El
carruaje hizo su aterrizaje luego de una media hora, en un lugar inimaginable.
A simple vista parecía ser un castillo, pero era un hotel, un hotel muy lujoso.
La
puerta del carruaje se abrió del lado de Alex, la chica se disponía a bajar,
pero antes de que pusiera un pie en el suelo, vio una mano pálida delante de
ella, Alex miró a la persona que se estaba ofreciendo a ayudarla. Era Draco, su
esposo. Ni cuenta se había dado de que Draco ya había bajado del carruaje, miró
fijamente al rubio, y luego volvió a mirar la mano extendida de este, y la tomó
para no parecer maleducada. Es más no debería tratarlo mal, puesto que Draco la
había tratado bien, o por lo menos no le había salido con ningún comentario
desagradable como tenía costumbre.
Las
pertenencias de los nuevos esposos Malfoy levitaron hasta posarse en suelo, el
carruaje salió volando nuevamente, pero de eso no se percató Alex.
Puesto
que apenas Alex bajo del carruaje, se quedó maravillada con la vista del hotel.
Nunca había visto algo tan hermoso, ni en sus mejores sueños.
—Es
hermoso —dijo Alex, con ojos brillantes—. En mi mundo nunca he visto algo
parecido.
—En tu
mundo no existen estas cosas —contestó el rubio con arrogancia.
Alex no
le prestó atención, porque seguía admirando el hotel.
Draco
solo sonrió ligeramente. Aunque todo eso de pasar su “noche de bodas” en ese
hotel, le parecía demasiado para una farsa.
—Vamos
—dijo el rubio tomando de la mano de la chica que tenía sobre un brazo la cola
del vestido de novia.
Alex
miró hacia atrás.
—¿Y el
carruaje? —preguntó al solo ver sus cosas en el suelo.
—No
creerías que se iba a quedar ahí para siempre —ironizó el rubio, Alex hizo un
gesto de molestia—. Vamos —repitió.
—Pero
¿y nuestras cosas? —volvió a preguntar la castaña.
—Aparecerá
en nuestra habitación —contestó Draco, arrastrando a Alex hacia el hotel.
¿Acaso
dijo nuestra habitación?, pero…, cierto, es nuestra noche de bodas, pensaba con
pesar Alex.
Ya
dentro del lujo hotel, Alex se quedó más impresionada aún. Si por fuera era
hermoso, por dentro no encontraba la palabra perfecta para definirlo.
Era
realmente muy lujoso, tenía adornos que parecían hechos de cristal, los muebles
parecían ser de una madera muy fina. Y hasta los propios uniformes y las
túnicas del personal, parecían ser de una tela muy fina.
—Bienvenidos,
y muchas felicidades por su unión, señores Malfoy —dijo el hombre que atendía.
—Gracias
—dijo el rubio con una gran sonrisa como si de verdad le emocionara estar
casado con la hermana de la heroína de guerra.
En cambio,
Alex sonrió quedamente. Aun no se acostumbraba a que la llamaran por el
apellido del rubio.
—Si me
permite decirlo, señor Malfoy, tiene usted una esposa muy guapa —dijo el hombre
que atendía.
Draco
frunció el ceño.
—¿Cuál
es el número de nuestra habitación? —preguntó Draco, para no seguir hablando de
su esposa.
—Habitación
133 —dijo el hombre de sonrisa amable, el rubio tomo una especie de llave, que
le entregaba el encargado—, que tengan una bonita noche —dijo con una sonrisa
pícara el encargado.
Alex se
sonrojó violentamente.
—Lo
será —respondió el rubio, volviendo a tomar la mano de Alex.
Caminaron
hacia un costado y ahí estaba un ascensor, pero mucho más lujoso y moderno que
el del ministerio.
El
ascensor hizo una especie de ruidito cuando llegaron al piso indicado. La
pareja salió del ascensor y empezaron a caminar hacia la habitación con el
número 133 que estaba en doble relieve con oro.
Por fin, pensó
Alex.
Ella
solo quería quitarse el vestido de novia, la tiara, el velo, y esa absurda ropa
interior que la obligaron a usar, y ponerse un cómodo pijama y dormir mucho.
Aunque esa tarea seguramente sería imposible teniendo al rubio ahí junto a
ella, puesto que primero tendrían que discutir por algo.
Mientras
Draco abría la puerta con esa especie de llave.
Y sin
previo aviso Draco tomó en brazos a Alex.
—¿Qué
haces? —le preguntó la chica a su rubio esposo.
—Cállate
—le susurró el rubio, pasando con ella en brazos a la habitación.
Ya
dentro de la habitación Draco bajo a la chica.
—¿Por
qué hiciste eso? —preguntó Alex, mirando a Draco seria.
Draco
rió. Y Alex frunció el ceño.
—Creí
que esa tradición muggle te gustaría —contestó el rubio cuando dejo de reír.
—Eso no
era necesario, puesto que todo esto no es más que una farsa.
—Que
nos queremos, si es una farsa, pero la unión fue verdadera —aclaró Draco—. Y no
solo te cargué por esa estúpida tradición muggle, también lo hice porque nos
están vigilando.
Alex
parpadeó.
—¿Cómo?
¿Nos están vigilando? ¿Quién? —preguntó.
—Kingsley,
los periodistas. ¿Qué acaso no te das cuenta? —Alex no contestó—, tu silencio
me da entender que no te has dado cuenta, pues escúchame bien, nos están
vigilando para cerciorarse de que nuestra boda es verdadera, querían ver si
dormimos en habitaciones separadas o en una sola. Parecen unos buitres rondando
un muerto.
Alex se
estremeció.
—No
puedo creerlo —dijo la chica.
—Pues
créelo —dijo Draco, caminando hacia el balcón.
Alex
miró al rubio, y luego miró la estancia —un escalofrío recorrió su espalda al
darse cuenta de ese pequeño detalle— había solo una cama matrimonial. No podía
ser, tendría que compartir la cama con el rubio arrogante.
Que estúpida
al pensar que podría haber dos camas.
Siguió
mirando la cama —que tenía una cubrecama de una fina seda de color crema— como
queriendo separarla a la mitad con la mirada.
—¿Qué
tanto miras? —le preguntó Draco, al verla como ida.
—Hay
una sola cama —contestó Alex, sin darse cuenta.
Draco
volvió a reír.
—No me
digas que pensaste que iban haber dos camas —se burló.
¡Maldición!, ¿Cómo lo adivino?, pensó la castaña.
—Idiota
—murmuró Alex, al ver al rubio con una sonrisa.
Draco
no le prestó atención.
—Vas a
tener el honor de compartir la cama conmigo —dijo arrogantemente el rubio—, las
muggles nunca han tenido ese honor, tú eres la primera, y espero y seas la
última.
Alex
tenía sus manos hechas puños.
—¿Honor?
Preferiría dormir con un perro callejero —contestó Alex.
Draco
dejó de sonreír para fruncir el ceño.
—¿Cómo
te atreves a hablarme de esa manera? —siseó.
La
chica no sonrió, y Draco se dio cuenta de eso, pero también se dio cuenta de
que no quitaba la vista de la cama, y de que cada vez se iba sonrojando más.
Draco
sonrió.
—Pero
que veo —dijo Draco, acercándose a Alex—, ¿acaso te estas sonrojando? —preguntó
fingiendo inocencia.
Alex al
verlo ya muy cerca de ella, empezó a retroceder, pero sin darse cuenta iba
retrocediendo hacia la cama.
—No, no
estoy sonrojada —dijo en un hilo de voz.
—Así,
pues yo te veo muy sonrojada, y me pregunto cuál será el motivo —Alex
retrocedía y Draco se acercaba más a ella.
—No te
me acerques —dijo Alex al ver que ya no tenía más espacio para retroceder.
—¿Por
qué no quieres que me acerque? —dijo Draco.
La
castaña abrió y cerró la boca, no le salían las palabras por lo nerviosa que
estaba al tener al rubio muy cerca de ella.
Draco
se aprovechó de su silencio, la tomó de la cintura y le susurró al oído.
—Vamos,
responde, ¿por qué no quieres que me acerque? —insistió.
—Suéltame
—exigió la chica, pero su voz no sonó como una exigencia, más bien como una
súplica.
—No
—contestó el rubio. Puesto que se le había ocurrió una fantástica idea para
molestar a su esposa.
—Suéltame
—repitió Alex.
—Ya te
dije que no lo haré —susurró el rubio, en el oído de Alex. Para luego tirarla
en la cama, con el cayendo encima de ella.
Alex
soltó un gritito por la sorpresa.
—¿Qué
haces? —dijo nerviosamente Alex.
Draco
no respondió, pero empezó a besar el cuello de la castaña. Alex al sentir los
labios del rubio en su cuello dejo de moverse, su respiración se aceleró, pero
luego de unos segundos, trato de alejar al rubio de ella, poniendo las manos en
el pecho de Draco, para empujarlo.
No lo
logró, Draco era mucho más pesado y fuerte que ella.
—¿Qué pasa, mini
Granger? ¿Te estás poniendo nerviosa? ¿Acaso yo te pongo nerviosa? ¿O es que me
tienes miedo? —volvió a susurrar en el oído de la chica.
—No te
tengo miedo —trato de decir lo más claramente posible.
—¿Así?
Pues no lo parece —contestó el rubio, ahora acariciando de la cintura a las
caderas de la castaña.
Alex se
estremeció al sentir las caricias de Draco.
—Te lo
digo por última vez, suéltame ahora, o si no…
—¿O si
no, qué? —la reto el rubio, con voz arrogante.
—O si
no te golpearé, no por nada tome clases de Tai Chuan Do —lo amenazó.
Draco
rió. No sabía lo que significaba eso, pero el nombrecito le sonó ridículo.
—Antes
de que intentaras si quiera tocarme, yo te lanzaría un Imperius y harías lo que yo quiero con tu consentimiento o sin él.
Alex lo
miró con los ojos muy abiertos.
—No te
atreverías —susurró.
—No me
provoque entonces.
Ambos
se quedaron en silencio unos segundos, hasta que Alex habló.
—Quítate
de encima.
—Porque
lo haría —dijo volviéndola a acariciar—, además quiero tener una noche de bodas
autentica —Alex se quedó como petrificada, y mientras Draco ahora besaba los
hombros de la chica.
—¡NO!
—gritó Alex, tratando de empujarlo.
—¿Qué
pasa? Cualquiera diría que eres virgen y que estás aterrada por tu primera vez
—dijo Draco, con fingida amabilidad.
—Pues
no soy… virgen, pero yo solo me… acuesto… con quien yo… quiero… y yo no te
quiero…
Draco
rió, y se levantó, dejando a Alex libre para que ella también se levante de la
cama.
—En
serio me creíste que quería tener una noche de bodas atentica —volvió a reír—,
yo no me acuesto con muggles.
—Estúpido
—dijo Alex, parándose de la cama, y empujando al rubio al pasar por su lado.
—¿Y
ahora por qué estás enojada? —preguntó Draco—, porque te dije que no me acuesto
con muggles y te deje con las ganas.
Alex no
le contestó nada, caminó hacia donde estaban sus maletas, cogió la pequeña,
donde guardaba sus pijamas y se metió al baño, poniendo el seguro a la puerta.
Se
apoyó en la puerta y se fue resbalando hasta quedar sentada en el suelo.
—Eres
un idiota, estúpido, imbécil y tarado Draco Malfoy —repetía Alex, mientras
lágrimas de nerviosismo caían de sus ojos.
Luego
de un par de minutos se levantó del piso y camino hacia el espejo. Vio su reflejo,
sus ojos estaban rojos por el llanto, y aun llevaba la tiara, y el velo de
novia. Se lo quito de inmediato, dejo la tiara en una esquina del extenso
lavabo, en cambio el velo lo dejo caer al suelo.
Con
mucho esfuerzo logro bajar el cierre del vestido, este se deslizo hasta l
suelo, apenas bajo el cierre, se quitó los zapatos, y fue directo a abrir el
grifo de la tina, y mientras el agua se iba llenando, Alex iba echando jabón
líquido en la tina, por último, se quitó la lencería fina que usaba y se metió
en la tina.
Luego
de unos minutos dentro de la tina, ya se encontraba más relajada. Cuando salió
de la tina envolvió su cuerpo con una de las toallas que encontró en el
perchero.
Abrió
la maleta que había metido al baño, para buscar su ropa interior y uno de sus
pijamas, pero lo que encontró la sorprendió. Sus pijamas que siempre solía usar
habían sido reemplazados por camisones cortos y escotados, beibidores transparentes que no dejaban nada a la imaginación. Y
encima de un beibidor de color verde
esmeralda con negro había una nota, sin firma.
Espero que aprecies este regalo. Te sugiero que tu
primera noche con Draco, uses este conjunto, ya sabes, a él le gusta mucho el
verde y el negro.
—¿Quién
pudo haber cambiado mis pijamas? —se preguntaba Alex.
—Hermione.
No, no lo creo.
Hasta
que luego recordó las palabras de una pelinegra.
“Espero que te diviertas esta
noche”, le había dicho.
—Parkinson, voy a matarte
—susurró la castaña al ver el beibidor verde y negro que había en su maleta.
Alex no sabía qué hacer,
pero era un hecho que no iba a salir con esa corta toalla del baño, pero
tampoco quería ponerse uno se esos supuestos “pijamas”.
¿Qué hago? ¿Qué hago?, pensaba.
Miró nuevamente el contenido
de su maleta, en el fondo creía que todo eso desaparecería y sus otros pijamas
volverían, pero nada sucedió. Entonces armándose de valor, tomo el camisón, y
la corta bata para ponerse encima, al menos eso era mejor que los beibidores.
Primero se colocó la rapa
interior —que era también muy descarado— y encima se puso el
camisón y la bata de color negro.
Pero se
tuvo que armar con más valor para salir del baño, guardo la lencería que se
había quitado en la maleta y cogió el vestido, el velo y la tiara antes de
salir del baño.
Dejó la
maleta en el suelo, y el vestido y el velo lo dejo sobre un pequeño sillón, la
tiara lo dejo en una cómoda.
Draco
la miraba entre sorprendido y divertido.
—¿Pretendes
provocarme para que cumpla con mis obligaciones de esposo esta noche? —preguntó
el rubio, sin quitar su vista de Alex.
Alex se
sonrojó.
—No
seas idiota —le dijo—. Yo no tengo la culpa de que hayan cambiado mis pijamas.
—¿Cambiaron
tus pijamas? ¿Quién? —preguntó el rubio.
—No lo
sé —mintió la castaña.
Fue la cerebro de troll de Parkinson, pensó Alex.
Draco
la seguía mirando. Tenía que reconocer que su esposa no estaba mal.
Lástima que es muggle, pensaba el rubio.
—Ya
deja de mirarme —dijo Alex, acostándose en la cama rápidamente y cubriéndose
con el edredón.
Draco
sonrió y se dirigió al baño, para tomar una ducha.
Cuando
salió del baño —con su pijama de seda negro ya puesto— se encontró con Alex
profundamente dormida. Así que se acostó en el otro lado de la cama. A pesar de
todo el alboroto de la boda, no tenía sueño. Solo se dedicó a mirar el techo, y
de vez en cuando a la castaña que tenía a su lado.
El rubio nunca imagino estar
casado con la hermana de la sabelotodo de Hogwarts, es más ni siquiera sabía
que tenía una hermana. Una hermana, que según Draco era mucho más hermosa que
la sabelotodo, pero también era más aniñada en ciertos casos, algo que lo
sacaba de quicio.
Pero después de esa pequeña broma que le
jugó a Alex, solo para divertirse y también vengarse por sus tonterías de
niñita —según el rubio— no le deja de rondar en la cabeza una pregunta, ¿mini Granger será aun
virgen? Creo que sí, porque se puso muy nerviosa cuando pensó que yo quería
tener una noche de bodas autentica.
Pero ahí no encajaba algo, Alex le había
dicho días antes de su boda que había tenido muchos amantes, pero si hubiera
sido así, no hubiera estado tan nerviosa cuando Draco estaba sobre ella.
Ya lo
averiguaría, tenía todo un año para averiguar si lo que le dijo “su esposa” era
cierto o no.
Ese fue
el último pensamiento de Draco, porque luego el sueño vino a él.
***
Los
rayos del sol entraron por el balcón, era una luz tan clara que alumbraba toda
la lujosa habitación.
Draco
fue el primero en despertar, parpadeó un par de veces para acostumbrarse a la luz.
Trato de moverse, pero sintió algo cálido y ligeramente pesado sobre su pecho.
¡Qué demonios!, dijo
internamente.
Fijo su
vista hacia su pecho, y lo primero que vio fue una espesa cabellera castaña con
ondas, uno de los brazos de la chica estaba sobre el estómago del rubio.
Draco
trato de moverse para levantarse, pero lo único que consiguió fue que Alex lo
abrazara más.
—Mini
Granger —dijo Draco moviéndola, pero la chica no despertó.
Draco
se quedó mirando un momento a la castaña. Tenía su rostro completamente
relajado, hasta le pareció tierna.
Sí,
eres hermosa, pero tu infantilismo no lo soporto y tampoco que seas muggle
—pensaba Draco— ¿Por qué me abraza? Si a noche no querías ni que me acercara.
Draco
nuevamente no pudo evitar quedarse mirando a su esposa sobre su pecho.
¿Pero
qué demonios se supone que estoy haciendo?, se reprendió el rubio. Es la
hermana de la sabelotodo, y para lo único que me sirve para divertirme.
—¡DESPIERTA,
MINI GRANGER! —dijo el rubio hablando unas cuantas octavas más fuertes, y
haciendo que la chica que estaba abrazándolo, pegara un salto, pero aun sin
soltarlo.
—¿Qué
sucede? —preguntó Alex, muy confundida. Aun no se daba cuenta de que abrazaba
al rubio.
—¿Qué
sucede? —repitió el rubio—, lo que sucede es que no sabía que estuvieras tan
desesperada —sonrió con su típica sonrisa arrogante.
—¿Por
qué dices…? —la castaña no termino de formular la pregunta, porque se dio
cuenta de que abrazaba al rubio. Soltó un gritito a la vez que se alejaba lo
más posible del rubio.
Draco
se sentó en la cama y cruzo sus brazos sobre su pecho, con una sonrisa
socarrona.
—Yo… yo
lo… hice… incon-conscientemente —Alex tartamudeó un poco al hablar.
—Y eso
me da a conocer tus más bajos deseos, mini Granger, pero abrazarme en medio de
la noche tan solo para insinuarme lo quieres, no te resulto. Pero tal vez ahora
esté dispuesto a cumplirte tus deseos —Alex estaba cada vez más sonrojada—, tan
solo tienes que quitarte toda la ropa y… —Draco pudo tomar la mano de la
castaña antes de que esta impactara en su mejilla—, un mal movimiento, ten
cuidado no te vayas a lastimar —siseó el rubio, a la vez que aplastaba más la
muñeca de Alex.
—Me
lastimas —se quejó la castaña.
—Te lo
dije una vez, no te atrevas a levantarme la mano, o te irá mal —la amenazó.
—Ya suéltame
—exigió Alex, forcejeando.
—Te
explicaré como son las cosas de ahora en adelante, si quieres ser tratada como
una princesa, entonces harás todo lo que yo te diga y si no…
—¿Y si
no qué?
—O si
no, que te parece ser encerrada en la mansión Malfoy, vigilada las 24 horas al
día.
—¿No te
atreverías? Hermione, Ron, Harry y todos los Weasley preguntarían por mí —dijo
Alex, muy preocupada de que Draco podría cumplir su promesa.
—No, si
invento una buena historia antes —rebatió el rubio.
Alex
sintió un escalofrío por su espalda.
—Suéltame
—repitió, y esta vez Draco la soltó. Se levantó de la cama y se directo al
baño.
Minutos
después salió del baño elegantemente vestido con sus típicos trajes negros, y
su cabello rubio perfectamente peinado.
Alex
seguía en la cama, pensando en lo que le había dicho el rubio.
No, él no se atrevería a encerrarme,
sería muy sospechoso, pensaba la castaña.
Draco
la miraba a través del espejo.
—¿Qué
haces todavía en la cama? —espetó Draco—. Vamos, levántate y alístate, porque debemos
ir a desayunar y seguir con nuestra actuación.
Alex se
levantó de la cama como una autómata, aun le rondaban las palabras de Malfoy en
cabeza. Cogió su otra maleta y se metió al baño, puso el seguro en la puerta
—algo completamente absurdo, porque sabía perfectamente que si el rubio quería
con un solo hechizo abriría la puerta— y se dio una rápida ducha, cepillo su
cabello, se puso su ropa interior, un vestido color crema y por último se calzo
unos zapatos de tacón del mismo color del vestido.
—Ya era
hora de que salieras —dijo Draco, desde el balcón.
Alex no
dijo nada.
—Vamos
a desayunar y después de eso nos iremos.
—¿Irnos?
¿A dónde? —preguntó Alex.
—A
nuestro viaje de recién casados, a nuestra luna de miel —ironizó el rubio—. Y
por favor sonríe un poco, como si hubieras disfrutado tu noche de bodas.
—Cretino
—murmuró la castaña.
El
rubio la cogió de la mano y antes de salir por la puerta, le dijo:
—Te
escuché perfectamente, cariño.
***
En un
lugar muy apartado del centro de Londres, había una casa un poco descuidada.
Aparentemente abandonada, todos pensarían que nadie viviría ahí, pero no es
cierto. En esa vieja casa se oculta uno de los seres más despreciables.
—Señor,
señor —se escuchaba una voz ronca.
—¿Qué
pasa? —preguntó un hombre alto, corpulento, cabello que le llegaba a ras del
cuello, cejas gruesas, con barba y una mirada maligna.
—Mire
la noticia de “El Profeta” señor.
El
hombre de barba tomo el diario que le entregaba el otro hombre de voz gruesa.
En la
primera plana salía la foto en movimiento de Draco y Alexandra sallando su
unión con un beso en los labios.
—Malfoy
—dijo con rencor el hombre de barba.
Abrió
el diario para leer la noticia.
LA GRAN BODA MALFOY - GRANGER
Ayer,
exactamente a las 2: 50 de la tarde, el heredero de los Malfoy, ex mortífago,
Draco Malfoy desposo a Alexandra Granger, sí, hermana de la heroína de guerra,
Hermione Weasley. Fue una boda por todo lo alto, como se esperaba la boda de
todo Malfoy.
Asistieron
muchos magos y brujas importantes, entre ellos encontramos Pansy Parkinson,
Blaise Zabini, Theodore Nott, el ministro de magia, Kingsley, Harry y Ginny
Potter, Luna Lovegood, y los invitados que más sorprendieron y nunca pensábamos
ver en algún momento en la mansión Malfoy, fueron los Weasley. Sí, toda la
familia de pelirrojos estuvo presente en la boda de Draco Malfoy, claro, me
imagino que ahora los Weasley y los Malfoy están como emparentados, porque las
hermanas Granger se han casado con precisamente con un Weasley, en el caso de
Hermione, y Alexandra con un Malfoy, obviamente. Y volviendo al tema de los
invitados, también hubo otros invitados que llamaron la atención, se vio por
unos momentos a Astoria Greengrass, ex novia de Draco Malfoy, y también a dos
chicos muy guapos, pero que no eran nada conocidos en el mundo mágico.
Se preguntarán,
¿quiénes podrían ser estos chicos? Pues nosotros le tenemos la respuesta. Estos
dos chicos son amigos de la nueva señora Malfoy, y son muggles, sí, son muggles,
al igual que la hermana de la heroína de guerra. ¿Nos les parece esto una broma
del destino? Los Malfoy que siempre defendieron la pureza de la sangre, ahora
hayan aceptado que su único hijo terminé casado con una muggle. Así sea esta la
hermana de Hermione Weasley, no se le quitará lo muggle.
Ahora yo me
pregunto, ¿Por qué razón habrá aceptado Draco Malfoy casarse con una muggle?
Aunque según las propias palabras de Draco Malfoy, en una pasada entrevista que
tuve la oportunidad de hacerle, él dijo que se casaba por amor, lo mismo
corroboro su ahora esposa Alexandra, y eso es lo que demuestra las fotografías
que le sacamos.
¿Pero será del
todo cierto que ellos están muy enamorados? ¿O será toda una farsa? ¿Qué creen
ustedes?
El
hombre de barba hizo un gesto de asco.
—Que
bajo han caído los Malfoy —gruñó—. Me dan asco, casaron al idiota de su hijo
con una asquerosa muggle, y solo para conseguir una protección que el
ministerio se había negado a darles.
—¿Qué
haremos ahora, señor? —preguntó el otro hombre.
—Si los
Malfoy piensan que van a detenerme tan solo porque el inútil de su hijo se casó
con esa muggle, están muy equivocados, eso solo acrecienta mi sed de venganza
—una sonrisa maligna se forma en el rostro del hombre con barba, para que luego
esa sonrisa se convirtiera en una risa, risa que fue seguida por el otro hombre.

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