadamente.
Malfoy apretó un poco más su agarre, pero luego me soltó. Yo tosí tratando de recuperar un poco el aire, mientras me frotaba el cuello.
—Espero que te haya quedado claro —gruñó.
—Yo espero lo mismo de ti —tosí—, yo también espero que cumplas lo mismo que me acabas de aclarar. Porque, así como tú no quieres ser un cuernudo, yo tampoco quiero ser una cuernuda.
—Te lo advierto, Granger, no juegues conmigo, no juegues con un Malfoy —amenazó.
No me dio tiempo de respondes. Porque luego sentí que me tomaba del brazo, yo cerré los ojos sabiendo que nos íbamos a desaparecer y cuando abrí los ojos —obviamente mareada— ya no estaba en la sala de mi casa, ahora me encontraba dentro de la mansión Malfoy.
Malfoy me soltó el brazo.
—Mi madre vendrá ahora, espero que te sepas comportar —me advirtió. Y luego sin dirigirme ni una mirada salió de la sala, dejándome sola.
Miré a mí alrededor cuando me percaté de que el rubio oxigenado ya no estaba. Esta era una sala, como las que acostumbran la realeza para tomar el té, los adornos eran lujosos, sofisticados, y la madera de los muebles eran raros, por lo menos en mi mundo lo son, la mesita de centro era de cristal, con pequeños adornos de esmeraldas en las esquinas y al centro de la mesa, lo única malo de estancia es que es oscura y fría como el resto de la casa, y como las personas que la habitan.
Me frote el cuello, todavía me dolía. Malfoy es una bestia, como se le ocurre tratar de ahorcarme, pudo haberme matado. ¡Ay!, pero tengo que reconocer que yo tuve algo de culpa por decir tantas estupideces juntas, de donde se me había salido decir eso sobre mis supuestos amantes. A ningún hombre le agrada escuchar que su futura esposa —así sea su futura esposa solo una farsa— tenga amantes, porque su hombría no lo soportaría.
—Estoy jugando con fuego, tengo que aprender a cerrar mi boca, no vaya a ser que para la próxima no la cuente —susurré mientras me volvía a frotar el cuello.
—Buenos días —escuché una voz femenina a mi espalda. Me sobresalte.
Rayos, ahora sé de dónde herero Malfoy el gusto por asustarme.
—Has sido puntual, eso me agrada, porque tenemos muchas cosas que hacer —dijo caminando y sentándose en un sofá frente al mío.
—Buenos días —saludé a la aristocrática mujer.
Luego de los saludos correspondientes, empezamos con mi tortura personal.
Preparar una boda era horrible, o solo era horrible porque no me casaba por amor. Bueno eso no importa ahora, es lo que tengo que hacer. Estaba cansada de ver carpetas con modelos de decoraciones para el jardín, para la sala, lo que escogeríamos para la comida, para los bocaditos, las bebidas, etc., etc., etc.
Cada vez que la señora Malfoy me pedía me opinión, yo solo contestaba “sí, me gusta”, “es lo que yo hubiera escogido”, “está perfecto”, “oh, perfecto yo creo que eso iría bien con la decoración”, aunque en realidad ni siquiera le prestaba atención a las carpetas que me enseñaba.


Y así fueron pasando los días, Malfoy venía por mí, todas las mañanas a la misma hora, me tomaba del brazo y aparecíamos en su mansión, pero no volvió a dirigirme la palabra —al parecer le molesto mucho la última discusión que tuvimos—, pero que él tampoco se crea un santo, si él esta ofendido por mis palabras, entonces yo también tendría el derecho de estar enojada con él porque intento matarme.
Estos dos últimos días la que ha venido a recogerme ha sido sorprendentemente la señora Malfoy.
—Buenos días, niña —me dijo ayer la madre de Malfoy cuando vino por mí.
Yo me sorprendí al verla nuevamente en mi casa.
Recuerdo que lo primero que pensé cuando la vi fue: Que Malfoy no tiene los suficientes pantalones como para venir ya por mí que ahora manda a su madre, claro por eso quedo Slytherin y no Gryffindor.
Pero luego todo estuvo claro, cuando la rubia me explico que estos últimos días ella vendría por mí, porque iríamos con una diseñadora para que me haga el “grandioso vestido de novia”.
Como si yo quisiera un vestido de novia.
Ya le terminaron de hacer los últimos arreglos al vestido, es hermoso, sí, eso nunca lo podría negar, pero aun así me parece que para una boda falsa hay mucho lujo.
Ahora estoy libre, relajándome en mi casa —es un decir— no podría relajarme nunca, porque estoy preocupada y triste porque Ben y Drake no me han vuelto hablar, ni siquiera por teléfono, también estoy preocupada porque dentro de dos días será mi matrisuicidio, y Hermione todavía está de luna de miel, me imagino que mañana vendrá, se llevara una gran sorpresa al interesarse de que ya está todo listo para “mi boda”. Ojalá y no se moleste mucho o que no vaya a pensar lo mismo que el Ministro, eso de que me estoy casando tan rápido porque estoy embarazada. Que absurdo.
¡Ay, Dios mío!, que todo esto de la boda salga bien, y sobre todo que pueda soportar convivir con Malfoy durante un año, y que no nos terminemos matando.