miércoles, 13 de junio de 2018

Noche de bodas

POV Autora
El carruaje hizo su aterrizaje luego de una media hora, en un lugar inimaginable. A simple vista parecía ser un castillo, pero era un hotel, un hotel muy lujoso.
La puerta del carruaje se abrió del lado de Alex, la chica se disponía a bajar, pero antes de que pusiera un pie en el suelo, vio una mano pálida delante de ella, Alex miró a la persona que se estaba ofreciendo a ayudarla. Era Draco, su esposo. Ni cuenta se había dado de que Draco ya había bajado del carruaje, miró fijamente al rubio, y luego volvió a mirar la mano extendida de este, y la tomó para no parecer maleducada. Es más no debería tratarlo mal, puesto que Draco la había tratado bien, o por lo menos no le había salido con ningún comentario desagradable como tenía costumbre.
Las pertenencias de los nuevos esposos Malfoy levitaron hasta posarse en suelo, el carruaje salió volando nuevamente, pero de eso no se percató Alex.
Puesto que apenas Alex bajo del carruaje, se quedó maravillada con la vista del hotel. Nunca había visto algo tan hermoso, ni en sus mejores sueños.
—Es hermoso —dijo Alex, con ojos brillantes—. En mi mundo nunca he visto algo parecido.
—En tu mundo no existen estas cosas —contestó el rubio con arrogancia.
Alex no le prestó atención, porque seguía admirando el hotel.
Draco solo sonrió ligeramente. Aunque todo eso de pasar su “noche de bodas” en ese hotel, le parecía demasiado para una farsa.
—Vamos —dijo el rubio tomando de la mano de la chica que tenía sobre un brazo la cola del vestido de novia.
Alex miró hacia atrás.
—¿Y el carruaje? —preguntó al solo ver sus cosas en el suelo.
—No creerías que se iba a quedar ahí para siempre —ironizó el rubio, Alex hizo un gesto de molestia—. Vamos —repitió.
—Pero ¿y nuestras cosas? —volvió a preguntar la castaña.
—Aparecerá en nuestra habitación —contestó Draco, arrastrando a Alex hacia el hotel.
¿Acaso dijo nuestra habitación?, pero…, cierto, es nuestra noche de bodas, pensaba con pesar Alex.
Ya dentro del lujo hotel, Alex se quedó más impresionada aún. Si por fuera era hermoso, por dentro no encontraba la palabra perfecta para definirlo.
Era realmente muy lujoso, tenía adornos que parecían hechos de cristal, los muebles parecían ser de una madera muy fina. Y hasta los propios uniformes y las túnicas del personal, parecían ser de una tela muy fina.
—Bienvenidos, y muchas felicidades por su unión, señores Malfoy —dijo el hombre que atendía.
—Gracias —dijo el rubio con una gran sonrisa como si de verdad le emocionara estar casado con la hermana de la heroína de guerra.
En cambio, Alex sonrió quedamente. Aun no se acostumbraba a que la llamaran por el apellido del rubio.
—Si me permite decirlo, señor Malfoy, tiene usted una esposa muy guapa —dijo el hombre que atendía.
Draco frunció el ceño.
—¿Cuál es el número de nuestra habitación? —preguntó Draco, para no seguir hablando de su esposa.
—Habitación 133 —dijo el hombre de sonrisa amable, el rubio tomo una especie de llave, que le entregaba el encargado—, que tengan una bonita noche —dijo con una sonrisa pícara el encargado.
Alex se sonrojó violentamente.
—Lo será —respondió el rubio, volviendo a tomar la mano de Alex.
Caminaron hacia un costado y ahí estaba un ascensor, pero mucho más lujoso y moderno que el del ministerio.
El ascensor hizo una especie de ruidito cuando llegaron al piso indicado. La pareja salió del ascensor y empezaron a caminar hacia la habitación con el número 133 que estaba en doble relieve con oro.
Por fin, pensó Alex.
Ella solo quería quitarse el vestido de novia, la tiara, el velo, y esa absurda ropa interior que la obligaron a usar, y ponerse un cómodo pijama y dormir mucho. Aunque esa tarea seguramente sería imposible teniendo al rubio ahí junto a ella, puesto que primero tendrían que discutir por algo.
Mientras Draco abría la puerta con esa especie de llave.
Y sin previo aviso Draco tomó en brazos a Alex.
—¿Qué haces? —le preguntó la chica a su rubio esposo.
—Cállate —le susurró el rubio, pasando con ella en brazos a la habitación.
Ya dentro de la habitación Draco bajo a la chica.
—¿Por qué hiciste eso? —preguntó Alex, mirando a Draco seria.
Draco rió. Y Alex frunció el ceño.
—Creí que esa tradición muggle te gustaría —contestó el rubio cuando dejo de reír.
—Eso no era necesario, puesto que todo esto no es más que una farsa.
—Que nos queremos, si es una farsa, pero la unión fue verdadera —aclaró Draco—. Y no solo te cargué por esa estúpida tradición muggle, también lo hice porque nos están vigilando.
Alex parpadeó.
—¿Cómo? ¿Nos están vigilando? ¿Quién? —preguntó.
—Kingsley, los periodistas. ¿Qué acaso no te das cuenta? —Alex no contestó—, tu silencio me da entender que no te has dado cuenta, pues escúchame bien, nos están vigilando para cerciorarse de que nuestra boda es verdadera, querían ver si dormimos en habitaciones separadas o en una sola. Parecen unos buitres rondando un muerto.
Alex se estremeció.
—No puedo creerlo —dijo la chica.
—Pues créelo —dijo Draco, caminando hacia el balcón.
Alex miró al rubio, y luego miró la estancia —un escalofrío recorrió su espalda al darse cuenta de ese pequeño detalle— había solo una cama matrimonial. No podía ser, tendría que compartir la cama con el rubio arrogante.
Que estúpida al pensar que podría haber dos camas.
Siguió mirando la cama —que tenía una cubrecama de una fina seda de color crema— como queriendo separarla a la mitad con la mirada.
—¿Qué tanto miras? —le preguntó Draco, al verla como ida.
—Hay una sola cama —contestó Alex, sin darse cuenta.
Draco volvió a reír.
—No me digas que pensaste que iban haber dos camas —se burló.
¡Maldición!, ¿Cómo lo adivino?, pensó la castaña.
—Idiota —murmuró Alex, al ver al rubio con una sonrisa.
Draco no le prestó atención.
—Vas a tener el honor de compartir la cama conmigo —dijo arrogantemente el rubio—, las muggles nunca han tenido ese honor, tú eres la primera, y espero y seas la última.
Alex tenía sus manos hechas puños.
—¿Honor? Preferiría dormir con un perro callejero —contestó Alex.
Draco dejó de sonreír para fruncir el ceño.
—¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera? —siseó.
La chica no sonrió, y Draco se dio cuenta de eso, pero también se dio cuenta de que no quitaba la vista de la cama, y de que cada vez se iba sonrojando más.
Draco sonrió.
—Pero que veo —dijo Draco, acercándose a Alex—, ¿acaso te estas sonrojando? —preguntó fingiendo inocencia.
Alex al verlo ya muy cerca de ella, empezó a retroceder, pero sin darse cuenta iba retrocediendo hacia la cama.
—No, no estoy sonrojada —dijo en un hilo de voz.
—Así, pues yo te veo muy sonrojada, y me pregunto cuál será el motivo —Alex retrocedía y Draco se acercaba más a ella.
—No te me acerques —dijo Alex al ver que ya no tenía más espacio para retroceder.
—¿Por qué no quieres que me acerque? —dijo Draco.
La castaña abrió y cerró la boca, no le salían las palabras por lo nerviosa que estaba al tener al rubio muy cerca de ella.
Draco se aprovechó de su silencio, la tomó de la cintura y le susurró al oído.
—Vamos, responde, ¿por qué no quieres que me acerque? —insistió.
—Suéltame —exigió la chica, pero su voz no sonó como una exigencia, más bien como una súplica.
—No —contestó el rubio. Puesto que se le había ocurrió una fantástica idea para molestar a su esposa.
—Suéltame —repitió Alex.
—Ya te dije que no lo haré —susurró el rubio, en el oído de Alex. Para luego tirarla en la cama, con el cayendo encima de ella.
Alex soltó un gritito por la sorpresa.
—¿Qué haces? —dijo nerviosamente Alex.
Draco no respondió, pero empezó a besar el cuello de la castaña. Alex al sentir los labios del rubio en su cuello dejo de moverse, su respiración se aceleró, pero luego de unos segundos, trato de alejar al rubio de ella, poniendo las manos en el pecho de Draco, para empujarlo.
No lo logró, Draco era mucho más pesado y fuerte que ella.
—¿Qué pasa, mini Granger? ¿Te estás poniendo nerviosa? ¿Acaso yo te pongo nerviosa? ¿O es que me tienes miedo? —volvió a susurrar en el oído de la chica.
—No te tengo miedo —trato de decir lo más claramente posible.
—¿Así? Pues no lo parece —contestó el rubio, ahora acariciando de la cintura a las caderas de la castaña.
Alex se estremeció al sentir las caricias de Draco.
—Te lo digo por última vez, suéltame ahora, o si no…
—¿O si no, qué? —la reto el rubio, con voz arrogante.
—O si no te golpearé, no por nada tome clases de Tai Chuan Do —lo amenazó.
Draco rió. No sabía lo que significaba eso, pero el nombrecito le sonó ridículo.
—Antes de que intentaras si quiera tocarme, yo te lanzaría un Imperius y harías lo que yo quiero con tu consentimiento o sin él.
Alex lo miró con los ojos muy abiertos.
—No te atreverías —susurró.
—No me provoque entonces.
Ambos se quedaron en silencio unos segundos, hasta que Alex habló.
—Quítate de encima.
—Porque lo haría —dijo volviéndola a acariciar—, además quiero tener una noche de bodas autentica —Alex se quedó como petrificada, y mientras Draco ahora besaba los hombros de la chica.
—¡NO! —gritó Alex, tratando de empujarlo.
—¿Qué pasa? Cualquiera diría que eres virgen y que estás aterrada por tu primera vez —dijo Draco, con fingida amabilidad.
—Pues no soy… virgen, pero yo solo me… acuesto… con quien yo… quiero… y yo no te quiero…
Draco rió, y se levantó, dejando a Alex libre para que ella también se levante de la cama.
—En serio me creíste que quería tener una noche de bodas atentica —volvió a reír—, yo no me acuesto con muggles.
—Estúpido —dijo Alex, parándose de la cama, y empujando al rubio al pasar por su lado.
—¿Y ahora por qué estás enojada? —preguntó Draco—, porque te dije que no me acuesto con muggles y te deje con las ganas.
Alex no le contestó nada, caminó hacia donde estaban sus maletas, cogió la pequeña, donde guardaba sus pijamas y se metió al baño, poniendo el seguro a la puerta.
Se apoyó en la puerta y se fue resbalando hasta quedar sentada en el suelo.
—Eres un idiota, estúpido, imbécil y tarado Draco Malfoy —repetía Alex, mientras lágrimas de nerviosismo caían de sus ojos.
Luego de un par de minutos se levantó del piso y camino hacia el espejo. Vio su reflejo, sus ojos estaban rojos por el llanto, y aun llevaba la tiara, y el velo de novia. Se lo quito de inmediato, dejo la tiara en una esquina del extenso lavabo, en cambio el velo lo dejo caer al suelo.
Con mucho esfuerzo logro bajar el cierre del vestido, este se deslizo hasta l suelo, apenas bajo el cierre, se quitó los zapatos, y fue directo a abrir el grifo de la tina, y mientras el agua se iba llenando, Alex iba echando jabón líquido en la tina, por último, se quitó la lencería fina que usaba y se metió en la tina.
Luego de unos minutos dentro de la tina, ya se encontraba más relajada. Cuando salió de la tina envolvió su cuerpo con una de las toallas que encontró en el perchero.
Abrió la maleta que había metido al baño, para buscar su ropa interior y uno de sus pijamas, pero lo que encontró la sorprendió. Sus pijamas que siempre solía usar habían sido reemplazados por camisones cortos y escotados, beibidores transparentes que no dejaban nada a la imaginación. Y encima de un beibidor de color verde esmeralda con negro había una nota, sin firma.

Espero que aprecies este regalo. Te sugiero que tu primera noche con Draco, uses este conjunto, ya sabes, a él le gusta mucho el verde y el negro.

—¿Quién pudo haber cambiado mis pijamas? —se preguntaba Alex.
—Hermione. No, no lo creo.
Hasta que luego recordó las palabras de una pelinegra.
“Espero que te diviertas esta noche”, le había dicho.
Parkinson, voy a matarte —susurró la castaña al ver el beibidor verde y negro que había en su maleta.
Alex no sabía qué hacer, pero era un hecho que no iba a salir con esa corta toalla del baño, pero tampoco quería ponerse uno se esos supuestos “pijamas”.
¿Qué hago? ¿Qué hago?, pensaba.
Miró nuevamente el contenido de su maleta, en el fondo creía que todo eso desaparecería y sus otros pijamas volverían, pero nada sucedió. Entonces armándose de valor, tomo el camisón, y la corta bata para ponerse encima, al menos eso era mejor que los beibidores.
Primero se colocó la rapa interior —que era también muy descarado— y encima se puso el camisón y la bata de color negro.
Pero se tuvo que armar con más valor para salir del baño, guardo la lencería que se había quitado en la maleta y cogió el vestido, el velo y la tiara antes de salir del baño.
Dejó la maleta en el suelo, y el vestido y el velo lo dejo sobre un pequeño sillón, la tiara lo dejo en una cómoda.
Draco la miraba entre sorprendido y divertido.
—¿Pretendes provocarme para que cumpla con mis obligaciones de esposo esta noche? —preguntó el rubio, sin quitar su vista de Alex.
Alex se sonrojó.
—No seas idiota —le dijo—. Yo no tengo la culpa de que hayan cambiado mis pijamas.
—¿Cambiaron tus pijamas? ¿Quién? —preguntó el rubio.
—No lo sé —mintió la castaña.
Fue la cerebro de troll de Parkinson, pensó Alex.
Draco la seguía mirando. Tenía que reconocer que su esposa no estaba mal.
Lástima que es muggle, pensaba el rubio.
—Ya deja de mirarme —dijo Alex, acostándose en la cama rápidamente y cubriéndose con el edredón.
Draco sonrió y se dirigió al baño, para tomar una ducha.
Cuando salió del baño —con su pijama de seda negro ya puesto— se encontró con Alex profundamente dormida. Así que se acostó en el otro lado de la cama. A pesar de todo el alboroto de la boda, no tenía sueño. Solo se dedicó a mirar el techo, y de vez en cuando a la castaña que tenía a su lado.
El rubio nunca imagino estar casado con la hermana de la sabelotodo de Hogwarts, es más ni siquiera sabía que tenía una hermana. Una hermana, que según Draco era mucho más hermosa que la sabelotodo, pero también era más aniñada en ciertos casos, algo que lo sacaba de quicio.
Pero después de esa pequeña broma que le jugó a Alex, solo para divertirse y también vengarse por sus tonterías de niñita —según el rubio— no le deja de rondar en la cabeza una pregunta, ¿mini Granger será aun virgen? Creo que sí, porque se puso muy nerviosa cuando pensó que yo quería tener una noche de bodas autentica.
Pero ahí no encajaba algo, Alex le había dicho días antes de su boda que había tenido muchos amantes, pero si hubiera sido así, no hubiera estado tan nerviosa cuando Draco estaba sobre ella.
Ya lo averiguaría, tenía todo un año para averiguar si lo que le dijo “su esposa” era cierto o no.
Ese fue el último pensamiento de Draco, porque luego el sueño vino a él.

***

Los rayos del sol entraron por el balcón, era una luz tan clara que alumbraba toda la lujosa habitación.
Draco fue el primero en despertar, parpadeó un par de veces para acostumbrarse a la luz. Trato de moverse, pero sintió algo cálido y ligeramente pesado sobre su pecho.
¡Qué demonios!, dijo internamente.
Fijo su vista hacia su pecho, y lo primero que vio fue una espesa cabellera castaña con ondas, uno de los brazos de la chica estaba sobre el estómago del rubio.
Draco trato de moverse para levantarse, pero lo único que consiguió fue que Alex lo abrazara más.
—Mini Granger —dijo Draco moviéndola, pero la chica no despertó.
Draco se quedó mirando un momento a la castaña. Tenía su rostro completamente relajado, hasta le pareció tierna.
Sí, eres hermosa, pero tu infantilismo no lo soporto y tampoco que seas muggle —pensaba Draco— ¿Por qué me abraza? Si a noche no querías ni que me acercara.
Draco nuevamente no pudo evitar quedarse mirando a su esposa sobre su pecho.
¿Pero qué demonios se supone que estoy haciendo?, se reprendió el rubio. Es la hermana de la sabelotodo, y para lo único que me sirve para divertirme.
—¡DESPIERTA, MINI GRANGER! —dijo el rubio hablando unas cuantas octavas más fuertes, y haciendo que la chica que estaba abrazándolo, pegara un salto, pero aun sin soltarlo.
—¿Qué sucede? —preguntó Alex, muy confundida. Aun no se daba cuenta de que abrazaba al rubio.
—¿Qué sucede? —repitió el rubio—, lo que sucede es que no sabía que estuvieras tan desesperada —sonrió con su típica sonrisa arrogante.
—¿Por qué dices…? —la castaña no termino de formular la pregunta, porque se dio cuenta de que abrazaba al rubio. Soltó un gritito a la vez que se alejaba lo más posible del rubio.
Draco se sentó en la cama y cruzo sus brazos sobre su pecho, con una sonrisa socarrona.
—Yo… yo lo… hice… incon-conscientemente —Alex tartamudeó un poco al hablar.
—Y eso me da a conocer tus más bajos deseos, mini Granger, pero abrazarme en medio de la noche tan solo para insinuarme lo quieres, no te resulto. Pero tal vez ahora esté dispuesto a cumplirte tus deseos —Alex estaba cada vez más sonrojada—, tan solo tienes que quitarte toda la ropa y… —Draco pudo tomar la mano de la castaña antes de que esta impactara en su mejilla—, un mal movimiento, ten cuidado no te vayas a lastimar —siseó el rubio, a la vez que aplastaba más la muñeca de Alex.
—Me lastimas —se quejó la castaña.
—Te lo dije una vez, no te atrevas a levantarme la mano, o te irá mal —la amenazó.
—Ya suéltame —exigió Alex, forcejeando.
—Te explicaré como son las cosas de ahora en adelante, si quieres ser tratada como una princesa, entonces harás todo lo que yo te diga y si no…
—¿Y si no qué?
—O si no, que te parece ser encerrada en la mansión Malfoy, vigilada las 24 horas al día.
—¿No te atreverías? Hermione, Ron, Harry y todos los Weasley preguntarían por mí —dijo Alex, muy preocupada de que Draco podría cumplir su promesa.
—No, si invento una buena historia antes —rebatió el rubio.
Alex sintió un escalofrío por su espalda.
—Suéltame —repitió, y esta vez Draco la soltó. Se levantó de la cama y se directo al baño.
Minutos después salió del baño elegantemente vestido con sus típicos trajes negros, y su cabello rubio perfectamente peinado.
Alex seguía en la cama, pensando en lo que le había dicho el rubio.
No, él no se atrevería a encerrarme, sería muy sospechoso, pensaba la castaña.
Draco la miraba a través del espejo.
—¿Qué haces todavía en la cama? —espetó Draco—. Vamos, levántate y alístate, porque debemos ir a desayunar y seguir con nuestra actuación.
Alex se levantó de la cama como una autómata, aun le rondaban las palabras de Malfoy en cabeza. Cogió su otra maleta y se metió al baño, puso el seguro en la puerta —algo completamente absurdo, porque sabía perfectamente que si el rubio quería con un solo hechizo abriría la puerta— y se dio una rápida ducha, cepillo su cabello, se puso su ropa interior, un vestido color crema y por último se calzo unos zapatos de tacón del mismo color del vestido.
—Ya era hora de que salieras —dijo Draco, desde el balcón.
Alex no dijo nada.
—Vamos a desayunar y después de eso nos iremos.
—¿Irnos? ¿A dónde? —preguntó Alex.
—A nuestro viaje de recién casados, a nuestra luna de miel —ironizó el rubio—. Y por favor sonríe un poco, como si hubieras disfrutado tu noche de bodas.
—Cretino —murmuró la castaña.
El rubio la cogió de la mano y antes de salir por la puerta, le dijo:
—Te escuché perfectamente, cariño.

***

En un lugar muy apartado del centro de Londres, había una casa un poco descuidada. Aparentemente abandonada, todos pensarían que nadie viviría ahí, pero no es cierto. En esa vieja casa se oculta uno de los seres más despreciables.
—Señor, señor —se escuchaba una voz ronca.
—¿Qué pasa? —preguntó un hombre alto, corpulento, cabello que le llegaba a ras del cuello, cejas gruesas, con barba y una mirada maligna.
—Mire la noticia de “El Profeta” señor.
El hombre de barba tomo el diario que le entregaba el otro hombre de voz gruesa.
En la primera plana salía la foto en movimiento de Draco y Alexandra sallando su unión con un beso en los labios.
—Malfoy —dijo con rencor el hombre de barba.
Abrió el diario para leer la noticia.

LA GRAN BODA MALFOY - GRANGER

Ayer, exactamente a las 2: 50 de la tarde, el heredero de los Malfoy, ex mortífago, Draco Malfoy desposo a Alexandra Granger, sí, hermana de la heroína de guerra, Hermione Weasley. Fue una boda por todo lo alto, como se esperaba la boda de todo Malfoy.
Asistieron muchos magos y brujas importantes, entre ellos encontramos Pansy Parkinson, Blaise Zabini, Theodore Nott, el ministro de magia, Kingsley, Harry y Ginny Potter, Luna Lovegood, y los invitados que más sorprendieron y nunca pensábamos ver en algún momento en la mansión Malfoy, fueron los Weasley. Sí, toda la familia de pelirrojos estuvo presente en la boda de Draco Malfoy, claro, me imagino que ahora los Weasley y los Malfoy están como emparentados, porque las hermanas Granger se han casado con precisamente con un Weasley, en el caso de Hermione, y Alexandra con un Malfoy, obviamente. Y volviendo al tema de los invitados, también hubo otros invitados que llamaron la atención, se vio por unos momentos a Astoria Greengrass, ex novia de Draco Malfoy, y también a dos chicos muy guapos, pero que no eran nada conocidos en el mundo mágico.
Se preguntarán, ¿quiénes podrían ser estos chicos? Pues nosotros le tenemos la respuesta. Estos dos chicos son amigos de la nueva señora Malfoy, y son muggles, sí, son muggles, al igual que la hermana de la heroína de guerra. ¿Nos les parece esto una broma del destino? Los Malfoy que siempre defendieron la pureza de la sangre, ahora hayan aceptado que su único hijo terminé casado con una muggle. Así sea esta la hermana de Hermione Weasley, no se le quitará lo muggle.
Ahora yo me pregunto, ¿Por qué razón habrá aceptado Draco Malfoy casarse con una muggle? Aunque según las propias palabras de Draco Malfoy, en una pasada entrevista que tuve la oportunidad de hacerle, él dijo que se casaba por amor, lo mismo corroboro su ahora esposa Alexandra, y eso es lo que demuestra las fotografías que le sacamos.
¿Pero será del todo cierto que ellos están muy enamorados? ¿O será toda una farsa? ¿Qué creen ustedes?

El hombre de barba hizo un gesto de asco.
—Que bajo han caído los Malfoy —gruñó—. Me dan asco, casaron al idiota de su hijo con una asquerosa muggle, y solo para conseguir una protección que el ministerio se había negado a darles.
—¿Qué haremos ahora, señor? —preguntó el otro hombre.
—Si los Malfoy piensan que van a detenerme tan solo porque el inútil de su hijo se casó con esa muggle, están muy equivocados, eso solo acrecienta mi sed de venganza —una sonrisa maligna se forma en el rostro del hombre con barba, para que luego esa sonrisa se convirtiera en una risa, risa que fue seguida por el otro hombre.


Mi boda, mi pesadilla (Parte 2)


POV Autora
Una noche antes de la boda en Malfoy Manor…
Ya terminando de cenar los Malfoy, se apreció Astoria Greengrass, vestida provocativamente, llevaba puesto un vestido demasiado entallado de un color verde que combinaba con sus ojos.
—Buenas noches —saludó con una sonrisa sensual en los labios.
—Astoria —dijo el rubio mayor, con esa manera de hablar tan imponente.
—Astoria, querida —saludó Narcisa.
—¿Qué haces aquí Astoria? —fue lo que dijo Draco, puesto que ya se imaginaba a que había venido la castaña.
—Vine a saludarlos, ¿acaso eso tiene algo de malo? —dijo de forma inocente.
Draco sonrió sarcásticamente.
No le creía absolutamente nada.
—Así, que solo has venido a saludar —dijo Draco sarcástico.
Astoria asintió.
—Bueno, pues nosotros nos retiramos. Buenas noches —dijo Lucius Malfoy saliendo del comedor.
—Te quedas en tu casa, querida —dijo Narcisa antes de salir detrás de su esposo.
Astoria volvió a asentir, con una sonrisa falsa.
Ya estando solos el rubio y Astoria, este le reclamó.
—No te creo nada, eso de que solo has venido a saludar. Así que te advierto de que has hecho esta visita en vano porque no pienso cambiar mis planes.
—Pero Draco, por favor recapacita —soltó Astoria.
El rubio hizo una mueca de disgusto.
—Es necesario que lo haga, casándome con mini Granger obtendré la protección que el Ministerio de Magia se negó a darnos.
—Mira, te propongo una cosa, manda al demonio a esa muggle, y mañana cásate conmigo, nosotros veremos cómo hacer parar esas amenazas —dijo estúpidamente Astoria. En verdad se veía muy desesperada—. Además, esa niña no te podrá dar lo que yo te ofrezco ni te hará sentir lo que yo te hago sentir en la cama —Astoria trato de abrazarlo, pero el rubio la cogió de las muñecas separándola de él lo más posible.
—¡Basta, Astoria! —gruñó el rubio—, pareces una mujer vulgar hablando de esa manera, nada que ver con la gran dama de sociedad que aparentas. Además, cuantas veces te lo tengo que repetir, que me caso porque es necesario, no porque mi gusto —la mirada del rubio a cualquiera le causaría terror, y Astoria sintió un escalofrío al ver esa mirada, pero fingió que no le importaba.
—Draco —susurró Astoria—, no te das cuenta de que estarías cometiendo un gran error al querer casarte con esa.
El rubio negó con la cabeza.
—Será mejor que te marches, Astoria. Yo ahora estoy muy ocupado y no puedo atenderte —el rubio habló educadamente, pero sin quitar esa mirada escalofriante.
—Pues no me iré —dijo tercamente Greengrass.
—Pues entonces quédate, pero como te dije, yo tengo muchas cosas que hacer.
Draco empezó a caminar hacia el segundo piso, donde se encontraba sus habitaciones. Astoria se quedó un rato parada, no creía que el rubio la había dejado ahí, no importándole lo que ella le proponía. Pasados unos segundos, la ex Slytherin decidió ir tras Draco.
Ya cerca de la habitación del rubio, Astoria tomo lo tomo del brazo haciendo que se detuviera.
—¿Qué quieres? Creí que ya te habías ido —dijo el rubio.
—No te desaceras tan fácilmente de mí.
—Astoria, no me hagas volver a repetirlo, así que vete —siseó Draco.
—Draco por favor no lo hagas, no me hagas esto —rogaba Astoria, con una voz mucho más alta de lo normal.
—Ya, cállate, me estas cansando —gritó el rubio.
—Por favor no lo hagas, no lo hagas —gritó la castaña.
—Cállate —volvió a hablar Draco, pero esta vez el tono de su voz era siseante—, deja de gritar.
En ese momento Astoria se dio cuenta de que una chica que no conocía los estaba observando. Astoria la miró detenidamente sin que el rubio se dé cuenta, y se percató de que esa chica tenía un parecido con Granger.
Así que esta es la asquerosa muggle con la que Draco piensa casarse, pensó Astoria.
Greengrass miró con verdadero odio a la futura esposa de Draco, luego sonrió y besó al rubio, que lo tomo por sorpresa, Astoria estuvo con los ojos abiertos hasta que vio que la chica regresaba a su habitación.
—¿Qué demonios haces? —Draco la separó con brusquedad de él y la miraba con ojos asesinos.
—Solo se me provoco besarte, porque te pones de ese modo, antes no te molestaba que te besara —habló fingiendo inocencia Greengrass.
—Tú lo has dicho antes, tiempo pasado.
Astoria lo fulminó con la mirada, perdiendo la paciencia.
—Draco te advierto que, si tú sigues con ese absurdo plan de quererte casar con esa asquerosa muggle, antes de que des el “sí”, yo gritaré a los cuatro vientos que tu matrimonio es fal…
El rubio la tomó por los brazos y la sacudió violentamente.
—Tú a mí no me adviertes nada —siseó—, y si se te ocurre decir que me caso solo por conseguir protección, te juro Astoria que me las pagaras, tanto que hasta desearas no haber nacido, ¿me entiendes?
El rubio la miraba con furia.
—¿Me estás amenazando?
—Yo no amenazó, yo actuó, y ya deberías de saber de lo que soy capaz de hacer cuando alguien se atreve a traicionarme —Astoria pareció recordar algo, porque tembló ligeramente. Draco sonrió—. Y ahora, te pregunte, si me entendiste —rugió.
—Sí, te entendí —Astoria habló entre dientes.
—Bien, pues entonces si ya no hay nada más de qué hablar. Adiós, Astoria —el rubio la soltó y continúo con su camino hacia su habitación.
Greengrass se quedó parada en el mismo lugar donde la había dejado Draco, sobándose los brazos.
—Juro que me las pagaras, Draco. Me las pagaras con lo que más te duela. Esto no se quedará así, nadie juega con una Greengrass y se queda tan tranquilo, y tú no serás la excepción —susurró Astoria, mientras le resbalaban lágrimas de rencor.
Luego de eso Astoria se marchó a su mansión.

Al día siguiente…

Desde muy temprano se veía en la mansión Malfoy a los elfos trabajando, viendo que todo esté en completo orden, puesto que dentro de unas horas se celebraría un gran acontecimiento. La boda del único hijo y heredo de la fortuna Malfoy. Draco se casaba con Alexandra Granger —hermana menor de Hermione— para obtener la protección que requiere para su familia, ya que no dejaban de recibir amenazas de los mortífagos que pudieron huir. Aunque claro, todos piensan que él y la hermana de Hermione se casan porque están muy enamorados.
Mientras los elfos seguían en lo suyo. En el despacho de la mansión, se encontraban Lucius Malfoy, Narcisa Malfoy, y un abogado de la familia revisando documentos pertinentes que requerían para que la boda se llevase a cabo satisfactoriamente.
—Muy bien, señor Malfoy, espero que este conforme con la redacción de los documentos —el abogado le entrego los documentos al señor Malfoy.
El rubio empezó a revisar los documentos con detenimiento, mientras leía los documentos el rubio fruncía el ceño.
—¿Qué pasa, querido? —le preguntó Narcissa a su esposo.
Este solo negó con la cabeza.
—¿Sucede algo malo? —preguntó el abogado.
—Es muy necesario que Draco tenga que ir al mundo muggle para encargarse de la herencia y parte de esas empresas muggles de Granger —a Lucius no le parecía esa parte del documento.
—Eh, sí, señor. Ahí mismo está redactado. En el mismo momento en que la señora Weasley, hermana de la señorita Granger firme el documento donde da el permiso para que su hermana que aún es menor de edad se case con su hijo, no solo le cede la custodia de su futura esposa, sino que también su hijo tiene la responsabilidad de encargarse de todos los bienes de la que va a ser su esposa hasta que esta sea mayor de edad —explicó el abogado.
—Eso quiere decir que Draco se hará cargo de la herencia de Alexandra hasta que ella cumpla los 17 años —dijo Narcissa con duda.
—No en este caso. Como la señorita Granger proviene del mundo muggle y ahí la mayoría de edad es al cumplir los 18 años, entonces su hijo se tendrá que hacer cargo de la herencia hasta que su futura esposa cumpla su mayoría de edad.
—¿Y si por algún caso mi hijo termina divorciándose al cumplir un año de casados, él todavía tendrá que hacerse cargo de los asuntos muggles de Granger? —preguntó Lucius.
—No. Si en el caso de ellos se divorciaran, entonces todo pasaría nuevamente a manos de la hermana mayor de la señorita Granger.
—Bien —asintió el rubio—. Entonces todo está bien, no hay nada que corregir en este documento.
—Entonces si todo está en orden, señor Malfoy, yo me retiro tengo otros asuntos que atender —dijo el abogado.
El rubio asintió, mientras el abogado se levantaba de su silla para luego salir del despacho.
—¿Y Draco? —preguntó Lucius a su esposa.
—Me imagino que aún debe de seguir dormido. Todavía es muy temprano Lucius, y la boda se llevará a cabo a las 2 de la tarde.
El rubio volvió asentir.
Winky —llamó Lucius, después de unos minutos.
El elfo apareció en el instante.
—El amo llamo a Winky —el elfo hizo una profunda reverencia.
—Apenas la señora Weasley llegue, la diriges a mi despacho, ¿me estás oyendo, Winky? —habló Lucius, con tono serio, como de costumbre.
El elfo asintió muchas veces.
—Lo que el amo ordene —contestó la criatura.
—Bien, ahora vete —el elfo no tuvo que esperar que le repitieran la orden, porque al instante desapareció.
—Yo iré a ver que todo quede como les indique —dijo la rubia antes del salir del despacho de su esposo.

***

Un par de horas después, una castaña hacia su entrada a la mansión Malfoy, pero apenas cruzo la puerta de mansión, un elfo la intercepto.
—Buenos días, señora Weasley —saludó el elfo haciendo una reverencia ante la castaña.
—Buenos días —saludó ella, educadamente.
—El amo, Lucius, la espera en su despacho, señora.
—¿En su despacho? ¿Para qué? —preguntó.
—No lo sé, señora, el amo solo le dio la orden a Winky, de llevar a la señora Weasley a su despacho.
—Está bien —contestó la castaña un poco dudosa—, llévame con tu amo, entonces.
El elfo empezó a dirigir a Hermione al despacho de Lucius Malfoy, y cuando estuvieron frente al despacho, el elfo toco la puerta.
—Adelante —se escuchó la voz aristocrática del hombre.
La castaña paso, vio al imponente hombre sentado erguidamente detrás de su escritorio.
—Buenos días, Weasley, te esperaba —dijo Lucius.
—Buenos días —respondió el saludo la castaña—. Que necesita.
—Quiero que firmes estos documentos.
Hermione frunció el ceño.
—¿De qué se trata? —preguntó.
Antes de contestar, Lucius le hizo u gestó con la mano a Hermione para que tomara asiento. Y luego de que la castaña estuviera sentada, Lucius contestó:
—No es nada malo, Weasley, es necesario que firmes estos documentos —dijo mostrando la carpeta con los documentos. La castaña lo miró sin comprender—, te recuerdo que tu hermana es menor de edad y tienes que dar tu consentimiento para que ella pueda contraer matrimonio con mi hijo.
La castaña asintió.
—Bien, pero antes tengo que leerlos detenidamente.
El rubio le extendió los documentos y la castaña tomó. Empezó a leer cada clausula, ahí estaba redactado que apenas ella firmara el permiso para que su hermana se pueda casar, la custodia pasaba automáticamente a manos de Draco, al igual que él también tenía que hacerse cargo de la parte de la herencia que le correspondía a su futura esposa. Draco tenía que asistir obligatoriamente a las juntas directivas de las empresas Granger, puesto que él era el representante de Alexandra.
También venia otras cláusulas más, pero no tan importantes como las anteriores.
Hermione levanto la vista del documento y miró al futuro suegro de su hermana.
—Aún me parece muy extraño que mi hermana y su hijo decidieran casarse tan apresuradamente, pero Alex me ha dicho que ella aceptó casarse porque está enamorada y porque Malfoy corresponde a sus sentimientos —Lucius se impactó por lo que le dijo Hermione, pero no lo demostró, puesto que se había dado cuenta de que Granger había engañado a su hermana para poder casarse con Draco—. Espero que su hijo obteniendo la custodia de mi hermana, no intente nad… —no pudo seguir hablando porque Lucius la interrumpió.
—Draco ante todo es un caballero, y si le propuso matrimonio a tu hermana es porque en verdad la quiere —mintió el rubio, siguiendo el juego de su futura nuera—. Y no intentará nada en contra de tu hermana, ya te lo dije, la quiere.
—Espero que eso de que su hijo quiere a Alex sea cierto, y no sea todo una trampa para conseguir la protección que querían.
—¿Piensas que Draco solo se casa para obtener la protección que requerimos? —preguntó el rubio.
—No intentaron lo mismo conmigo —contestó Hermione.
—No sé si te habrás enterado o no, pero aun así tu hubieras accedido a casarte con él, Draco no me dijo muy claramente que no se iba a casar con nadie que él no hubiera elegido —Lucius todo eso lo dijo con una seguridad que casi quedo completamente convencida.
Hermione asintió.
—Bien, ahora pasemos a otro punto, ¿Está completamente seguro de que su hijo podrá manejar una empresa muggle? —preguntó Hermione, con cierta burla, que no pasó desapercibido por Lucius.
—Draco está muy bien instruido para manejar cualquier tipo de empresa, ya sea en el mundo mágico como en el mundo muggle —contestó el rubio seriamente.
—Tendrá que manejar una tecnología que no creo que sepa usarla —contraatacó la castaña.
—No subestimes a mi hijo, Weasley. Draco es muy competente —defendió Lucius a su hijo—. Te podrías llevar una gran sorpresa cuando luego de unos meses tus empresas estén duplicando sus ganancias.
Hermione sonrió.
—Permítame dudarlo —dijo firmemente.
—Puedes pensar lo que quieras Weasley, pero en este momento lo único que te pido es que firmes el permiso.
Hermione miró detenidamente a Lucius.
Acaso está siendo amable conmigo, porque en vez de decir “te ordeno” dijo “te pido”. Que extraño, pensó.
—¿Tiene una pluma? —preguntó luego de unos minutos de estarlo observándolo.
El rubio le alcanzo una pluma, y Hermione dándole otra revisada rápidamente al documento, firmó.
La castaña dio un suspiro y le entrego el documento firmado al rubio.
—Iré a ver a mi hermana —dijo antes de salir del despacho, el rubio solo asintió con la cabeza como respuesta.

***

Tres ligeros golpecitos en la puerta alarmaron a las tres mujeres que se encontraban dentro de esa habitación.
—Adelante —dijo la rubia con poses aristocráticas.
La puerta se abrió y se dejó ver a una castaña, con un vestido largo straples color azul marino, peinada con una trenza espiga al costado.
Un elfo domestico estaba con una bandeja que contenía los restos del desayuno de Alex, hizo una leve reverencia a la recién llegada y desapareció.
—¡Hermione! —exclamó la futura esposa de Draco Malfoy.
—Alex —dijo la castaña, con una sonrisa dibujada en su rostro—, buenos días —saludo al ver ahí a Narcissa y la diseñadora de modas.
—Buenos días, Weasley —saludó la madre de Draco.
—Señora Weasley —dijo la diseñadora de modas con una inclinación de cabeza.
—Quisiera ayudar a mi hermana a preparase —dijo Hermione.
Narcissa miró por unos minutos a Hermione, para luego asentir.
—Bien, iré a revisar que todo esté como lo ordene, luego vendré —dijo Narcissa antes de salir de la habitación.
—Eh, yo también me retiro —dijo la otra mujer—, vendré luego para darle los últimos retoques al vestido —luego salió de la habitación dejando solas a las hermanas Granger.
Alex le sonrió nerviosamente a su hermana.
—Estás hermosa —dijo Hermione viendo a Alex ya maquillada naturalmente y peinada.
El peinado era sencillo, Alex llevaba su larga cabellera suelta, tenía las andas más definidas gracias a unas pociones que le había puesto Danna, y sobre la cabeza tenía una diadema de diamantes y esmeraldas.
—Aunque un poco Slytherin —añadió Hermione al percatarse de la diadema.
—Oh, esto —dijo Alex tocando la tiara—, en realidad no la quería llevar, pero esa rubia es de lo más obstinada, además dijo que combinaba con la decoración y quedaba muy bien con el vestido.
No quería llevar esta estúpida diadema, y me negué, juro que me negué, pero con esa mirada asesina que me dedico la madre del oxigenado, ya no pude seguir negándome y accedí a llevarla, hubiera querido decir Alex.
—Aun no puedo creer que te vayas a casar —Hermione abrazó a su hermana y esta le respondió al abrazo.
Yo tampoco, pensó Alex.
—Oh, a mamá y a papá les hubiera encantado estar en tu boda —murmuró Hermione aun abrazando a Alex.
Alex al recordar a sus padres sintió una tristeza muy grande y unas lágrimas traicioneras salieron de sus ojos.
—Lo siento, lo siento, no quise hacer llorar —se disculpó Hermione.
—No importa —contestó la novia—. Lo bueno es que Danna le aplicó un hechizo al maquillaje, así que haga lo que haga este quedara intacto —trató de bromear Alex, aunque todavía sollozaba.
Hermione sonrió ligeramente.
Apareció un pañuelo y se lo pasó a su hermana, para que se limpiara el resto de las lágrimas.
—Gracias —susurró la chica.
—¿Estás nerviosa? —preguntó Hermione al cabo de unos minutos de silencio.
—Sí —confesó la chica.
—No te preocupes, es normal, yo también estaba muy nerviosa horas antes de mi boda, pero ya vez todo salió bien —le dio ánimos.
En verdad espero que todo salga bien, pensó Alex, pero no le contestó nada a su hermana.
Permaneció callada un buen rato, eso hizo que Hermione se diera cuenta que Alex estaba nerviosa por otro motivo en particular.
—¿Estás nerviosa por tu noche de bodas, cierto? —Alex parpadeó un par de veces, se sonrojó, quiso contestar, pero las palabras no le salían—. Es normal que estés nerviosa por ese motivo —Hermione le sonrió dulcemente.
Hermione la tomó del brazo y la encaminó hasta quedar ambas sentadas al borde de la cama.
Oh, Dios, que no me vaya a decir nada sobre lo que ocurre en la primera noche de casados, porque eso ya lo sé, aunque Malfoy y yo no lo vamos a hacer, por supuesto.
—Te sientes nerviosa y con miedo porque esta noche harás el amor —y tuvo que decirlo, pensó Alex—, es lógico, siendo tu primera vez, yo también estuve igual que tú —Hermione sonrió, recordando—, pero ya verás que los nervios se irán poco a poco, estoy segura de que Malfoy será cuidadoso contigo, aunque…
—¿Aunque? —preguntó Alex luego de varios minutos de silencio.
—Dolerá, puede y te duela mucho.
Vaya, que su fuera a tener una noche de bodas real, eso que me ha dicho Hermione, no me hubiera ayudado mucho, pensaba Alex.
—Eh… —murmuró Alex, no sabía que decir a eso.
—Lo siento, no te estoy ayudando —se disculpó Hermione—. Lo único que te puedo decir es que luego de que pase el dolor lo disfrutaras. Y ahora, porque mejor no me enseñas tu vestido de novia, además creo que ya es hora de que te vistas —dijo mirando el reloj muggle de Alex que estaba sobre el velador.
Alex camino hasta la cómoda donde estaba la enorme caja blanca que contenía el vestido.
—Un poco de ayuda me vendría bien —dijo Alex.
—Déjalo, lo pondré sobre la cama —Hermione saco su varita de su bolso y levito la enorme caja hasta posarlo sobre la cama.
—Gracias —dijo Alex.
Hermione asintió y abrió la caja.
—Oh, Merlín —exclamó la nueva señora Weasley—. Es precioso, pero…
—… muy ostentoso —terminó Alex.
—Sí, es ostentoso, pero te vas a casar con Malfoy, es mejor que te vayas acostumbrando, aunque Alex, tú tampoco has vivido muy mal que digamos —le recordó.
—Sí, pero los Malfoy sí que se pasan —contestó Alex, sin quitar la mirada del vestido.
—Bien, quítate el albornoz para poder ayudarte a ponerte el vestido —la chica se quitó el albornos y dejo a la vista el juego de lencería de encaje inmaculadamente blanco, como el vestido—, linda lencería y portaligas —Hermione sonrió, y Alex se sonrojó.
—Oh, ya basta, no empieces a molestarme —se quejó la menor de las Granger.
—Justicia divina, ¿te acuerdas cuando a mí también me obligaron a llevar uno así en mi boda?
—A mí también me obligaron —susurró Alex.
—¿Dijiste algo? —preguntó Hermione.
—Que ahora te entiendo lo que sentiste —corrigió.
Luego de esa pequeña charla entre hermanas, Hermione ayudo a Alex a vestirse. El vestido era realmente hermoso, era straples, tipo corsé en la parte de atrás y en la parte de abajo era como si encima de la tela estuviera el tul, y el velo era largo, tenía bordados en los contornos e iba enganchado a la tiara.
—Te vez realmente hermosa —alagó Hermione—, casi como un ángel.
Los ángeles no bajan al infierno, quiso decir Alex.
Pero antes de que Alex pudiera contestar algo que le hiciera creer a Hermione que estaba muy emocionada con su boda, escucharon unos golpecitos en la puerta.
—Adelante —dijo Alex.
La puerta se abrió y por ahí paso Danna —la diseñadora de modas— miró con una sonrisa en los labios a la novia.
—Creo que no necesitaron mi ayuda. Esta fabulosa, futura señora Malfoy —Alex sintió un escalofrío al escuchar que la llamaban de ese modo.
—Gracias, pero en realidad me veo bien, porque este vestido es su creación —contestó la chica.
—No sea modesta, el vestido se ve bien por la mujer que lo lleva puesto —Alex se volvió a sonrojar—, le traje el buque —Danna le extendió a Alex el buque con rosas blancas y detalles en verde—, y este juego gargantilla y aretes.
—¿Verde? —dijo Hermione—, si, se nota que te vas a casar con un ex Slytherin.
Danna rió por el comentario de Hermione Weasley, y Alex solo trato de sonreír.

***

Draco estaba vestido con un traje negro —como siempre— pero con la única diferencia era que ahora no usaba una camisa negra, sino que usaba una camisa blanca, él estaba terminando de hacerse el nudo de la corbata pajarita color negro a la vez que refunfuñaba.
—Vaya, Theo, parece que nuestro buen amigo, el “novio”, se levantó de muy mal humor hoy día —se burló Blaise Zabini de su amigo el rubio.
—Estás haciendo méritos para que te lancé un crucio, Zabini —siseó Draco.
—Blaise está haciendo méritos desde hace meses —dijo Theo.
—Nott, no me ayudes tanto —dijo con sarcasmo el moreno.
Draco camino hacia la ventana y su expresión se tornó mucho más seria al ver la cantidad de invitados.
—Maldita sea, creía que no serían tantos invitados —murmuró.
—Pues si hubiera participado en los preparativos, hubieras podido evitar a tantos invitados —contestó Theo.
—Y el primero en llegar fue el Ministro, creo que se quería cerciorar de que sea cierto lo de tu boda, Dragón —dijo Blaise.
—Kingsley, no es más que un idiota —murmuró el rubio.
—Ya, Draco deja el mal humor, yo que tú estaría muy feliz…
—¿Feliz? —lo cortó el rubio—, Blaise, tú piensas que debería estar feliz con toda esta estúpida actuación, donde yo finjo estar profundamente enamorado de una muggle.
—La boda será real, lo único falso será los sentimientos de ambos —dijo Theo, recalcando que ni el rubio ni Alex estaban enamorados.
Draco les dirigió una mirada asesina al castaño y al moreno.
—Aun yo sigo creyendo que deberías estar feliz —volvió a decir Blaise—, no todos tienen la suerte de casarse con una chica hermosa y joven como la hermana de Granger. Además, te podrías divertir mucho con ella esta noche —dijo pícaramente.
—¡Blaise! —lo regañó Theo—, así no se habla de las damas.
Draco aún estaba serio, pero al pensar en tener que tratar más íntimamente a la mocosa le causo gracia, pero más gracia le causo al escuchar a Theo decirle “dama” a la mini Granger.
Sí, claro, esa mocosa es una dama, se dijo con sarcasmo.
Y sin que Blaise y Theo lo esperaran Draco rió.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Theo.
—Nada, nada —murmuró el rubio dejando de reír.
El castaño no quedo muy convencido, pero lo dejo pasar.
—Creo que ya es hora de que bajes, Draco, ya casi son las dos, y la costumbre es que el novio esté antes —dijo Blaise, mirando su reloj de muñeca, el rubio asintió—. Y Theo también creo que es hora de que separes a Lovegood del matrimonio Potter, recuerda que tres son multitud —el moreno sonrió.
—Imbécil —le dijo Nott, y el moreno sonrió como si le hubieran dicho un alago.
Draco cogió su capa de gala y salió de su habitación seguido de sus dos amigos.

***

Mientras en la habitación de la novia. Danna se asomó por la ventana.
—Creo que el novio ya la está esperando, señorita Granger.
Alex asintió.
—¿Y quién me entregara? ¿Ron o Harry? —preguntó la chica a su hermana mayor.
—Ron, por supuesto —dijo la castaña con una sonrisa en los labios.
—¿Y dónde está él? —preguntó Alex, después de que se asomara por la ventana y no lo viera por ningún lado.
—Oh, él está dentro de unos minutos, me dijo que tenía que hacer algo.
—Está bien —susurró la novia.
—Iré abajo —dijo Danna—, les avisare cuando deben bajar.
Ya habían pasado como unos quince minutos y Hermione veía su hermana parada junto a la ventana mirando a la nada, no se había movido de ese lugar desde que Danna se había retirado.
—Alex —Hermione llamó a su hermana. Esta volteó y la miró.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—Eso es lo que yo pregunto, ¿Qué pasa? —dijo Hermione.
—Nada. Es solo que…
—Te arrepientes —dedujo Hermione.
—No, no me arrepiento —se apresuró a contestar Alex—, es solo que no crees que Draco se ve muy guapo —sonrió.
Hermione la miró extrañada, pero aun así se acercó a la ventana y ahí diviso al rubio, y la castaña tuvo que reconocer muy a su pesar que era cierto lo que su hermana había dicho, claro que el rubio siempre se había visto bien lo único malo en él era ese mal carácter, y su arrogancia.
Pero de lo que no se percató Hermione fue que, a través de esa sonrisa de Alex, se ocultaba tristeza una tristeza que lo reflejaba sus ojos marrones.
Se volvió a escuchar unos golpecitos en la puerta.
—Pase —ahora fue Hermione la que dio la autorización de que entrara.
Danna se asomó por la puerta y habló:
—Señorita Granger, ya es hora de que baje. El señor Weasley la está esperando en la entrada.
Luego de que Danna diera el mensaje se retiró.
Alex respiró profundo, y empezó a caminar seguida de su hermana.
—Llego el momento —la escucho murmurar Alex.
Cuando amabas mujeres ya habían bajado, se encontraron en la entrada con el pelirrojo.
—Hola, amor —saludaron al unisonó Hermione y Ron, para luego besarse.
Alex sonrió al ver lo enamorados que estaban su hermana y el pelirrojo.
—Hola, Alex —saludó Ron después de separarse de Hermione.
—Hola, Ron —saludó la futura esposa de Draco Malfoy.
—Estás realmente hermosa, aunque un poco Slyhterin —dijo poniendo mala cara.
—Lo mismo le dije yo —comentó Hermione.
Alex rodó los ojos, no le importaba si se veía muy Slytherin, muy Gryffindor o muy muggle, lo único que quería realmente era que todo eso de la boda terminara lo más rápido posible.
—Creo que ya es hora de que la lleves a Alex al altar, Ron —dijo la castaña—. Mientras yo me voy adelantando a mi lugar.
Ron le ofreció su brazo y Alex lo cogió; apenas aparecieron en el jardín una melodía de fondo se empezó a escuchar por toda la estancia. Alex no sabía de dónde venía la melodía, puesto que no veía ningún equipo de sonido o a algunas personas tocando.
Mientras caminaban hacia el altar, Alex se pudo dar cuenta de que había muchos magos y brujas que obviamente no conocía, pero que la miraban de arriba abajo, algunos la miraban con recelo, otras con curiosidad, también estaba los periodistas del diario “El Profeta” —claro, no podía faltar los reporteros que no dejaban de tomarle fotos— la chica estaba nerviosa con tantas miradas sobre ella, y eso se notaba pues cada vez apretaban el brazo de Ron con más fuerza.
—Sabes que eres la novia más joven que conozco —comentó Ron, tratando de relajar a la chica.
—Te creo —susurró Alex, y sonrió ligeramente.
Cuanto más se acercaban al altar Alex pudo ver al Ministro de Magia y a algunos que trabajaban en el Ministerio, también pudo ver a los Weasley —ver a los Weasley en la mansión Malfoy, antes hubiera sido muy raro, pero dado las circunstancias, y puesto que la familia de pelirrojos ahora también era familia con las Granger, su presencia no podía faltar—, pero Alex se sintió morir cuando vio a Percy —su gran amor— tomado de la mano de una chica pelinegra y de ojos celestes —Audrey Razick, la prometida de Percy—, aparto la mirada de la pareja y miró hacia adelante, donde podía ver al rubio elegantemente vestido.
El camino se le hacía eterno, no tenía cuando llegar, así que miró hacia el lado izquierdo donde estaban los padres del rubio, luego dirigió su mirada al lado derecho, ahí se encontraba el nuevo matrimonio Potter, Alex les sonrió ligeramente cuando sus miradas chocaron, vio a su hermana sentada junto a Luna Lovegood, y junto a ella estaba Theo Nott, Blaise Zabini —que no dejaba de sonreír— Pansy Parkinson —la pelinegra la miraba como si le supiera algún secreto— eso sorprendió a la novia. Pero que realmente la sorprendió —y mucho— fue ver a sus mejores amigos junto a George y Angelina. Parpadeó un par de veces, pensando que estaba desvariando, pero era verdad, Ben y Drake estaban ahí. Eso definitivamente levanto los ánimos a Alex.
Todavía estaba sorprendida de ver a sus amigos allí, puesto que ellos prácticamente se habían negado a ser partícipe de esa falsa, según las palabras de Ben.
Despertó de su ensoñación cuando sintió a Ron parar, ella también paro, y tal fue su sorpresa al encontrarse frente a frente con su futuro esposo. Sus orbes grises no la dejaban de mirar y eso la incomodaba mucho.
Ron la dejo junto al rubio, pero antes miró seriamente a Malfoy, luego sonrió a su cuñada y se fue asentar junto a Hermione.
El hombre del ministerio —era un hombre como de unos cincuenta años— que iba a casarlos miró a la pareja fijamente, como queriendo encontrar algún indicio de falsedad en ellos, pero no encontró nada, puesto que Draco Malfoy era un excelente actor, y había puesto en su rostro una sonrisa como si de verdad estuviera anhelando el momento en que los declare marido y mujer, y en el caso de Alex, ella estaba nerviosa, pero eso era normal en una novia.
Alex no le tomo atención al encargado de oficiar su boda cuando empezó a hablar, ella estaba pensando en su nueva vida, en su nueva vida en la que tendría que convivir con Malfoy durante un año completo, también pensaba en Percy, y en lo maravilloso que sería que el pelirrojo tomara el lugar de Malfoy, ese sería su sueño hecho realidad.
Pero eso no pasaría, se dijo.
Alex salió de sus pensamientos cuando escucho la voz del hombre —del cual no había escuchado su nombre, en cuando se presentó— decir:
—Bien, por favor tómense de las manos —pidió.
Alex no reacciono rápido, así que fue Malfoy quien la cogió de la mano. El rubio sintió la mano de la chica helada, demasiado helada.
Acaso estará nerviosa, o es que ya se arrepintió, pensaba el rubio.
Giró un poco su rostro para mirar a la chica. Y sus ojos grises se juntaron con los ojos marrones de Alex, Alex al ver los ojos del rubio se sonrojó y aparto la mirada.
El hombre del ministerio, apareció una cinta blanca, casi resplandeciente, que se envolvió alrededor de las manos de los novios, Alex miró sorprendida ese hecho, puesto que las bodas muggles no eran así, en cambio Draco maldecía internamente, porque eso de unir sus manos con esa cinta ya no se usa —eso lo hacían antiguamente, según había leído en los libros, pero no recordaba bien lo que significaba, con todo eso de las amenazas, no se podía dar el lujo de recordar todo lo que había leído—, y seguramente todo eso había sido idea de Kingsley.
—Es momento de que digan sus votos —dijo el hombre que los estaba casando.
—Yo, Draco Lucius Malfoy Black —empezó el rubio—, te tomó a ti, Alexandra Megan Granger Burke, como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida —el rubio tomo la alianza y la deslizo en el dedo anular de Alex.
La alianza de Alex era de oro, pero al medio tenía una línea de pequeños diamantes.
Alex miró al rubio.
Mentiroso, mentiroso, como puede parecer tan sincero al hablar, no es más que un vil mentiroso, aunque yo también mentiré, decía internamente Alex.
—Yo, Alexandra Megan Granger Burker, te tomó a ti, Draco —¿Cuál era su segundo nombre?, oh, vamos Alex, piensa, piensa, se decía, luego de unos segundos suspiró con alivio porque recordó el segundo nombre del rubio—, Lucius Malfoy Black, como —como mi terrible, horrible, narcisista, egocéntrico esposo, le hubiera gustado decir—, esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida —Alex tomo la alianza restante y la deslizo por el dedo del rubio.
La alianza del rubio era también de oro, pero no tenía diamantes y era más gruesa que la de Alex.
Luego el hombre que los estaba casando empezó a hablar:
—Draco Malfoy, Alexandra Granger, con el poder que me da el ministerio de Londres, yo los ato a una vida llena de amor, fidelidad, prosperidad toda la vida, y con este hechizo yo los declaró marido y mujer —y mientras el mago hablaba nadie se percató de la presencia de Astoria Greengrass entrando a la estancia—. Levanto su varita y la cinta que estaba suelta en sus muñecas, se empezó a ajustar hasta hacerse un lazo alrededor de ellos, Draco y Alex miraban fijamente que la cinta cada vez brillaba más.
Luego ambos sintieron que algo les recorría el brazo, era la magia de la unión, Alex estaba más que sorprendida con todo eso, esperaba que ese hechizo no ocultara nada importante.
La cinta brillaba cada vez más y más; y cada vez se hacía más ajustada para Draco y Alex, pero luego poco a poco la cinta se fue aflojando, hasta que la cinta desapareció.
Ambos miraban sus manos, y muy lentamente se fueron soltando las manos. Alex sentía la mirada profunda de Draco sobre ella, pero ella no levanto la mirada, se sentía incomoda, y más aun sabiendo lo que tendría que hacer, aceptar ser besada por el rubio, y lo peor, dejarse besar delante de todos los invitados, eso no le ayudaba en mucho a su situación.
Vamos, se valiente, Alex, tú misma decidiste llegar hasta este punto, se decía internamente para darse valor.
Draco poso una mano en la cintura de su esposa, atrayéndole a él, y la otra mano la poso en su nuca, para luego besar los labios de la chica, Alex se quedó estática, todavía estaba nerviosa, así que lo único que hizo fue seguirle el beso al rubio, para que todos piensen que se amaban.
El beso duro un par de segundos más, segundos que le parecieron una eternidad a Alex. El rubio dejo de besarla, pero no la separo de él ni un milímetro.
Los novios escucharon los aplausos de los invitados, voltearon a verlos. Alex estaba sonrojada y el rubio tenía una sonrisa ladeada en su pálido rostro.
Luego de los aplausos, empezaron las felicitaciones.
Muchas brujas y magos se acercaron a felicitar a los novios, Alex se pudo dar cuenta que esas personas la felicitaban con hipocresía, ella sabía que esas brujas y magos sangre pura no aceptaban del todo a los hijos de muggles y mucho menos a los muggles, pero decidió no darle importancia tenía otras cosas más importantes en que pensar.
Los Weasley también se acercaron a felicitar a los novios, Molly como siempre tan maternal le dio un abrazo fuerte, y le dijo que si tenía algún problema siempre podía contar con ella, Alex le sonrió como respuesta, George se acercó a ella para felicitarla, pero al momento de abrazarla le susurró al oído:
—Espero que puedas domesticar a la serpiente, aunque claro, tal vez esta noche lo logres —a Alex se le subieron los colores al rostro al escuchar tal comentario, y miró para todos lados verificando que nadie más haya escuchado. George le guiñó un ojo con picardía y luego se rió de ella al verla sonroja. A la chica le hubiera gustado aclararle que nada iba a ocurrir esa noche y ninguna otra, pero no debía, puesto que, según todos, Malfoy y ella se casaban profundamente enamorados.
Percy Weasley fue el siguiente en felicitarla por su unión.
—Alex —dijo el pelirrojo—, espero que seas feliz, y deseo con todo mi corazón que no hayas cometido un error al casarte con Malfoy.
Draco logró escuchar lo que dijo Percy, pero no se molestó en decir nada, solo le dedicó una mirada de desdén.
—Seré muy feliz, Percy —afirmó Alex, observando con tristeza que detrás de Percy se encontraba la chica pelinegra de ojos celestes.
—Por supuesto que seremos felices, Weasley —confirmó el rubio pasando un brazo por la cintura de Alex, esta lo miró de soslayo y el rubio le sonrió con arrogancia.
—Así lo espero —dijo Percy, con un tono un poco amenazador.
—Percy, ¿sucede algo? —preguntó su acompañante, con el típico acento americano.
—Nada, cariño. Acércate querías conocer a los novios, te los presentaré —la chica estadounidense se puso a un costado del pelirrojo—. Él es Draco Malfoy y ella es la hermana de Hermione, la esposa de Ron, Alex Grang…
—Es Malfoy ahora, Weasley —le corrigió el rubio.
Alex notaba la tensión entre los dos hombres.
—Bien, ella es Alex Malfoy —Percy dijo el apellido con un poco de resentimiento—. Y ella es Audrey Razick, mi prometida —presentó.
—Mucho gusto en conocerlos, y también muchas felicidades por su unión —dijo la prometida de Percy.
—El gusto es nuestro, señorita Razick —contestó el rubio caballerosamente.
A Alex le tomo un par de segundos hablar, estaba impresionada e ida.
—Mucho gusto —susurró, le había chocado escuchar que Percy la presentara como su prometida, pero como no iba a serlo, si al fin y al cabo eso era.
—¿Qué te pasa? —le preguntó el rubio a la castaña.
—Nada —contestó Alex.
Draco iba a contradecirla, pero justo en ese momento se dio cuenta de la presencia de alguien inesperado y desagradable para él.
—¿Qué haces aquí? —siseó el rubio, Alex al escuchar ese tono de voz de su ahora esposo, dirigió su mirada al frente. Y ahí muy cerca de ellos se encontraba Astoria Greengrass, con un vestido negro súper entallado.
Alex la reconoció como la mujer que besaba a Malfoy la noche anterior.
—Hola, Draco… no me presentaras a tu esposa —dijo con sarcasmo, y una sonrisa burlona se formó en sus rojos labios.
—Claro —el rubio sonrió con malicia—, Astoria, te presento a mi esposa, Alexandra Malfoy —la menor de las Greengrass puso mala cara—, cariño, ella es Astoria Greengrass una amiga de Hogwarts.
—Mucho gus…
—No te esfuerces en decir algo que no sientes —la cortó Greengrass—, puesto que a mí tampoco me agrada conocerte. Yo lo sé todo, sé que Draco solo se casó contigo para conseguir protección porque de otra manera Draco nunca se hubiera casado con una asquerosa muggle como tú —mientras hablaba Astoria le dedicaba una mirada de asco a Alex.
—¡Cállate! —siseó el rubio.
Astoria sonrió con triunfo.
—Temes que el ministro me escuché y se enteré de toda esta farsa, ¿verdad, amorcito?
—No me llames amorcito y lárgate de aquí ahora mismo si no quieres que te mande a sacar —la amenazo el rubio.
Sí, temes que Kingsley se enteré de toda esta farsa, pero que pasaría si antes de irme grito a los cuatro vientos toda la verdad.
—No me provoques, Astoria, no me provoques, mira que tú sabes perfectamente de lo que soy capaz —la volvió a amenazar el rubio.
Astoria sonrió, se dio media vuelta y empezó a caminar hacia la salida.
Después de que Astoria se fuera siguieron felicitándolos los amigos de Draco, Theo, Blaise y Pansy —esta última le dijo: “lástima que no te hayas casado con el hombre que amas”, para luego mirarla a Alex y luego dirigir una mirada a Percy, claro que Alex no se dio cuenta de la mirada de Pansy, y tampoco entendió muy bien a que se refería con eso que le dijo— Luna Lovegood también se acercó a los novios a felicitarlos —la rubia le les dijo que se veían muy enamorados y que esperaba que pronto tuvieran muchos hijos, Draco y Alex se quedaron desconcertados por el comentario de la rubia, pero decidieron no hacerle caso, puesto que Luna siempre tenía la costumbre de hacer esos tipos de comentarios tan extraños—. El ministro también se acercó a ellos y los felicito, y les dijo que quería hablar con ellos, claro después de que regresen de su luna de miel, ambos asintieron, los últimos en felicitarlos fueron Hermione, Ron, Ginny, Harry —este último al igual que Percy le deseo que fuera feliz y esperaba a la larga que no haya cometido un error al casarse tan apresuradamente—, y sus amigos, Ben y Drake.
Draco cuando vio que se acercaban los chicos, decidió darles un poco de privacidad, mientras él se iba junto a sus padres.
—Me alegra mucho que hayan decidido venir, pero ¿quién los trajo? —les preguntó Alex con sinceridad a sus amigos a la vez que los abrazaba.
—Nos trajo Ron —Alex se sentía muy agradecida con su cuñado por haber traído a sus mejores amigos—, pero solo decidimos venir por ti, porque eres nuestra amiga, y no podíamos dejarte sola en este día tan complicado —dijo Drake.
—Aunque no estamos de acuerdo con todo este asunto de la boda, ese rubio no me da confianza —dijo Ben.
—Ya verán que un año se pasa rapidísimo y con todo esto de las clases en la universidad no lo voy a ver muy seguido —susurró Alex, solo para que la escucharan sus más fieles amigos.

***

La fiesta dio inicio luego de las felicitaciones. El primer baile de los recién casados dio comienzo a que las demás parejas también empezaran a deslizarse por la pista de baile, y las fotos también no dejaban de tomarse a los novios y a los invitados. Los nuevos esposos ya estaban cansados de tantos flashes. Así que se encaminaron hacia su mesa.
Ya sentados Alex seguía sintiendo la mirada del rubio sobre ella, en realidad no había dejado de mirarla desde que Ron la entrego a él, la castaña solo esperaba que no le saliera con uno de sus comentarios sarcásticos.
Y para que Malfoy quitara la vista de ella, decidió preguntarle lo primero que se le vino a la mente.
—Malfoy —llamó.
—¿Qué? —contestó el rubio, pero aun sin quitarle los ojos de encima.
Alex hizo un gesto de incomodidad.
—¿Diferencias los 45 tonos de blanco? —preguntó.
—¿Cómo? —exclamó el rubio sin comprender.
—¿Qué si diferencias los 45 tonos de blanco en la decoración? —aclaró.
El rubio quitó su mirada de la castaña para dirigirla a toda la decoración.
—No —respondió luego de unos segundos—, porque me lo preguntas.
Por primera vez en lo que va del día Alex le dirigió una mirada.
—Tu madre si los diferencia —contestó con una sonrisita de burla.
—¿Quiénes son esos individuos? —preguntó el rubio a su esposa después de unos momentos de silencio.
Alex frunció el ceño.
—Esos “individuos” como tú los llamas son…
Alex se vio interrumpida por unas voces.
—¿Quiénes son esos chicos que están hablando con Potter y su esposa? —y una de esas voces sin duda era de Blaise Zabini. Las demás voces eran de Theo y Pansy.
—Eso mismo me preguntaba yo, nunca los había visto —comentó la pelinegra.
—Son mis mejores amigos, los conozco desde que prácticamente era una bebé —fue la respuesta de una Alex un poco enojada.
—¿Eso quiere decir que son muggles? —preguntó Zabini.
—Por supuesto, que parte de que son los mejores amigos de Alex no comprendiste —confirmó Theo.
El rubio solo miraba a su esposa interrogante.
—¿Quién los trajo? —preguntó el rubio.
—Ron, es más ahora voy con ellos, no voy a dejarlos solos —contestó Alex dando por finalizada esa pequeña y amena charla (sarcasmo)—. Pero antes, toma Parkinson —dijo Alex dándole el bouquet a la pelinegra.
Pansy la miró sorprendida.
—¿Por qué? —preguntó.
—Es una costumbre muggle que la novia lance el bouquet a un grupo de solteras, para así que la chica que coja el bouquet significa que será la próxima en casarse —explicó.
—Aun no entiendo porque me lo das —volvió a hablar Pansy—. ¿Por qué no se lo das a otra?
—¿A quién? Te recuerdo que mi hermana y Ginny ya están casadas.
—¿Y Lovegood? —dijo Pansy, a la vez que ella y Blaise se miraban con complicidad para luego mirar a su amigo castaño.
—No creo que a Luna le guste algo tan Slytherin —contestó Alex, y su rubio esposo sonrió de lado mirando a su amiga—, así que este bouquet es más compatible contigo —volvió a extenderle el bouquet, y esta vez la pelinegra lo tomo.
—Gracias —susurró, sin poder creer que ella Pansy Parkinson haya agradecido por algo a la hermana de la sabelotodo de Hogwarts.
Alex asintió y se empezó a dirigir hacia donde estaban sus amigos hablando con Harry y Ginny, sin percatarse de que unos ojos grises la seguían durante todo el trayecto hacia Potter y compañía.
—Iré con Luna —anunció Theo sin esperar la respuesta de sus amigos, y empezó a caminar hacia la rubia chica.

***

Ya era de noche y algunos invitados ya se habían retirado, Alex suspiro más relajada al ver que la mansión prácticamente se quedaba vacía nuevamente, porque así ya nadie la miraría a cada paso que daba.
—Ya es hora de irnos —le susurró el rubio al oído. Esto causo que Alex se asustara y trastabillara al tratar de retroceder. Pero Draco fue mucho más rápido y la cogió de la cintura evitando que cayera—. Ten cuidado.
—Entonces no me andes asustando de esa manera —reclamó la castaña—. Pero ¿irnos, adónde? —preguntó.
—A nuestra “luna de miel” —contestó burlonamente el rubio—, debemos seguir con la actuación para que nadie sospeche.
Alex asintió con pesar.
—Bien, pero ¿luna de miel, dijiste? Yo creo que será luna de hiel —corrigió la castaña.
Draco sonrió ampliamente, como si estuviera tramando algo, y eso a Alex no le gustó nada.
—Vamos —la urgió el rubio.
—Espera, debo ir por mis maletas y también debo cambiarme este vestido —dijo Alex.
—No hay tiempo, además nuestras cosas ya están en el carruaje —dijo el rubio, tomándola de un brazo y dirigiéndose hacia la parte inferior del jardín.
—¿Carruaje? —preguntó la castaña, pero Draco no le respondió y siguió jalándola.
Antes de subir al carruaje, Alex se despido los Potter, Luna, Ben, Drake —estos dos solo le dedicaron una mirada de optimismo y una sonrisa sincera, la cual ella correspondió— Ron y de su hermana.
—Ya sabes, Alex, tan solo tienes que relajarte —aconsejó, y a Alex se le subieron los colores al rostro al darse cuenta de lo que se refería Hermione.
Alex solamente asintió, aun sonrojada.
La que también se acercó a Alex fue Pansy Parkinson, con el bouquet en la mano derecha.
—Espero que te diviertas esta noche —sonrió la pelinegra, pero Alex se dio cuenta del doble sentido de sus palabras, pero no entendía porque le dijo eso, puesto que Parkinson sabía que todo era una farsa, y que nada iba a ocurrir esa noche.
No le dio tiempo de responder, porque Malfoy la volvió a tomar del brazo y ahora sí se dirigieron hacia el carruaje.
Alex miró sorprendida el carruaje, nunca había visto uno, el carruaje era de un blanco brilloso y los caballos que lo conducían eran completamente blancos y tenían alas, esos caballos le gustaron mucho a la chica, puesto que nunca había visto animales más hermosos.
Sonrió como una niña chiquita al conseguir lo que quiere. Pero no tuvo mucho tiempo de admirarlos, porque Malfoy la urgió a subir.
Ya acomodados dentro del carruaje, el coche empezó a descender por los aires, Alex se sorprendió un poco, pero luego se acostumbró, puesto que viajar en ese carruaje era mejor que viajar en avión. Pasados unos minutos ambos seguían callados, Malfoy tenía la vista al frente como si ahí se encontrara lo más hermoso del mundo, mientras que Alex se dedicaba a mirar su mano izquierda, donde descansaba el anillo de compromiso en forma de serpiente —y que no se iba a despegar de su dedo hasta que se hayan divorciado— y el aro que confirmaba su unión con el rubio arrogante.
Ya estoy casada con Malfoy, y ya todo acabo, o mejor dicho todo empezó, se decía Alex internamente.