POV Hermione
Luego de que Ron se fuera subí al
segundo piso y fui directo a la habitación de Alex.
Entré sin tocar, todo estaba oscuro y
pude divisar a mi hermana envuelta en las cobijas de pies a cabeza.
—Sé que estas despierta, Alex —le dije,
pero ella ni se movió—, vamos, deja de fingir —al instante se destapo y prendió
la luz de la lámpara.
Me miró y sonrió ligeramente. Yo
suspiré.
—¿Qué es lo que pretendes? —la regañé.
—¿A qué te refieres? No entiendo de lo
que me hablas —dijo de forma inocente. Pero yo la conocía muy bien como para saber
que ella tramaba algo.
—No finjas inocencia conmigo —le dije—.
Cómo es eso de que si Draco Malfoy acepta “esa parte de ti” —hice comillas con
mis dedos cuando dije la última frase—, tú juras casarte con el rubio
oxigenado.
Alex se sentó y dio ligeros golpecitos
sobre su cama, invitándome a que yo me siente junto a ella. Así lo hice y
esperé su respuesta.
—Hermione, yo no conozco mucho o mejor
dicho yo no conozco nada al hijo de los Malfoy, pero tú sí —me señaló—. Y según
lo que me contaste, él siempre te insultaba, te molestaba por ser hija de
muggles, ¿y tú crees que él querrá casarse con una muggle como yo? —preguntó.
—No —contesté muy segura—. Y no lo
conozco tanto como tú dices, solo sé que es insoportable, idiota, egocéntrico,
narcisista, cretino, petulante, engreído, prepotente, altanero, vanidoso,
arrogante, megalómano, jactancioso, etc., etc., pero él y sus padres cambiaron
de bando para luchar junto a Harry y la Orden.
—Guau… me dejas anonadada con todas esas
cualidades tan maravillosas que posee —dijo con sarcasmo.
Sonreí.
—Bueno, basta de sarcasmo. Ahora dime
qué pasaría si en el peor de los casos a Malfoy no le importe que seas muggle y
aun así te quiera como su esposa —le pregunté seria.
—Si eso ocurriera, aunque lo dudo…, yo
tendría que… cumplir con lo que dije y me casaría con él —dijo soltando un
pequeño suspiro.
—Yo no lo permitiría, eres menor de edad
—le aseguré.
—Pero di mi palabra, y la palabra de las
Granger, se cumple, ¿acaso no te acuerdas de lo que decían nuestros padres? —me
preguntó.
Yo solo pude asentir.
Luego cambiamos de tema y empezamos a
platicar sobre mi boda y los preparativos que estaba realizando con Molly, le
conté como fue que Ron me propuso matrimonio y me dio el anillo de compromiso,
también hablamos de la carrera que había decidido estudiar, recordamos cosas de
cuando éramos pequeñas, de nuestros padres. Así estuvimos casi toda la noche,
hasta que Alex se quedó dormida en mis brazos, trate de acostarla bien para
luego irme a mi habitación, pero no me fue posible porque enseguida ella me
abrazo como cuando éramos niñas y le daba miedo la oscuridad. Lo bueno fue que
no me volvió a insistir sobre irse a vivir una temporada a la casa de Drake o
de Benjamín. Pero si me dieran a escoger entre que mi hermana se vaya a vivir con
uno de sus hermanos o casarse con Malfoy, preferiría la primera opción.
Poco a poco a mí también me venció el
sueño y me dormí.
***
Me desperté a las 6 de la mañana porque
hoy día tenía que ir al Ministerio a trabajar, ya había pasado mi semana de vacaciones
que pedí. Me levanté con mucho cuidado de no despertar a Alex y fui a mi
habitación, me di una ducha rápida, me cambie, me puse un vestido rojo straples
hasta las rodillas, encima me puse un saco color negro, me calce unos zapatos
de tacón de color negro y por último me puse unos aretes con piedras negras,
luego me peine y me maquille ligeramente.
Baje a la cocina y desayune cereal con
leche, comí lentamente porque cuando vi la hora aún era temprano. Cuando
termine de desayunar volví a ver la hora, eran 7:30 de la mañana, subí al
segundo piso para coger mi cartera. Entré a la habitación de Alex, ella seguía
dormida le di un beso en la frente, eso la despertó.
—¿Por qué estas vestida así? —dijo entre
sueños.
—Hoy día vuelvo al Ministerio —ello me
miró confusa—, te lo dije ayer, pero creo que estabas más dormida que
despierta.
Dirigió su mirada a mi mano izquierda y
señalo mi anillo.
—Es el anillo de compromiso que me dio
Ron, te lo enseñe ayer —asintió y volvió a cerrar los ojos, yo sonreí—. Cuando
esté completamente despierta se acordara de todo.
Todavía era muy temprano como que ella
se levantará. La cubrí bien con las cobijas y salí de su habitación. Y al
instante aparecí en la puerta del Ministerio, a un nuevo día de trabajo.
POV Alex
Me desperté confusa cuando sonó mi
celular, lo cogí para contestar, era Ben. Me dijo que iba a venir con Drake a
recogerme, para hacer las compras de los útiles que nos habían pedido para la
universidad, yo todavía adormilada le dije: está bien y colgué.
Me estiré todavía en mi cama y con mucha
paciencia me levante, me metí al baño y me bañe y lave mi cabeza con el shampoo
olor a duraznos, mi favorito. Me puse un vestido sencillo a rayas, ese fue el
regalo que me dio Hermione en mí último cumpleaños, hace casi un mes, lo
combine con unos botines plateados, me peine dejando que cabello callera en
cascara por mi espalda y por último me eché un poco de perfume con un sutil olor
a rosas.
Luego baje a la cocina y desayune
ensalada de frutas, cuando termine de desayunar subí a mi habitación y me metí
al baño a lavarme los dientes, todo eso lo hice un tiempo record, porque los
chicos ya iban pasar por mí.
Escuche el auto de Ben, que se
estacionaba en la entrada de mi casa. Los chicos llegaron justo cuando ya
descendía de las escaleras, antes de abrirles la puerta tome mis llaves, mi
celular y mi tarjeta de crédito y los guarde en mi bolso.
—Hola, chicos —los salude con un beso en
la mejilla a cada uno apenas salí de casa.
—Hola, Alex —me contestaron los dos a la
vez, pero Ben añadió—. Estás preciosa, Alex, pareces un ángel del cielo que
bajo a la tierra.
Yo me sonroje al escuchar eso y Drake
sonrió.
—Gracias, Ben —susurré.
—Bueno, en marcha —dijo Drake, pero
antes abrió la puerta del pasajero como todo un caballero, para que yo entrara.
Primero entramos a una papelería a
comprar los libros que nos habían pedido, cuadernos, lápices, lapiceros y
muchas otras cosas más. Luego fuimos a un electrodoméstico porque yo me quería
comprar una laptop que tenga más capacidad para poder instalar todos los
programas que necesite, Ben y Drake también se compraron una laptop cada uno.
Como a las 2 de la tarde nos dio hambre
y fuimos a un restaurant de comida rápida. Pedimos una pizza hawaiana familiar,
comí dos rebanadas de pizza y con eso ya estaba satisfecha, Drake y Ben se
comieron casi toda la pizza ellos solos y todavía pidieron una hamburguesa cada
uno, sí que los chicos comen mucho, pero yo ya estaba acostumbrada a eso.
Luego de cancelar la cuenta, que para
variar ni Ben ni Drake me dejaron pagar mi parte que me correspondía por más
que insistí.
Volvimos a subir al auto de Ben, me
dejaría en mi casa porque ellos tenían una cita con gemelas, no puedo creer que
me vayan a cambiar por unas gemelas recién aparecidas, cuando ellos me lo
cantaron fingí molestia, pero terminé riendo al ver sus caras de incrédulos,
ellos se unieron a mis risas.
—Bien, señorita Granger, ya está en su
casa sana y salva —dijo Ben, tratando de imitar la voz de un mayordomo.
—Muchas gracias, Benjamín —le seguí el
juego, a la vez que carraspeaba para que se bajara y me abriera la puerta del
auto.
A su vez Drake sacaba todas mis bolsas y
las cargaba, los dos me acompañaron hasta la puerta. Saque las llaves de mi cartera
y cuando iba a abrir la puerta, Ben me arrebato las llaves y él fue quien abrió
la puerta.
Yo lo miré confusa.
—Solo cumplimos con nuestro trabajo,
¿verdad, Drake? —dijo Ben.
—Por supuesto —estuvo de acuerdo Drake.
—Adelante, señorita Granger —dijo Ben,
siguiendo con su juego.
—Gracias —le contesté y pasé, y luego lo
hicieron ellos.
Ya dentro de mi casa yo seguí con el
juego.
—Drake, Benjamín, ¿a qué esperan?, vamos
síganme a mi habitación para dejen mis cosas ahí.
—Sí, señorita Granger —contestaron al
unisonó.
Me siguieron hasta mi habitación, pero
ya dejando ese tonto juego de que ellos eran mis mayordomos y yo la señorita de
la casa.
—Gracias, chicos —les dije cuando
dejaron mis cosas sobre mi cama.
—De nada, Alex —contestaron los dos.
—Uhm… Alex, ya le dijiste a tu hermana
sobre quedarte en casa de uno de nosotros y…
—Sí —dije interrumpiendo a Ben.
—¿Y qué te contestó? —preguntó Drake.
—Que lo pensaría.
—Ojala y te deje quedarte con uno de
nosotros —dijo Ben.
—Sí, ojala y sí, no quisiera incomodar a
mi hermana en su casa —les dije—, haré todo lo posible para que me deje
quedarme.
—Suerte con eso —dijo Drake.
Nos quedamos unos minutos en silencio,
hasta que Drake hablo.
—Benjamín, se nos va a ser tarde para
nuestra cita con las gemelas sexys.
Yo los miré ofendida.
—Tú eres mil veces más sexy que ellas
—me dijo Ben acariciándome la mejilla.
Lo miré fijamente y le sonreí
avergonzada.
—¿Acaso estás tratando de seducir a
Alex, Ben? —le preguntó Drake muy serio—. Porque no creo que lo logres, no eres
su tipo —dijo luego y soltó una risotada.
Por poco y creí que lo decía en serio,
pero era de esperarse de Drake.
—Ja, ja, ja, que gracioso, mira como rió
—le contestó Ben, quien ya había quitado su mano de mi mejilla.
—No te enojes, Ben, ya sabes cómo es de
bromista, Drake —le dije y él asintió.
—Sí, ya lo sé —dijo Ben—. Bueno, vamos
Drake; nos vemos mañana, Alex.
—Los acompaño a la puerta —les dije.
Y así lo hice, los acompañé hasta la
puerta y me quede con la puerta entre abierta hasta que ya no podía ver el auto.
Entré en casa e iba a subir a mi
habitación, pero cuando pase por la sala de estar, algo llamo mi atención. Eran
ellos, que hacían ellos acá, ¿qué hacían los Malfoy nuevamente aquí, en mi
casa?, pero no solamente estaban la pareja de rubios, sino que ahora los
acompañaba su hijo.
Yo creí que los vería por lo menos hasta
después de la boda de Hermione, creí que el rubio menor se iba a hacer de rogar
para venir, pero me equivoque.
Un momento, en verdad ellos estarán
aquí, o me los estoy imaginado, pensé.
Los miré detenidamente a los tres
rubios, no me los estaba imaginado, en verdad están aquí, pero como llegaron,
como es que están aquí de repente, si cuando llegue no había nadie, ¿o sí?,
sentí una mirada penetrante sobre mí, era él, él me miraba con una expresión
neutra de arriba abajo cada parte de mi cuerpo, esto era incomodo, sentí un
escalofrío recorrer por mi espalda, solo le falta decirme puedes dar una
vuelta, parecía que podía ver hasta mi alma.
Desvié su mirara, ya no se la podía
sostener, era demasiado penetrante. ¿Pero por qué me miraba tanto?, que acaso
nunca había visto a una chica, ¿o qué? Hasta que caí en la cuenta, él me miraba
tanto porque mi vestido era demasiado corto, me sonroje al instante, espero que
este pervertido no lo note. Volví a mirarlo y él me sonrió ligeramente, pero su
sonrisa contenía arrogancia.
—¿Qué hacen ustedes aquí? —hablé al fin,
tratando de que mis voz sonara firme.
POV Draco
Luego de la conversación que tuve con
mis padres, me fui a mi habitación. Estaba enojado, que se creía esa mocosa
para decirme lo que tengo que hacer. No me conoce, sí definitivamente no me
conoce, porque si me conociera, no hubiera pedido que fuera yo mismo a tratar
de convencerla. La hermana de Granger está jugando con fuego y el que juega con
fuego al final se quema.
A la mañana siguiente desperté un poco
tarde, pero con el único propósito de terminar de una vez por todas el asunto
ese con la hermana de Granger.
Luego de que me duche y me cambie de
ropa, baje a desayunar.
—Buenos días, madre —la saludé.
—Buenos días, hijo —me respondió mi
madre con una sonrisa.
—Buenos días, amo —dijo el elfo
sirviéndome mi desayuno, so solo lo miré, pero no le respondí.
—¿Y mi padre? —pregunté al no verlo
sentado en la cabecera de la mesa como siempre.
—Se fue a las empresas desde muy
temprano —me contestó—. ¿Qué te pasa, Draco? te veo pensativo.
—No es nada, madre, es solo que hoy día
voy a ir a ver a esa mocosa, la hermana de la sabelotodo —le comenté.
No me agradaba nada poner un solo pie en
el mundo muggle, pero por la seguridad de mis padres y de mí mismo lo haría,
pero esa mocosa me pagaría toda esta estúpida condición que pone.
—De acuerdo, Draco, entonces los estaré
esperando a tu padre y a ti para ir a casa de las Granger —fue lo único que
dijo mi madre. A ella tampoco parecía agradarle mucho la idea de ir al mundo
muggle.
Luego de desayunar fui a la empresa.
Cuando entré a la oficina de mi padre, él tenía una expresión dura en su rostro
y hasta parecía ligeramente más pálido.
—¿Qué es lo que sucede, padre? —le
pregunté preocupado.
A toda respuesta él solo me entrego un
pergamino. El cual me dispuse a leer.
Malfoy
Espero
que tengas muy bien cuidada a tu familia, no vaya hacer que algo les pueda
pasar, no sé, tal vez caminando por las calles o hasta en tu misma mansión
podría caerles la maldición Avada Kedavra, y sería una lástima que tú no puedas
hacer nada para impedirlo. Te tenemos muy bien vigilado, Lucius Malfoy, a ti, a
tu esposa y a tu heredero, sé que tu hijo acaba de regresar de España y que la
sangre sucia de Granger y el traidor a la sangre de Weasley estuvieron un par
de días en tu mansión, me preguntó qué es lo que te propones para tratar con
ellos, si tú antes los considerabas escorias, aunque claro, se me olvidaba que
eso fue antes de que nos traicionaras, antes de que desertaras y dejaras a
nuestro Lord.
Con todo nuestro
amor
Los Mortífagos, tus
viejos amigos
PD.: Cuídate Malfoy
y cuida de tu patética familia.
—No nos harán nada, padre, de eso puedes
estar seguro, porque hoy mismo pienso ir a ver a la hermana de Granger, y
cueste lo que me cueste esa mocosa se convertirá en mi esposa, si es posible
hasta la obligare a casarse conmigo —sentencié.
Mi padre no me contestó nada, solo
asintió.
Pasamos toda la mañana trabajando, luego
fuimos a casa a almorzar con mi madre como era costumbre, claro que no le
mencionamos nada acerca de la amenaza que recibió mi padre, acordamos callar
eso y no preocuparla.
Ya en la tarde decidimos ir al mundo
muggle, para que de una vez por todas la hermana de Granger me diga eso tan
importante.
Mi padre nos tomó de la mano a mi madre
y a mí para aparecernos en esa casa muggle.
Cuando abrí los ojos, me di cuenta de
que ya estaba en casa de Granger, al parecer estábamos en la sala, esa casa
tenía las paredes pintadas de crema, había muchas fotos por todas partes,
encima de la chimenea, en la mesita de centro, en las cómodas, también vi un
extraño artefacto, muy grande y rectangular, ya no le quise prestar más
atención de la necesaria.
—Parece que no hay nadie —dijo mi madre.
—De seguro Granger debe de estar
trabajando en ministerio, pero y la niña tonta donde estará —le contestó mi
padre.
—Creo que debimos avisarle a Granger de
que íbamos a venir —escuché que habló mi madre.
—Hubiera puesto cualquier pretexto para
que no vengamos —dijo mi padre, parecía tenso.
Mientras esperábamos a que esa mocosa
llegue, no pude evitar seguir mirando todo a mí alrededor. Me di cuenta de un
detalle, las fotos muggles no se movían, eran estáticas, en una de las fotos
salían dos niñas, una tenía el cabello castaño claro alborotado, sí, esa era la
sabelotodo y la otra niña, más pequeña tenía el cabello más oscuro que Granger,
pero a diferencia de la sabelotodo, esa niña tenía el cabello con ondas, las
dos estaban abrazadas y sonreían. E n la otra foto, salían ellas dos un poco
más grandes y con sus padres, los cuatro estaban abrazados y muy sonrientes.
Sentí envidia de que ellas si podían demostrar sus sentimientos libremente y en
cambio mi familia siempre teníamos que aparentar ser fríos y serios. Seguí
viendo las demás fotos y en una de ellas salía el trío de oro muy sonrientes,
pero no parecía que esa foto fuera tomada en el mundo mágico, seguramente sería
en el mundo muggle, las otras fotos que había me sorprendió más, estaban el
trío de oro, pero esta vez acompañados de la hermana de Granger, la cual salía
dándole un beso en la mejilla a Potter, esa foto parecía que era en el mundo
mágico, en la otra salina Weasley, sus hermanos gemelos, la mini Weasley que
estaba abrazada de Potter, Granger al lado de Weasley, y otra vez salía la
mocosa, hermana de Granger, pero con ella estaban juntos dos chicos, el que la
tenía abrazada, tenía el cabello castaño oscuro y ojos marrones y el otro tenía
el cabello castaño claro.
La última foto me pareció muy extraña,
era el hermano de Weasley, el que trabajaba en el ministerio, creo que se llama
Percival, salía abrazando a la hermana de Granger, ella tenía ligeramente la
cabeza levantada mirándolo embelesada y él le sonreía, eso era raro, siempre me
pareció muy serio.
—Creo que mejor nos vamos —dijo mi madre
a la vez que me distrajo de seguir viendo las fotos.
—Sí, creo que tienes razón, Cissy,
parece que no vendrán hasta muy…
Un extraño ruido cerca de la puerta
distrajo a mi padre de lo que estaba diciendo, yo me acerque a la ventana y vi
un auto color azul, del cual bajo un chico de cabellos castaño oscuro, parecía
ser el mismo de la foto, luego bajo el otro chico de cabellos castaño claro, el
primer chico abrió la puerta y de ahí bajo una chica esbelta, no tan alta de
cabellos largos castaño oscuro y con ondas, parecía ser la hermana de Granger,
empezaron hablar, pero no los podía escuchar.
Me alejé de la ventana cuando los vi que
iban a entrar. Y así fue, los tres entraron, ella iba adelante y los otros dos
iban detrás de ella cargándoles unas bolsas, iban tan distraídos que no se
percataron de nuestra presencia.
—Drake, Benjamín, ¿a qué esperan?, vamos
síganme a mi habitación para dejen mis cosas ahí —la escuché ordenarles a esos
dos muggles. Su voz era muy suave, pero con autoridad.
—Sí, señorita Granger —contestaron los
dos al unisonó.
¿Acaso serían sus criados? No me lo
parecía, los vi sonriéndose, parecían tener mucha confianza y de esa forma no
se tratan a los empleados.
La siguieron hasta su habitación, me
imagino.
—La mocosa ni siquiera se dio cuenta de
nuestra presencia —refunfuñó mi padre.
—Ya bajara o si no nosotros mismos
iremos por ella —dijo mi madre.
No hizo falta ir por ella, ya que luego
de unos minutos los tres bajaron y se fueron hacia la salida, al parecer ella
los estaba acompañando a la puerta.
Después de despedir a sus amigos o lo
que sean que eran, ella paso nuevamente por la sala, y se paró de golpe cuando
se dio cuenta de nuestra presencia. Y así estuvo unos minutos mirándonos como
si fuéramos fantasmas, yo también tuve tiempo de observarla detenidamente, era
blanca, con ojos marrones, casi chocolates, nariz respingada, pómulos
sobresalientes, delgada, cabello castaño oscuro, largo y ondeado, debo de
reconocer que es bella, mucho más bella que Granger, pero que estoy pensando
¿Yo? Creyendo que Granger es bella, creo que me afecto venir a este mundo.
Quise apartar mi mirada de ella, pero no
pude, me llamaba la atención su vestido, era demasiado corto, dejando al
descubierto sus piernas largas, yo creía que esta mocosa era igual de
santurrona que su hermana, pero ya veo que no. Ella desvió su mirada, como si
ya no pudiera seguir mirándome, acaso le di miedo, no lo creo. Me di cuenta de
que estaba muy sonrojada, acaso mi mirada le hizo avergonzar, creo que me podre
divertir un poco con ella, luego de unos minutos volvió a mirarme y yo le
sonreí ligeramente.
—¿Qué hacen ustedes aquí? —dijo tratando
de que su voz sonara firme, pero se le notaba que estaba nerviosa.
—Hemos venido a acabar de una vez por
todas sobre el asunto que dejamos pendiente ayer —dijo mi padre—, y como veras
mi hijo —me señaló— ha venido para saber qué es eso que le tienes que decir.
—¿Y mi hermana sabe de su visita?
—preguntó la mini Granger.
—No. porque con la que vamos a hablar es
contigo, no con tu hermana —le contestó mi madre.
—Creí que no vendrían hasta después de
un tiempo —dijo mirando a todas partes, como queriendo huir.
—Es mejor acabar con esto de una buena
vez —le dije sin quitarle la mirada de encima, me gustaba verla nerviosa—. Soy
Draco Malfoy —me presenté.
—Ya sé quién eres —susurró—, te vi en el
juicio de hace como dos años —concluyó.
¿Acaso ella fue al juicio de mis padres
y al mío? No me percate de su presencia, pero es que estaba más preocupado a
que si me sentenciaban a estar en Azkaban o no.
—Bueno, aquí estoy, que es lo que
querías decirme —le hablé fríamente.
Ahora fue ella la que me sonrió
ligeramente, parecía que ya no le causaba nerviosismo ni miedo. Ya veremos
cuanto tiempo sigue con esa valentía repentina.
—Eso que tengo que decir, será a solas
—dijo—, tus padres se pueden quedar aquí en la sala.
—Bien, donde podemos hablar.
—En el despacho —dijo, pero todavía
seguía con esa sonrisa tonta—, tomen asiento, señores Malfoy, se quedan en su
casa —empezó a caminar hacia el despacho, y yo la seguí, pero de pronto paró—,
oh, qué mala educada soy, gustan algo de tomar, señores —les preguntó a mis
padres.
—No, gracias. Lo único que quiero es
terminar con esto —contestó mi padre.
—De acuerdo —siguió guiándome hacia el
famoso despacho.
—Aquí es —dijo abriendo una puerta, ella
entró primero y luego yo.
Miré todo a mí alrededor, tenía las
paredes del mismo color que toda la casa, un escritorio grande, con sus
respectivas sillas, y había un estante lleno de libros, seguramente el lugar
preferido de la sabelotodo.
—Vamos, dime de una vez eso tan
importante, niña —le dije despectivamente.
—Mi nombre es Alexandra Granger, no se
te olvide, así que deja de llamarme niña, odio cuando me llaman así, y menos
cuando usan ese tono que usaste —seguía con esa valentía.
—Bien, Granger, entonces habla de una
vez.
Me miró seria.
—Primero podrías poner el hechizo
silenciador —dijo con el ceño fruncido.
—¿Y por qué no lo haces tú? —le
pregunté.
—Solo hazlo, nada te cuesta —contestó.
Saque mi varita y puse el hechizo, para que así terminemos más rápido.
—Ahora sí, ya puedes hablar —le casi
grité.
—No gustas tomar asiento —dijo
señalándome una silla.
Apreté mis puños, esta mocosa estaba
sacándome de mis casillas.
—Maldita sea, habla de una buena vez —le
grité.
—Que gruñón eres —me dijo, maldita
mocosa, pensé, ya me las pagaras—. Te harás viejo si sigues renegando tanto
—sonrió.
Contrólate, Draco, me decía a mí mismo,
respirando lentamente.
—Te lo voy a decir de frente —dijo a la
vez que su sonrisa se agrandaba—. Soy muggle —soltó.
—¿Qué? —grité, sin poderme creer lo que
me dijo.
—Sí, soy muggle, esa es la razón por la
que yo no pude poner el hechizo, por eso nunca fui a Hogwarts como mi hermana,
yo fui a un colegio muggle, como yo —terminó de hablar a la vez que jugaba con
su collar, muy despreocupada.
—Eres una mentirosa, si fueras muggle,
entonces no hubieras acompañado a Potter ni a Weasley y mucho menos a Granger,
en la búsqueda de los Horrocruxes, tu querida hermana nunca te hubiera puesto
en peligro —siseé.
—Bueno, ella no me quería llevar, porque
decía que era muy peligroso, pero yo le lloré, le supliqué que no me dejara
sola, y entonces Hermione no tuvo otro remedio que llevarme —dijo.
—¿Eres una muggle? No lo puedo creer —susurré.
—Y ya que sabes la verdad, es hora de ir
con tus padres para que les digas tu decisión, y como les dije a tus padres
ayer, solo tomaré en cuenta tu respuesta.
No le contesté, aún estaba sorprendido,
la hermana de Granger, es una muggle, pero es lógico, si sus padres eran
muggles, entonces ella también podría serlo.
—Aunque yo sé cuál será tu decisión.
Ustedes son una familia de magos sangre pura, nunca querrían a una muggle como
parte de su familia —dijo—, y sobre todo tú, Malfoy, que siempre molestabas a
mi hermana por ser hija de muggles —agregó.
Así que este era su juego, esto era lo
que tramaba, ella pensaba que al decirme la verdad, yo la rechazaría
inmediatamente, quizás si no hubiera leído esa carta que le enviaron a mi padre
amenazándolo, yo la rechazaría, pero ahora no lo haré, no permitiré que por mi
culpa le pase algo a mi familia.
—Puedes quitas el hechizo, por favor,
tienes que decirle la decisión que tomaste a tus padres —dijo aun sonriendo.
Ya veremos quien sonríe al final, me
dije.
Quite el hechizo para luego dirigirnos
otra vez a la sala. Ahí estaban mis padres con una expresión seria en sus
rostros.
—Su hijo le dirá la decisión que tomo
después de haber oído todo lo que le dije —le soltó todo eso apenas entramos en
la sala.
—¿Qué fue lo que te dijo, Draco?
—preguntó mi padre.
—Granger, es muggle —les dije.
—Eso no puede ser cierto —gritó mi
madre.
—Claro que sí, señora Malfoy, mis padres
eran muggles, eso quiere decir que yo también lo soy, Hermione era la única con
ese don de la magia.
La miré serio, tenía ganas de lanzarle
un crucio al ver que sonreía.
—Supongo que el trato quedo desecho,
¿verdad, señor Malfoy? Al ser yo muggle, entonces, no me querrá, pero como dije
la única decisión que tomaré en cuenta será la de su hijo.
Mi padre estaba entre confundido,
sorprendido y enojado y mi madre estaba con una expresión que no pude entender.
—¿Cuál es tu decisión, Draco? —me
preguntó mi padre, muy serio.
Miré serio a esa mocosa estúpida, y ella
también me miró y sonrió.
—Acepto casarme con ella —dijo con una
sonrisa y Granger al instante se le borró la sonrisa y se puso pálida.
—¿Estás seguro, Draco? —me preguntó mi
madre.
—Así es, madre, no me importa que sea
muggle —le contesté.
—¡No! —gritó la mini Granger—. Se
suponía que tu respuesta iba a ser que ‘NO’.
—¿Qué pasa, Granger? No te acuerdas que
nos dijiste que jurabas casarte con Draco, si él aceptaba ‘esa parte de ti’ —le
recordó mi padre.
—Sí, yo también lo escuche —dijo mi
madre—, y también dijiste que si Draco aceptaba tú también lo harías.
—Pero…

SIII!!! POR FIN ACTUALIZASTE, PENSE QUE YA HABIAS ABANDONADO TU HISTORIA, PERO QUE BUENO QUE SUBISTE UN NUEVO CAPITULO, GRACIAS, MERODEADORA
ResponderEliminarTE ADORO
estoy de acuerdo con el comentario anterior, yo tambien crei que habias abandonado tu historia... pero hablando del nuevo capitulo, dejame decirte que me fascino, no puedo creer que Draco sea tan necio, y no ver la verdad
ResponderEliminarpor fin actualizaste
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